Argentina

"Hambre social": comparan los deseos de interacción con los antojos de comida

Durante varios meses desde el inicio de la pandemia de coronavirus, muchas personas solo vieron a familiares, amigos y seres queridos en general a través de videollamadas, si es que lo han hecho. Ahora, un nuevo estudio del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) halló que los deseos de contacto que sentimos durante este tipo de aislamiento social comparten una base neuronal con los antojos de comida que sentimos cuando tenemos hambre.

Los investigadores encontraron que tras un día de aislamiento total, ver a personas divirtiéndose juntas activa la misma región del cerebro que se ilumina cuando alguien que no comió en todo el día ve una imagen de un plato de pastas con queso.

"Las personas que se ven obligadas a estar aisladas anhelan las interacciones sociales de manera similar a como una persona hambrienta ansía la comida. Nuestro hallazgo se ajusta a la idea intuitiva de que las interacciones sociales positivas son una necesidad humana básica, y la soledad aguda es un estado aversivo que motiva a las personas a reparar lo que falta, similar al hambre", afirma Rebecca Saxe, profesora de Ciencias Cognitivas y Cerebrales en el MIT, miembro del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro del MIT y autora principal del estudio.

El equipo de investigación recopiló los datos para este estudio en 2018 y 2019, mucho antes de la pandemia de coronavirus y los confinamientos. Sus nuevos hallazgos, publicados en Nature Neuroscience, son parte de un programa de investigación más amplio que se centra en cómo el estrés social afecta el comportamiento y la motivación de las personas.

El nuevo estudio se inspiró en parte en un artículo reciente de Kay Tye, profesora del Instituto Salk y ex miembro del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria del MIT. En ese estudio de 2016, ella y Gillian Matthews, identificaron un grupo de neuronas en el cerebro de los ratones que representan sentimientos de soledad y generan un impulso de interacción social después del aislamiento.

Los estudios en humanos demostraron que la privación del contacto social puede provocar angustia emocional, pero la base neurológica de estos sentimientos no se conoce bien.

"Queríamos ver si podíamos inducir experimentalmente cierto tipo de estrés social, en el que tendríamos control sobre cuál era el estrés social", explica Saxe. "Es una intervención de aislamiento social más fuerte de lo que nadie había intentado antes".

El experimento

Para crear ese ambiente de aislamiento, los investigadores reclutaron voluntarios sanos, que eran principalmente estudiantes universitarios, y los confinaron a una habitación sin ventanas en el campus del MIT durante 10 horas. No se les permitió usar sus teléfonos, pero la sala tenía una computadora que podían usar para contactar a los investigadores si fuera necesario.

"Hubo un montón de intervenciones que usamos para asegurarnos de que realmente se sintiera extraño, diferente y aislado", dice Saxe. "Tenían que avisarnos cuando iban al baño para asegurarnos de que estuviera vacío. Llevábamos comida a la puerta y luego les enviamos un mensaje de texto cuando estaba allí para que pudieran ir a buscarla. Realmente no se les permitió ver gente".

Después de que terminó el aislamiento de 10 horas, cada participante fue escaneado en una máquina de resonancia magnética. Esto planteó desafíos adicionales, ya que los investigadores querían evitar cualquier contacto social durante el escaneo. Antes de que comenzara el período de aislamiento, se capacitó a cada participante sobre cómo ingresar a la máquina, para que pudieran hacerlo por sí mismos, sin la ayuda del investigador.

"Normalmente, meter a alguien en una máquina de resonancia magnética es en realidad un proceso social. Participamos en todo tipo de interacciones sociales para asegurarnos de que la gente entienda lo que les estamos preguntando, que se sientan seguros, que sepan que estamos allí", sostiene. "En este caso, las personas tenían que hacerlo todo por sí mismas, mientras que el investigador, que estaba en bata y enmascarado, se quedaba en silencio y observaba".

Cada uno de los 40 participantes también se sometió a 10 horas de ayuno, en un día diferente. Después del período de 10 horas de aislamiento o ayuno, los participantes fueron escaneados mientras miraban imágenes de alimentos, imágenes de personas interactuando e imágenes neutrales como flores.

Los investigadores se centraron en una parte del cerebro llamada sustancia negra, una estructura diminuta ubicada en el mesencéfalo, que anteriormente se había relacionado con los antojos de hambre y los antojos de drogas. También se cree que la sustancia negra comparte orígenes evolutivos con una región del cerebro en ratones llamada núcleo dorsal del rafe, que es el área que el laboratorio de Tye mostró que estaba activa después del aislamiento social en su estudio de 2016.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que cuando los participantes socialmente aislados veían fotos de personas que disfrutaban de interacciones sociales, la "señal de deseo" en su sustancia negra era similar a la señal producida cuando veían imágenes de alimentos después del ayuno. Además, la cantidad de activación en la sustancia negra se correlacionó con la fuerza con la que los voluntarios calificaron sus sentimientos de ansia de comida o interacción social.

Reuniones al aire libre en Buenos Aires. Foto Archivo.

Reuniones al aire libre en Buenos Aires. Foto Archivo.

Grados de soledad

Los investigadores también encontraron que las respuestas de las personas al aislamiento variaban según sus niveles normales de soledad. Las personas que informaron sentirse crónicamente aisladas meses antes de que se realizara el estudio mostraron deseos más débiles de interacción social después del período de aislamiento de 10 horas que las personas que informaron mayor vida social.

"Para las personas que informaron que sus vidas estaban realmente llenas de interacciones sociales satisfactorias, esta intervención tuvo un efecto mayor en sus cerebros y en sus autoinformes", precisó Saxe.

Los investigadores también observaron los patrones de activación en otras partes del cerebro, incluido el cuerpo estriado y la corteza, y encontraron que el hambre y el aislamiento activaban áreas distintas de esas regiones. Eso sugiere que esas áreas están más especializadas para responder a diferentes tipos de anhelos, mientras que la sustancia negra produce una señal más general que representa una variedad de anhelos.

Preguntas pendientes

Ahora que los investigadores establecieron que pueden observar los efectos del aislamiento social en la actividad cerebral, Saxe considera que pueden intentar responder muchas preguntas adicionales. Esas preguntas incluyen cómo el aislamiento social afecta el comportamiento de las personas, si los contactos sociales virtuales como las videollamadas ayudan a aliviar los antojos de interacción social y cómo el aislamiento afecta a los diferentes grupos de edad.

Los investigadores también esperan estudiar si las respuestas cerebrales que vieron en este estudio podrían usarse para predecir cómo los mismos participantes respondieron al aislamiento durante los bloqueos impuestos durante las primeras etapas de la pandemia de coronavirus.

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