Argentina

El desafío de una geopolítica alimentaria del Mercosur

En un contexto sombrío como el actual debe celebrarse que en la última Cumbre de Presidentes del Mercosur, realizada de manera virtual el último 2 de julio, Luis Lacalle Pou haya señalado con énfasis la necesidad de avanzar en nuevos acuerdos con China para aprovechar las ventajas que ofrece semejante mercado a nuestros países en tanto exportadores netos de alimentos. En algún punto la ciudadanía necesita un rumbo, aunque más no sea una lejana esperanza en medio de tanta desolación.

¿Pero ofrece a mediano plazo nuestro comercio con China una luz al final del túnel?

En la actualidad los países del Mercosur tienen un saldo favorable en su balanza comercial con China explicado a partir del superávit brasileño. Argentina, Uruguay y Paraguay registraron balanzas deficitarias en los últimos años. Pero más allá del resultado, el Mercosur ha enfrentado grandes problemas para diversificar sus exportaciones hacia el país asiático.

Buena parte de su oferta se limita a productos agrícolas o manufacturas de origen agropecuario con poca elaboración. Hasta ahora no han podido aprovechar que China demanda productos cada vez más sofisticados para su creciente clase media. ¿Qué tan distinto podrían ser los perfiles productivos de los países del Mercosur si lograran avanzar en otro tipo de oferta? ¿Por qué reproducen en el siglo XXI con China, un patrón de intercambio similar al mantenido con Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XIX cuando eran meros proveedores de materia prima para recibir en cambio manufacturas e infraestructura?

Obviamente los gobiernos pueden colaborar con las empresas de la región para superar los problemas que dificultan el acceso de productos más sofisticados a semejante mercado. Pero también podrían hacerlo si encararan el vínculo con el país asiático desde la geopolítica alimentaria que probablemente emerja con el escenario internacional que potenció la pandemia.

El mundo del libre comercio dominado por EEUU que vio nacer al Mercosur en 1991 ya no existe más. Además se ha exacerbado la competencia entre EEUU y China por la hegemonía. La economía de los países del Mercosur - en especial las de Argentina y Uruguay - depende en buena medida de las divisas que generan las exportaciones al Lejano Oriente.

La canasta exportadora de Brasil también tiene como protagonista a la soja. Ello coloca a nuestros países en una situación de eventual dependencia respecto de su principal cliente. El desafío que tiene entonces la geopolítica alimentaria del Mercosur será transformar dicha dependencia en una interdependencia aunque sea mínimamente equilibrada. De lo contrario, será muy difícil romper el actual patrón de intercambios para que podamos diversificar la oferta de productos dando un salto cualitativo en el desarrollo de nuestras economías.

No obstante, también cabe preguntarse hasta qué punto podrá ser medianamente equilibrada tal interdependencia. Dicha clase de vínculo no trae aparejado necesariamente un panorama de equilibrio en materia de costos y beneficios para las partes.

Hoy podríamos fácilmente concluir que los países del Mercosur serán la parte vulnerable de tal interdependencia. Pero en el nuevo escenario internacional China también tiene motivos para cuidar la relación. Otros grandes proveedores de alimentos, como Gran Bretaña, Australia, y Canadá, son aliados naturales de su rival.

En cambio los países del Mercosur han tenido a lo largo de su historia un vínculo pendular con EEUU. Ellos seguramente enfrentarán el nuevo escenario internacional como free riders. Desde ese punto de vista, son una especie de reaseguro a la hora de garantizar la seguridad alimentaria que va a requerir la estabilidad del gobierno de Beijing. China debiera considerar entonces el uso del soft power económico.

Para ponerlo en términos concretos, una interdependencia mínimamente equilibrada necesita que China ofrezca a los productores del Mercosur ventajas arancelarias, logísticas y en la redes de distribución para sortear las barreras que impiden el acceso a su mercado.

El documento “Global Value Chain Development Report 2017 - Measuring and Analyzing the impact of GVC´s on Economic Development”, editado entre otros por la OMC, da cuenta que existen tres grandes espacios económicos regionales conformados alrededor de EEUU, China y Alemania en los que las empresas segmentan su producción en cadenas de valor según los incentivos que se ofrecen. En su capítulo III da cuenta que Latinoamérica ocupa una situación marginal en esa estructura como una mera proveedora de materias primas para los países centrales. ¿No llegó la hora de transformar al Mercosur en la herramienta institucional para desarrollar una nueva geopolítica alimentaria?

Flavio Floreal González es abogado (UBA). Magister en Relaciones Internacionales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Profesor regular adjunto de Derecho de la Integración, Facultad de Derecho UBA.

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