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Argentina

Italia: el gobierno de centroizquierda se tambalea y la imagen del ultraderechista Matteo Salvini sigue en alza

En solo dos meses el nuevo gobierno de Italia aparece debilitado, dividido y próximo al desastre tras el golpe traumático del retiro del grupo indio Mittal de la acería de Taranto, la más grande de Europa, que puede dejar en la calle a 15 mil trabajadores. A Matteo Salvini, el líder de las derechas, le va tan bien que se ha puesto el saco y viste moderado. Ya no tiene prisa por gobernar: siente el perfume del poder que le va cayendo en las manos y estudia de estadista. La alianza entre los populistas del Movimiento 5 Estrellas y el partido Democrático repite el escenario del gobierno populista del 5 Estrellas con la Liga de Salvini, que duró 14 meses borrascosos de peleas y divisiones continuas que terminaron con su caída.

El poderoso grupo indio Mittal anunció la semana pasada que devolvía las llaves y que renunciaba al contrato de alquiler y de futura compra de la acería, que es un perdedero de montañas de dinero y una usina de contaminación que ha costado en veinte años centenares de casos de cáncer. El trauma ha dividido más al gobierno. El grupo Mittal dijo que se iba porque se aprobó una ley promovida por los populistas del 5 Estrellas aboliendo la inmunidad legal para los dirigentes de la acería por las consecuencias de la contaminación. La razón fundamental es otra: la demanda de acero está en crisis en Italia y en Europa, la producción no pasa de los 4 millones de toneladas anuales. No es negocio.

El caso de la acería de Taranto tiene dimensiones tan dramáticas que ha llevado al límite las tensiones en el gobierno. Luigi Di Maio, el líder del 5 Estrellas, anunció que con el Partido Democrático “no somos aliados”. Más de la mitad de los afiliados y dirigentes del PD de centroizquierda cree que es mejor romper e ir a elecciones que se perderán contra Salvini y el bloque de centroderecha, que continuar esta agonía.

El primer ministro Giuseppe Conte pasó de liderar un gobierno de centroderecha a ser el jefe de un Ejecutivo de centroizquierda, nacido con la específica voluntad de durar hasta el fin de la Legislatura, en 2023, porque es una fija que si hay elecciones las derechas con el ultraderechista Salvini al frente ganarían ampliamente.

El ministro del Interior soberanista, se supo rápidamente ganar las simpatías de amplios sectores de un país pleno de rencores y odios, estancado, envejecido, en el que Salvini cosechó una gran popularidad sobe la base del lema “los italianos primero” y la represión de la inmigración clandestina.

En agosto último, el éxito le jugó una mala pasada. Convencido de su invencibilidad, hizo saltar al gobierno para después descubrir que carecía de una mayoría parlamentaria para provocar la caída del Ejecutivo del cual formaba parte y obligar a elecciones anticipadas favorables a las derechas.

Este cuadro hizo nacer el actual gobierno con la débil alianza de los 5 Estrellas, el Partido Democrático y al nuevo partido Italia Viva de Matteo Renzi. Objetivo confesado: durar sea como sea hasta el fin del período parlamentario para evitar la segura victoria en los comicios anticipados de Salvini. La realidad demostró que la debilidad y las divisiones han terminado por producir el riesgoso tambaleo de la malquerida alianza de centroizquierda, golpeada ahora en el corazón por la crisis de la acería de Taranto.

La situación causa alarma en Europa con una Italia que por tercer año consecutivo registra el peor crecimiento, con el 0,1%. Lo peor es que hace doce años que el cero domina las estadísticas italianas. La decadencia tiene un dato de escalofrío: el nivel de vida es del 0,4% menor respecto al 2007, el año en que se inició la crisis mundial que continúa. Francia y Alemania superaron el nivel antecrisis en 2011, Italia sigue sumergida.

El primer ministro Conte, que había mostrado un optimo nivel de popularidad que ha comenzado a perder aceleradamente, decidió cortar por lo sano y viajó este fin de semana al sur, a Taranto, para poner la cara ante los trabajadores y la población. Un gesto valiente, pero Conte no tuvo ninguna alternativa para ofrecer. Ahora se habla de nacionalizar la acería, que costaría no menos de diez mil millones de euros. Esto sin tener en cuenta los subsidios permanentes de desocupación a los 10 mil trabajadores de la acería y los cinco mil que trabajan en las empresas abastecedoras.

Las cifras aterrorizan porque Italia, con sus frágiles finanzas, ha presentado un plan ante la Comunidad Europea para pasar el año que viene con un déficit de presupuesto de solo el 2,2%.

Las medidas deben ser discutidas por el Parlamento en diciembre y los choques se prometen feroces, con la oposición derechista y con los palos en las ruedas que se esperan del Movimiento 5 Estrellas y de Italia Viva, el partido que fundó el ex primer ministro Matteo Renzi, escindiéndose del partido Democrático.

Tras perder por vapuleo las elecciones regionales en Umbría, uno de los bastiones de la llamada Italia “roja”, en el centro del país, se acerca una cita más dura: el 26 de enero serán las elecciones regionales en la Emilia Romania, que durante medio siglo ha sido el símbolo y motor de la Italia “roja”, donde gobernaron los comunistas y hoy resiste el partido Democrático. Tras la paliza recibida en Umbria, Di Maio ha decidido retirarse de la alianza en las regiones con el PDI.

“Si siguen tirando de la cuerda, se romperá”, amenazan en el Partido Democrático a Di Maio. “Estamos hartos de donar sangre y recibir piedrazos” es una frase hoy muy popular entre los afiliados al PDI.

Los sondeos demuestran que si se votara mañana la Liga de Matteo Salvini recibiría el 34% de los votos, el PDI el 20% y los 5 Estrellas el 17,1%, prácticamente la mitad de lo que logró al ganar las elecciones generales de marzo de 2018, con el 32,7% de los sufragios.

Salvini se ha asegurado prácticamente la mayoría absoluta porque el partido posfascista Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Moroni, reúne en los últimos sondeos el 9,34% y Forza Italia de Silvio Berlusconi, el 7,6%. Con el 34% de Salvini, la llamada alianza de centroderecha supera el 50%, que garantizaría a Salvini en las elecciones anticipadas conquistar la mayoría absoluta del gobierno y el Parlamento.

Para vergüenza de Italia, hace unos días se decidió ponerle una custodia permanente a la senadora vitalicia Liliana Segre, de 89 años, judía sobreviviente de Auschwitz, adonde fue enviada junto con su familia cuando tenía 14 años.

Liliana recibe 200 mensajes de odio y amenazas por día via Internet y existe el riesgo concreto de un atentado terrorista de corte neofascista.

Las amenazas se hicieron graves después que el Parlamento decidió crear la llamada Comisión Segre, contra el racismo y los proclamadores de odio que crecen como hongos en esta Italia que va para atrás.

Las derechas se abstutiveron en la votación. Salvini dijo que él también recibía amenazas como Liliana Segre y que deseaba verla. El encuentro se produjo ayer en la casa de la senadora. Salvini llevó a su hija Mirta, de seis años. El diálogo fue cordial pero ninguno de los dos hizo declaraciones.

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