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Bob Beamon: el atleta que rompió los métodos de medición con un salto inolvidable

En el mundo del deporte pueden hacer historia los campeones múltiples con prolíficas cosechas de medallas pero también es posible hacerlo con una sola actuación excepcional, como fue el caso del estadounidense Bob Beamon, quien en México 1968 realizó un salto mágico con un récord que sigue vigente en los Juegos Olímpicos y que a nivel mundial se mantuvo invicto durante 23 años.

La proeza de Beamon fue tan imprevista que las autoridades deportivas se las vieron en figurillas para medir la enormidad de lo que había saltado el atleta: finalmente, se confirmó que había llegado a 8,90 metros, una marca que pulverizaba el récord que estaba vigente.

Nunca más en los Juegos Olímpicos se llegó a semejante longitud en un salto, y se tuvo que esperar hasta 1991 para que Mike Powell superara en cinco centímetros lo conseguido por Bob Beamon en el Distrito Federal mexicano: en el Mundial de Japón alcanzó los 8,95 metros, mientras que un monstruo como Carl Lewis, ganador de cuatro medallas de oro en la especialidad, sólo pudo llegar a 8,87.

En las cinco ediciones de los Juegos Olímpicos disputadas desde 2000 en adelante, el salto máximo para un ganador de la medalla de oro llegó a 8,59 metros, los alcanzados por el estadounidense Dwight Phillips en Atenas 2004.

La carrera de Bob Beamon hacia el salto histórico en 1968. (AP)

La carrera de Bob Beamon hacia el salto histórico en 1968. (AP)

Desde entonces, el panameño Irving Saladino obtuvo la dorada con 8,34 metros en Beijing 2008; el británico Greg Rutherford llegó a 8,31 en Londres 2012, y el estadounidense Jeffrey Henderson fue campeón olímpico gracias a su salto de 8,38.

El salto mágico de Bob Beamon

Nacido en el 24 de agosto de 1946 en South Jamaica, un humilde vecindario de Nueva York, Beamon se crió en una familia desarticulada, puesto que nunca conoció a su padre biológico y su madre murió durante la infancia de Bob; creció junto a su padrastro, quien tenía problemas con la bebida y terminó en la cárcel.

El propio Beamon tuvo problemas judiciales a una temprana edad tras pertenecer a una pandilla, pero pudo ser redirigido. En el instituto, el futuro atleta fue descubierto por Larry Ellis, un prestigioso entrenador, y pronto comenzó a despuntar, ya que consiguió el récord nacional de triple salto y fue segundo en salto de longitud, ambas proezas todavía en ‘high school’.

Tras un breve paso por una universidad de Carolina del Norte, Beamon consiguió una beca como atleta en la Universidad de Texas. Ahí, además, jugó al baloncesto, deporte en el que también destacaba gracias a su altura de 1,91.

Incluso, un año después de su hito olímpico, iba a ser seleccionado por los Phoenix Suns en el Draft de la NBA de 1969, aunque nunca llegó a debutar en la liga.

Bob Beamon saltó más lejos que nadie y logró una marca histórica.

Bob Beamon saltó más lejos que nadie y logró una marca histórica.

Beamon se presentó en los Juegos Olímpicos de México 1968, su primera prueba de verdadero nivel, como una rara avis en el salto en largo. A sus 22 años, el norteamericano destacaba por su altura, pero también por su poco peso (70 kilos por aquel entonces) y su escasa definición de la musculatura. Bob nunca hizo pesas, únicamente trabajaba la velocidad previa al salto.

En la clasificación, el joven saltador a punto estuvo de ser eliminado. Tras dos saltos nulos, Beamon quiso asegurar, dejando casi un metro de distancia con la tabla… y aun así saltó 8,19 metros.

El récord mundial por aquel entonces era de 8,35 metros, compartido por el estadounidense Ralph Boston -quien entrenaba de manera no oficial a Beamon- y el soviético Igor Ter-Ovanesyan.

Eran tiempos en los que no existía aún la especulación comercial de romper marcas por escaso margen para permitir más eventos con la espectacularidad de un récord y, por ende, más rédito económico.

El 18 de octubre de 1968, varios factores se juntaron para propiciar una gran marca en salto en largo. La altitud de Ciudad de México (2.250 metros) se veía acompañada por un viento de cara de 2,0 metros por segundo, el máximo permitido para que un intento sea legal.

Mike Powell superó el récord mundial de Beamon en 1991. Y desde entonces se mantiene imbatido.

Mike Powell superó el récord mundial de Beamon en 1991. Y desde entonces se mantiene imbatido.

Le bastó un salto, el primero, para entrar en la historia del deporte. Seis segundos es lo que tardó en proclamarse leyenda del atletismo. Necesitó 19 pasos, corrió 44 metros, su salto duró menos de un segundo, y dejó una marca de otro planeta: 8,90 metros.

El registro histórico tardó en hacerse oficial, ya que las máquinas para medir los saltos no estaban preparadas para mensurar tanta distancia. Los jueces tuvieron que calcular a mano, y tardaron 20 minutos en dar el resultado oficial.

La prueba continuó. En el segundo salto, Bob apenas superó los 8 metros. La lluvia apareció y se dio por finalizado el evento. Beamon conseguía el oro olímpico con una marca estratosférica.

En el podio, el estadounidense levantó el puño como símbolo de la lucha negra. Sus compatriotas John Carlos y Tommie Smith habían hecho lo propio en esos Juegos y fueron expulsados por ello.

No era la primera vez que el atleta participaba en reivindicaciones raciales. Beamon fue suspendido en la Universidad de Texas tras boicotear una competición por las enseñanzas que había en el Libro de Mormón sobre la raza.

Tras México 1968, Bob Beamon simplemente desapareció. Pese a su temprana edad, el plusmarquista mundial apenas volvió a saltar y se retiró. Compitió de manera esporádica después de Múnich 1972, aunque nunca regresó a unos Juegos Olímpicos.

La carrera de Beamon destacó, además de por el 8,90, por su brevedad: World Athletics solo registra la participación del estadounidense en trece pruebas durante su carrera, y únicamente seis desde su récord, en las que solo pudo saltar un máximo de 8,22 metros.

En 1983, poco después de su creación, fue introducido en el Hall of Fame Olímpico estadounidense, y Sports Ilustrated incluyó su salto de 8,90 entre los cinco grandes momentos del deporte en el siglo 20.

En la Florida, su lugar de residencia, Beamon le dedicó tiempo a su otra pasión, el arte gráfico. Llegó a ser jefe del Museo de Arte Olímpico de Florida y creó la Bob Beamon Communications Inc, además de haber exhibido sus obras en numerosas ocasiones. En 1999 escribió junto a Milana, su tercera esposa, el libro autobiográfico “El hombre que pudo volar”.

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