Argentina
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El resorte del ministro y la navaja de Ockham

Martín Guzmán y Alberto Fernández
Martín Guzmán y Alberto Fernández

“Quién será el pobre encargado de desarmar esta locura”

Jorge Remes Lenicov, diciembre de 2001

Una constante en nuestra tragedia económica y social ha sido la obsesión de los gobernantes por tratar que la realidad se adapte a sus necesidades.

Presidentes y ministros de Economía, en parejas no siempre bien avenidas y en poliamor con presidentes del Banco Central, creen (o dicen creer) en la mágica posibilidad de imponer un valor para los bienes y servicios, que se puede emitir pesos sin límite y que el Estado puede gastar más de lo que ingresa, cosa que solo era posible cuando teníamos crédito.

Como esto es una ficción y el estallido es previsible, intentan demorar la inevitable imposición de la realidad, la única verdad.

Las leyes del mercado son inexorables y los gobernantes más sensatos priorizan que el Estado se ocupe de sus tareas esenciales, cosa sólo posible con superávit fiscal y comercial, cosa que, imagino, el actual presidente escuchó de su mentor: Néstor Kirchner.

Lo contrario nunca funcionó.

Los precios máximos son burlados por el mercado negro, la modificación de tamaño, contenido y calidad, la desaparición de productos y muchos etcéteras.

El dólar oficial, el dólar MEP, el dólar CCL, el dólar blue, son algunos de los innumerables nombres y cotizaciones de la moneda de conversión con nuestro cada vez más debilitado peso argentino.

Según las circunstancias se sobre o sub facturan importaciones y exportaciones, se arman y desarman “rulos”.

Las Leliq (y antes los BOTE) convertidos en Bonos del Tesoro y aceptados como “encajes bancarios”, constituyen anomalías que apagan con nafta el fuego causado por una emisión excesiva de pesos.

El actual ministro de Economía ha decidido, como tantos predecesores, sentarse arriba del resorte de las variables económicas.

Nadie sabe si el salto se producirá con Guzmán o con otro sentado en el sillón del 5 piso del Palacio de Hacienda.

El principio de la navaja de Ockham, sostiene que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.”

Nunca más apropiado para predecir nuestro futuro inmediato.

El desánimo colectivo, que llevó a la mayor abstención electoral de nuestra historia, en las PASO del mes pasado y el malhumor que se palpa en nuestras calles, demuestra que nuestro Pueblo presiente que de la grieta estamos pasando al abismo.

Solo un acuerdo de todos los sectores, puede evitar este destino.

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