Argentina

El día que Gardel cantó para el príncipe de Gales

En agosto de 1925 la Argentina recibió en visita oficial al príncipe de Gales, Eduardo de Windsor (Londres, 1894 - París, 1972), y su hermano, “Bertie” (por Albert), que se haría conocer como Jorge. Entre las funciones organizadas para agasajarlos, el gobierno nacional contrató al dúo Gardel-Razzano.

En ese viaje, Eduardo, de 31 años, parecía estar cumpliendo a desgano la interminable secuencia de actos y homenajes, que incluían desde banquetes en la Cámara de Comercio Británica hasta eventos menos protocolares.

Todo Buenos Aires comentaba que se había quedado dormido durante la representación de la ópera Loreley en la función de gala organizada en su honor en el Teatro Colón. Menos entusiasta aún se lo vio en la parada militar donde tuvo el “honor” de conocer al futuro golpista general José Félix Uriburu.

Los duques de Windsor Wallis Simpson y Eduardo de Windsor, quien llegaría a ser el rey Eduardo VIII de Inglaterra que abdicó al trono. Foto AP

Los duques de Windsor Wallis Simpson y Eduardo de Windsor, quien llegaría a ser el rey Eduardo VIII de Inglaterra que abdicó al trono. Foto AP

Entre los agasajos, se organizó una estadía en la estancia Huetel, establecimiento propiedad de Concepción Unzué de Casares, en el partido bonaerense de 25 de Mayo. Huetel, que significa “mulita”, tenía entonces su propio ramal del Ferrocarril Sud.

El 25 de agosto, en lujoso vagón dormitorio, viajaron los príncipes y su comitiva, compuesta por varios sirvientes, el ministro inglés sir Beilby Francis Alston y el vicealmirante sir Lionel Halsley.

Entre los anfitriones argentinos estaban el presidente Marcelo T. de Alvear; el ministro de Agricultura, Tomás Le Bretón; el de Obras Públicas y futuro presidente de la Nación, Roberto Marcelino Ortiz, y un invitado especial, el maharajá de Kapurthala, todo un modelo de sumisión al Imperio británico.

Llegaron a la estancia a las 7 de la mañana, y Eduardo sólo atinó a cambiar la cama del vagón por la de la suntuosa suite de la estancia y se negó a levantarse hasta el mediodía.

Se cuenta que al otro día del show, el príncipe se quiso sacar una foto con Gardel y los músicos. Y el Zorzal siguió "apoliyando". Foto Archivo Clarín

Se cuenta que al otro día del show, el príncipe se quiso sacar una foto con Gardel y los músicos. Y el Zorzal siguió "apoliyando". Foto Archivo Clarín

Además de las muestras típicas gauchescas, que incluyeron domas de potros, yerras y asado con cuero bien regado con vino local y whisky escocés, para agasajar al ilustre visitante extranjero viajaron Gardel y Razzano, con los guitarristas Ricardo y Barbieri y el valet Mariano Alcalde. Fueron alojados en un pabellón secundario con la “servidumbre”.

Gardel, Razzano y los guitarristas iniciaron el programa con la ejecución del dúo Linda provincianita. El príncipe festejó la interpretación de los músicos, y seguidamente entonaron Galleguita, Claveles mendocinos, La pastora y La canción del ukelele. La fiesta siguió dos horas más, en las que Gardel no paró de cantar.

Según Razzano, a la mañana siguiente “su alteza” quería sacarse una foto con los músicos, ataviados con la vestimenta gauchesca con la que habían actuado la noche anterior.

Hay quienes afirman que cuando lo fueron a despertar a Carlitos para cumplir con los deseos de su alteza, habría dicho: “¿Qué lugar es este donde no lo dejan dormir a uno?”. Y siguió “apolillando”. (1)

Todo Buenos Aires comentaba que el príncipe se había quedado dormido durante la representación de la ópera Loreley en la función de gala organizada en su honor en el Teatro Colón.

Felipe Pigna

Historiador

Aludiendo al gusto por la almohada de su alteza, el mayordomo Peroni recordará: “Todo fue fantástico, aunque al príncipe lo vimos poco y nada”. (2)

El príncipe se convirtió en un tanguero. Cuenta Andrea Matallana que años más tarde: “En una fiesta cuando se le pidió que diera una demostración, el príncipe tomó a su hermano, el príncipe George, y ordenándole ‘pretende que eres una mujer y deja tus largas piernas fuera de mi camino’, deleitó a los espectadores con una excelente exhibición”.

En su segunda visita a la Argentina, en 1931, se volvió un experto y declaró ante la prensa cuáles eran sus temas preferidos: Perdida y Yira Yira. (3)

Citas: 1. Ernesto Chab, 100 anécdotas sobre Gardel, Bs. As., Planeta, 2011, pág. 134. 2. Clarín, 20 de junio de 1979. 3. Matallana, Andrea, El tango entre dos Américas, Eudeba, 2016, pág. 119.

E.M.

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