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Donald Trump, la gloria o el ocaso: 5 razones por las que puede ganar y 5 por las que puede perder

Contra la inmensa mayoría de las encuestas, Donald Trump, magnate inmobiliario neoyorquino y popular estrella de reality show, venció a Hillary Clinton en las elecciones de noviembre de 2016 y se convirtió en el presidente más controvertido de la historia de los Estados Unidos. Después de una gestión inusual y turbulenta, con puntos que todavía entusiasman a ciertos sectores de la población, Trump busca este martes extender su mandato por otros cuatro años y pone en juego su autoproclamada fama de “winner”, del hombre que jamás pierde a nada. ¿Los estadounidenses volverán a elegirlo? ¿Va hacia la gloria o al ocaso?

Trump tiene ahora 7,7 puntos menos que su rival Joe Biden en los sondeos, pero una diferencia similar tenía en 2016 y terminó ganando. Después de una amplia recorrida de Clarín por lugares clave de los Estados Unidos como Florida, Pensilvania, West Virginia, Ohio, Michigan y Wisconsin, de entrevistar a decenas de trabajadores, funcionarios, opositores y analistas, aquí se exponen cinco razones por las cuales podrían reelegirlo y otras por las que podría ser eyectado de la Casa Blanca.

1. La economía se recupera

Es la principal fortaleza de Trump en estos días, a pesar de la pandemia. Hasta que irrumpió el Covid19 en el mundo, la economía de Estados Unidos marchaba firme y, aunque había una ralentización del crecimiento y daños en algunos sectores producto de la guerra comercial con China, el desempleo había bajado a niveles históricos (3,4%)y Wall Street trepaba día a día. Después de una dramática caída por las restricciones de la pandemia, este jueves se anunció que el PBI rebotó y creció un 7,4% entre julio y septiembre respecto del trimestre anterior.

El desempleo también se recupera a ritmo acelerado. Son buenas noticias para Trump en el tramo final de la campaña. La mayoría de los estadounidenses, sobre todo en los estados clave, confía en que un empresario puede manejar mejor que Biden la economía en tiempos de crisis. Además, los hombres de negocios, el campo y los ciudadanos en general dieron gran bienvenida a los subsidios en créditos blandos y cash durante la pandemia. La marcha de la economía es el tema más importante para los electores, según una encuesta de Pew.

2. Su base electoral

Los sectores más ultraconservadores que han votado por Trump en 2016 todavía siguen apoyándolo, según se palpa en el interior del país. En general son hombres blancos, de zonas rurales o suburbanas, trabajadores industriales, del campo, del carbón o del petróleo que votaron al magnate y estuvieron de acuerdo con varias de sus medidas como las desregulaciones ambientales que favorecen a las industrias y a las energías tradicionales y por su fuerte apoyo al fracking, temas vitales en estados decisivos como Pensilvania, Michigan y Ohio. También festejan las restricciones del ingreso de inmigrantes, a quienes ven como una amenaza a sus puestos de trabajo. Y avalan el emblema del “America first”, con mayor proteccionismo económico, renegociación del NAFTA, freno a las importaciones chinas, retirada de pactos globales como el medioambiental de París y la no intromisión en más conflictos internacionales.

Si bien la política internacional no tiene tanto peso a la hora de votar, las bases trumpistas ven al presidente como un líder “pragmático” y ejecutivo “que concreta cosas” como la reunión con el dictador norcoreano Kim Jong-Un (a pesar de que viola los derechos humanos), la retirada de tropas de Afganistán o la firma del pacto en Oriente Medio. A la base electoral del presidente no le importa su estilo, que no muestre sus impuestos o que haya pagado al fisco solo 700 dólares en varios años ni el caos que hay en la Casa Blanca. Tampoco consideran relevante el manejo presidencial de la pandemia y valoran, más allá de los 230.000 muertos, que hayan tenido la libertad de reabrir pronto sus negocios y de no usar barbijo.

3. Una Justicia conservadora

Para los republicanos y conservadores el mayor logro de los primeros años de Trump en la Casa Blanca es, sin dudas, el sello que dejará en la justicia, que perdurará por generaciones y que garantizará que los valores que ese sector impulsa sean defendidos. Durante su mandato, el presidente logró nominar a tres jueces para la Corte Suprema con cargos vitalicios (Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett) y así inclinar definitivamente la balanza del máximo tribunal hacia la derecha con 6 magistrados contra 3 progresistas. Pero la huella va más allá de lo visible: una de las principales misiones del presidente y del Senado de mayoría republicana fue ubicar jueces jóvenes y conservadores en los tribunales. En su primer mandato, Trump nombró 217 magistrados de primera instancia y casi un tercio de los jueces federales activos en tribunales de apelación.

Este “escudo” judicial podría poner freno o revertir iniciativas que defienden el aborto, el calentamiento global, el matrimonio entre homosexuales y otros derechos de la comunidad LGTBQ o el control de armas, temas que los conservadores ven como una amenaza a sus libertades o principios religiosos. Como la mayoría de los cargos son vitalicios, este sello perdurará por generaciones. En cuanto al tema electoral, la Corte podría ser una aliada fundamental del presidente si tuviera que definir un posible recuento de votos o situación de fraude en los comicios del martes. La elección de los jueces de la Corte es el segundo tema de importancia para los electores, después de la economía.

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4. El miedo al "socialismo"

Si bien Joe Biden está lejos de ser un “radical socialista” como lo pinta Trump y es en realidad un hombre moderado del establishment que recibe el apoyo de Wall Street, esta descripción del candidato demócrata promovida por el presidente es citada como un mantra en el interior de los Estados Unidos. Trump además liga a los manifestantes contra el racismo y la violencia policial con militantes de la organización antifascista ANTIFA y dice que los demócratas la defienden. Las teorías conspirativas circulan boca a boca y por redes sociales. Clarín escuchó en Florida a muchos votantes latinos que dicen que Biden puede implantar un régimen como el de Fidel Castro en Cuba o Nicolás Maduro en Venezuela.

En Wisconsin o en Pennsylvania temen que pueda colocar regulaciones que agobien a las empresas privadas y hasta que pueda “prohibir” el ganado vacuno porque sus gases contaminan. En lugares petroleros tienen miedo de que elimine el fracking para cuidar el medioambiente. Los empresarios temen que les suban los impuestos y que eleve el salario mínimo hasta la estratósfera. No lo acusan directamente a él sino a “gente que lo rodea” como Bernie Sanders (que se definió como socialista democrático), su compañera de fórmula Kamala Harris y la representante Alexandria Ocasio Cortez. Si el temor al “socialismo radical” logra expandirse más allá de los sectores más duros y llegar a los independientes, Trump resultará beneficiado.

5. El voto "vergonzante"

A través de la historia son pocos los presidentes que no lograron un segundo mandato. El último fue George Bush padre. Según el promedio de encuestas de RealClearPolitics, Trump pierde en los sondeos por 7,7 puntos, pero la distancia se reduce en los estados que realmente importan, donde va debajo por 3,8%, casi el margen de error. El modelo de The Economist predice que hay un 96% de chances de que gane Biden el colegio electoral. Pero los sondeos se han equivocado y aún se equivocan mucho. En los estados clave, donde Trump ganó por algunos votos en 2016 como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, hoy la carrera está más ajustada.

Algunos de los que votaron al magnate dicen que ahora están indecisos pero la sensación en la calle es que muchos volverán a elegir al presidente y no lo admiten públicamente. Se los escucha decir que aún no definieron el voto, pero que quieren a un líder fuerte que saque el país adelante con gestión. Hay que estar alertas: el voto “vergonzante”, oculto, fue importante en 2016 y puede ser aún mayor por el estilo tan controvertido del magnate que se ha hecho evidente en estos cuatro años en la Casa Blanca. Quizás entre los sectores más moderados e independientes, es verdad, puede haber sangrías.

1. Ya no es un "outsider"

Con un estilo distinto a todo lo conocido, Trump revolucionó la campaña estadounidense y ganó en 2016 como un empresario ajeno a la política y con la promesa de “drenar el pantano de Washington”. Fue en medio de una crisis de desigualdad económica, donde muchos sectores en la América Profunda se sentían una “canasta de deplorables” –como Hillary los definió-- sin voz, olvidados, lejos del sueño americano, y amenazados por los inmigrantes, la desindustrialización y la globalización.

Trump se sumó también a una ola de movimientos populistas en otras partes del mundo que buscaba líderes fuertes y un giro hacia figuras no tradicionales. Luego de cuatro años de mandato, el presidente sigue presentándose como un hombre ajeno a la política y cuyo camino está sembrado por piedras que le coloca el establishment. Pero él ya no es un outsider de Washington, es parte de esta ciudad y su sistema. Ya no tiene el factor de cambio que promovía en 2016. La gente conoce su carácter y tiene ya antecedentes de gestión. Perdió esa gran carta de frescura anti-sistema.

Intención de voto EEUU - Biden - Trump

2. Gestión del coronavirus

Desde el comienzo de la pandemia en enero, Trump ha tratado de minimizarla, pero en Estados Unidos ya se contabilizan casi 230.000 muertos y 9 millones de contagiados y un rebrote que asoma estas últimas semanas. El presidente contradijo públicamente a sus expertos en salud, recomendó remedios que no estaban aprobados y llegó a aconsejar a la gente que se inyectara lavandina. Fue un férreo opositor al uso del barbijo, percibido como un símbolo de debilidad, y dijo que el virus se va a ir pronto cuando hay signos evidentes de que no es así.

En medio de actos masivos de campaña con simpatizantes sin tapabocas, Trump y Melania se infectaron con el virus y fueron la viva prueba de que es una realidad preocupante y que es necesario cuidarse. Una encuesta de Reuters señala que solo el 37% de los estadounidenses aprueba la gestión del presidente en la pandemia, mientras que un 59% la desaprueba. La salud y la crisis del coronavirus son el segundo y cuarto tema de importancia para los estadounidenses, según los sondeos.

3. Mentiras y negocios

Es difícil encontrar en Estados Unidos a alguien que elogie el carácter de Trump. Los más fanáticos del presidente dicen que “no es políticamente correcto” y “dice las cosas como son”, pero admiten que le disgustan sus maneras. “Nadie es perfecto”, dicen. Pero en las calles y los sondeos la mayoría expresa desagrado: un 53,7% de los estadounidenses cree que no es una buena persona, según un sondeo de Business Insider, mientras que sólo un 16% cree es bueno. Incluso entre sus más firmes partidarios, solo un 57% dice estar convencido de que es una buena persona.

Noam Comsky

“El ataque a la democracia ha llegado al punto de que Trump advierta que si no le gusta el resultado de las próximas elecciones puede negarse a dejar el cargo. Trump es de un nuevo tipo de malignidad, sin precedentes en la historia de la democracia parlamentaria. No podemos estar seguros de a dónde llevará esto”

Noam Chomsky

JohnBolton

“Trump no entendía por qué no podíamos tomar el petróleo venezolano, ya que, como después preguntó para verificar, Venezuela formaba parte de EE.UU. A John Kelly, que en ese momento era jefe de gabinete, le preguntó si Finlandia era parte de Rusia, cosa que era así hace más de 100 años, pero dígaselo a los finlandeses hoy...”

John Bolton

Trump ha inaugurado un estilo caótico en la Casa Blanca, con funcionarios que renuncian en pocos meses y describen un presidente que es ególatra, incompetente, peligroso y falto de conocimientos básicos, que humilla a sus colaboradores y que toma decisiones por impulso y no por estrategias. Además, insulta a los periodistas y a los medios, ataca por Twitter a sus rivales, retuitea mensajes racistas y homofóbicos, se niega a condenar el supremacismo y ha llegado a calificar de “perdedores” a estadounidenses caídos en combate.

En el tema del coronavirus y el racismo y brutalidad policial no ha mostrado mínima empatía con las víctimas. Además, ha borrado los límites entre la verdad y la mentira porque ha sido capaz de pronunciar 22.000 falsedades desde que asumió, según un conteo de The Washington Post. También ha sido denunciado por transgredir las fronteras entre su actividad pública y sus negocios personales como las reuniones que lleva a cabo en sus hoteles. Más allá de las decisiones polémicas que ha tomado, sus declaraciones explosivas y agresivas contribuyen a agrandar la grieta. El país está dividido como nunca en la historia. En contraste, Biden busca consolidarse como un hombre “común”, empático, dispuesto a cerrar las heridas y gobernar para todos.

4. Los que lo abandonaron

En rasgos generales, los grandes centros urbanos votan por los demócratas y los más rurales por los republicanos. Y en los suburbios de las ciudades se afincan los sectores más moderados e independientes, los que suelen inclinar la balanza en las elecciones. Las bases más duras siguen eligiendo a Trump, pero el presidente comenzó a sufrir una sangría sostenida en los barrios suburbanos de clase media, que se inclinaron por él en 2016. Según las encuestas, está perdiendo sobre todo el voto de las mujeres y de los hombres de más de 65 años, que están preocupados por la salud y la crisis del coronavirus.

Las mujeres se están inclinando en forma abrumadora por Biden, que le lleva 24 puntos de ventaja a Trump en ese sector, incluso supera largamente al apoyo que dieron a Hillary Clinton. Ellas están hartas de los modales presidenciales, de cómo trata a las mujeres, de su gestión con el coronavirus y de las dificultades de acceso a la salud. En ese sentido, el presidente no está sumando mucho últimamente. Llamó “monstruo” a Kamala Harris y “vieja loca” a la jefa de la cámara de representantes Nancy Pelosi. Los hombres blancos mayores están alejándose también.

5. Gran entusiasmo por votar

El 69% de los estadounidenses se declara “muy motivado” para ir a votar en estas elecciones. Y esto se ve ya mismo con una gran participación en el sufragio anticipado. Ya han emitido su voto casi 80 millones de personas y se estima que podría quebrarse el récord de 150 millones en 2008 cuando votó un 63% del electorado. No es ciencia cierta, pero los demócratas son más propensos a votar en forma anticipada, sobre todo porque son los que más se cuidan del coronavirus.

En 2016 la participación fue de un 61,4%, según Pew Research, porque algunos sectores no salieron a votar, sobre todo los afroamericanos y algunos demócratas que habían elegido a Bernie Sanders en la interna y no apoyaron a Hillary Clinton en la elección general. Pero esta vez aprendieron de la experiencia de 2016 y los demócratas están haciendo dramáticos llamados a sus electores para que salgan a votar. Que no den por ganada la elección, a pesar de lo que digan las encuestas y que todo voto cuenta, sobre todo en los estados clave.

Los negros (12% del electorado) están mucho más motivados esta vez para votar a los demócratas, en medio de protestas nacionales contra el racismo y la brutalidad policial. El fervor también se siente entre la generación Z, los que recién tienen edad para votar y que, en su mayoría, detesta a Trump. Si estos sectores habitualmente reacios a salir a las urnas en verdad se movilizan, el presidente podría perder sus chances de quedarse otros cuatro años en la Casa Blanca.

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