Argentina

Emmanuel Carrère: "Me esfuerzo por decir la verdad"

Un rato después de terminar la entrevista exclusiva con Ñ, Emmanuel Carrère recibió el martes un correo desde España. En él, le hacían una consulta interesante: “En caso de ganar el Premio Princesa de Asturias de Letras 2021, ¿lo aceptaría? Dije que si, por supuesto, y creo que es un gesto de mucha delicadeza que la espera fuera breve: al mediodía del miércoles me avisaron”, contó ayer el autor de De vidas ajenas (2011) y Limónov (2012), durante una conferencia de prensa que ofreció solo a medios españoles. “Emmanuel Carrère ha construido una obra personalísima generadora de un nuevo espacio de expresión que borra las fronteras entre la realidad y la ficción”, consideró el jurado al momento de elegir el conjunto de sus libros.

“No me gusta mucho la palabra autoficción, yo hago escritos autobiográficos", dijo Carrére. Foto: Juan José Traverso

“No me gusta mucho la palabra autoficción, yo hago escritos autobiográficos", dijo Carrére. Foto: Juan José Traverso

Durante la charla con periodistas ibéricos, Carrère aceptó que recibir el Princesa de Asturias compensaba el hecho de que lo apartaran el año pasado del Goncourt, el galardón más importante de Francia, luego de que su exesposa, la periodista Hélène Devynck, denunciara que mentía en el libro autobiográfico Yoga, que acaba de llegar a la Argentina. “No me gusta mucho la palabra autoficción, yo hago escritos autobiográficos, algo que existe desde hace mucho tiempo, y aunque Yoga podemos decir que es un libro de autoficción, mis libros anteriores, como Limónov por ejemplo o El reino (2015), no lo son porque en ellos me presento como narrador. Ahora bien, no creo que mi próximo libro sea de autoficción porque me gusta también dedicarme a cosas que están más lejos de mí”.

Concretamente sobre la disputa con Hélène Devynck, Carrère fue consultado si tendrá más cuidado en el futuro al momento de escribir sobre personas que lo rodean. Con su exesposa, el autor había firmado un contrato que lo obligaba a dejarla leer sus libros antes de la publicación y le cedía el derecho de quitar toda referencia que ella considerara inaceptable. Eso es lo que la periodista hizo: eliminó las referencias al divorcio de ambos en Yoga y luego denunció que no habían sido suficientemente silenciadas. “Creo que fue una situación muy excepcional y que no hay ningún motivo para que se repita. Yo había asumido un compromiso que no tengo porqué volver a asumir”, respondió el miércoles al respecto.

Un día antes de la conferencia de prensa, cuando el Premio Princesa de Asturias no estaba en sus asuntos cotidiano, el autor de El adversario (1999) y de Una novela rusa (2008) dijo a Ñ: “Yoga no es una novela. En una novela, la noción de verdad o mentira no existe porque es un libro de ficción. Desde el momento en que se trata de un escrito autobiográfico, surge la cuestión de su verdad y me esfuerzo por decir la verdad”.

–¿Por qué es importante decir la verdad en un libro que se lee como una novela?

–Es que no es una novela. Ahora bien, este libro tiene un estatus particular porque hay momentos en los que yo mismo digo –por razones que están explicadas de alguna manera ahí– que estuve impedido de decir la verdad que yo deseaba y por eso aparecen algunos pequeños elementos de ficción. No es que sea muy importante, pero para mi es un defecto del libro. Es algo que no me gusta, esto de cortar partes, porque esencialmente es como una mentira por omisión y entonces intenté construir el libro de tal manera que fuera soportablemente, aceptable. Pero digamos que se aleja un poco de lo que es una regla de verdad que, en mi opinión, atraviesa a los escritos autobiográficos. Así que si yo desarrollo mi proceso habitual de escritura, yo digo la verdad.

Yoga, de Emmanuel Carrère, acaba de llegar a las librerías argentinas.

Yoga, de Emmanuel Carrère, acaba de llegar a las librerías argentinas.

–Usted hizo un delicado trabajo de montaje para respetar un acuerdo privado que implicaba quitar algunas partes del libro. Pero luego, con el libro publicado, esos detalles se hicieron públicos. ¿Cómo cree que se relaciona el libro con esa ausencia/presencia?

–Fue un episodio perturbador y me pareció poco honesto, digamos, pero en cuanto a mí, tiendo a creer que todo lo que sucede, no sólo en la vida sino dentro de un libro, empieza a tener sentido. Entonces, en cierto modo, ese episodio que vino después del libro y que está fuera de él, en algún momento, se convirtió en parte del libro, tiene un impacto sobre él y da una especie de profundidad extraña. Por otra parte, está la frase de Lenin que me encanta citar, que dice que hay que trabajar con el material existente, y todo ese episodio es parte del material existente. Ciertamente no es un libro perfecto. Hubo un momento en el que esto me inquietó, lo sentí como un defecto, pero finalmente eso se convirtió en una especie de pequeña cojera. Es un libro un poco raro, tiene un costado extraño, pero me gusta así.

–Yoga llegó a la Argentina justo en el momento más crítico de la pandemia, cuando son miles las personas que padecen de problemas emocionales causados por el encierro y sobre los que sigue siendo difícil hablar. ¿Por qué cree que aún hay este cierto pudor a dar cuenta de las enfermedades mentales y psiquiátricas?

–Porque hay mucho silencio y mucha vergüenza sobre las enfermedades mentales. Nadie se avergüenza de tener un ACV o un infarto. Lo sufres, por supuesto, pero no te avergüenzas de ello. Pero mucha gente se avergüenza de padecer trastornos psiquiátricos o incluso más: creo que un esquizofrénico no tiene realmente vergüenza de padecer esa enfermedad, pero cuando es tu hijo o tu hija o un familiar, sí aparece ese pudor. Y eso es curioso. En relación a lo que menciona sobre la pandemia, hace algunos meses, hice un largo reportaje en un servicio de psiquiatría infantil en un gran hospital parisino llamado la Pitié-Salpêtrière. Y en ese tiempo observé precisamente en esos niños y adolescentes, no solo los efectos del encierro sino aún más los del desconfinamiento: esto ha producido mucha descompensación. Y no solo se ve en un servicio psiquiátrico, incluso las áreas de urgencias psiquiátricas han estado desbordadas por este tipo de casos.

–Usted contó que, después de dedicar décadas a la práctica de la meditación, del yoga y del psicoanálisis, fue perturbador darse cuenta de que es un remedio lo que logró ayudarlo. ¿Tenemos demasiada confianza en el poder de la palabra?

–Creo que si yo planteara alguna pequeña duda sobre el psicoanálisis, sería algo así como una blasfemia en la Argentina. ¡Es un chiste! Es ciertamente muy perturbador, muy inquietante ese hallazgo porque yo creo profundamente en el poder de la palabra. Pasé 30 años de mi vida haciendo terapia con especialistas de gran calidad. Y a pesar de todo hubo un momento en el que tuve la impresión de que lo único que me daba realmente un buen resultado venía de una fuente química y no del trabajo con la palabra. Y es muy perturbador, muy perturbador porque uno tiene la impresión de que todo eso va en contra de la idea que uno se hace del mérito, que tenemos esas cosas que nos hemos merecido, que son el fruto de un profundo trabajo y todo eso... ¡Y yo creo en eso! pero a veces estamos obligados a admitir que algo que viene así, que es un producto químico, es más eficiente que el trabajo profundo.

Carrére posa para los fotógrafos en Francia durante 2016. (Photo by JOEL SAGET / AFP)

Carrére posa para los fotógrafos en Francia durante 2016. (Photo by JOEL SAGET / AFP)

–¿Trabajó en alguna cosa durante la pandemia?

–Para decir la verdad, en Francia el primer confinamiento que fue el más impresionante y el más extraño, afectó a muchos cineastas y escritores y personas que conozco para las que comenzar a hacer algo en esas circunstancias resultaba muy difícil. Por mi parte, tuve la suerte de que estaba terminando este libro, Yoga, y para terminar un libro realmente el confinamiento era ideal. Con honestidad, las circunstancias eran perfectas: encerrado en casa, durante 2 meses, trabajando como un loco. Sinceramente, he bendecido el confinamiento.

–Sus orígenes están en el periodismo y decía usted hace poco que cree que ya no es posible desarrollar este oficio tal como usted lo conoció. ¿Por qué?

–Cuando decimos buen periodismo, hablamos de contar algo con la extensión y el tiempo que requieren los buenos textos, con el espacio y con el dinero que hace falta. Y hoy en día, los diarios tienen cada vez menos espacio. En Francia, por ejemplo, hace dos años tuvimos la aparición del movimiento de los chalecos amarillos, que fue un fenómeno social y políticamente muy interesante, muy importante y que dice algo sobre la sociedad. ¿Cómo fue abordado por la prensa? Fue tratado sea sobre la forma de artículos editoriales que explicaban que el sentido de los chalecos amarillos es este o aquel, o en el formato de micro-encuestas callejeras. Un buen periodista, por ejemplo Florence Aubenas, hace una cosa muy sencilla: ella se fue a una de las rotondas donde se reunían los chalecos amarillos en el sur de Francia y se quedó 15 días solo para escuchar. Fue la única que lo hizo y estamos hablando de algo que es básico del periodismo.

Comentar las notas de Clarín es exclusivo para suscriptores.

Football news:

Scotland coach Clarke: There were a lot of good moments during the group stage, but no points scored
England are the most boring group winners in history. Two goals were enough! And at the World Cup, the Italians once became the first even with one
Dalic - to the fans after reaching the Euro playoffs: You are our strength, and we will be your pride
Modric became the youngest and oldest goalscorer in Croatia at the Euro
Czech Republic coach Shilgava: We came out of the group and fought with England for the first place. We got what we wanted
Gareth Southgate: England wanted to win the group and continue to play at Wembley-and it succeeded
Luka Modric: When Croatia plays like this, we are dangerous for everyone