Entrevista a Mariana Urtasun

Mariana Urtasun (56) comenzó estudiando fonología y luego la vida la llevó por diferentes caminos. Desde 1989 trabajó en las gerencias de producto de varias empresas argentinas. Tuvo una marca de talles grandes durante 10 años, y es ahí donde empezó a ver lo que era la discriminación y el maltrato. En el año 2014, luego de pasar por una situación familiar muy dolorosa decidió dedicarse a lo social y desarrolló un proyecto que tenía que ver con la trata en los talleres clandestinos. Fue a partir de esa iniciativa que le ofrecieron hacerse cargo del botón de pánico solidario. Hizo varias capacitaciones en violencia de género. Y hoy es la responsable del Centro de Monitoreo de Alarmas y Móviles de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, la encargada del controlar los 9900 dispositivos activos. Cada uno de ellos es una víctima que se monitorea las 24 horas del día, los siete días de la semana. Desde el 2011, cuando se pusieron en práctica, ya fueron entregados unos 20 mil.

El dispositivo de seguridad tiene tres aplicaciones: SOS, chat, y la posibilidad de comunicarse con un operador para situaciones que no sean de emergencia (por mal funcionamiento del aparato, búsqueda de una comisaría u hospital, o si la persona está extraviada). En el caso de que la persona se encuentre en riesgo y no pueda hablar con el operador por encontrase cerca de su agresor u otra situación que lo amerite, existe la posibilidad de comunicarse a través de un chat, por medio del que se pueden enviar fotos y videos, un sistema similar a los utilizados en las redes sociales.

En los casos del botón antipánico judicializado, el protocolo indica que una vez que el juzgado hace entrega del artefacto la víctima, ésta se compromete a tener el aparato las 24 horas encendido, con carga, y debe ser utilizado solo para la causa por la que hizo la denuncia.

Hoy existen 9900 equipos entregados por la ciudad de Buenos Aires. (Crédito: Santiago Saferstein)
Hoy existen 9900 equipos entregados por la ciudad de Buenos Aires. (Crédito: Santiago Saferstein)

El trayecto que Urtasún atravesó hasta llegar a encabezar el Centro de Monitoreo “fue largo”, asegura. “Siempre trabajé en la parte de gerencial de empresas. Pero por una situación familiar complicada decidí que ya no quería más eso. Quería dedicarme a algo que tuviese más que ver con lo social. Armé un proyecto, que no tenía relación con los botones antipánico, pero sí con la problemática de la mujer, que era la trata dentro de los talleres clandestinos. Eso no prosperó y me ofrecieron tomar este cargo”.

-¿Qué panorama encontraste?

-Fue un shock muy grande. No podía creer la cantidad de víctimas que había sólo en la ciudad de Buenos Aires. La verdad es que a medida que fui entendiendo la problemática, tanto de la mujer como la que se genera en la propia central de alarmas, fui empatizando bastante con la parte policial. Me hice más fuerte y vi que los casos que llegan son muy complicados. Aprendí mucho...

-A entender que esos comentarios como ‘ella le abrió la puerta’ o ‘ella lo aceptó’ no sirven para nada. La verdad es que la víctima está tan enferma como el agresor. Siempre repito que el botón sólo no es todo. El botón es un medio electrónico, digamos, de vigilancia. Lo que sirve es el trabajo en equipo, donde participen varias áreas: la Justicia, la parte social, y nosotros en un rol más policial. Nosotros tenemos varios casos donde la misma mujer tiene diferentes agresores. O sea, se le dió el botón porque recibió violencia de alguien, después lo devolvió o la medida judicial se cerró y, al tiempo, tiene otra pareja que también la agrede. Es una clara demostración de que si no se trabaja interdisciplinariamente con la víctima, el botón por sí mismo tampoco sirve.

Dice Urtasun que no hubo ninguna muerte de una mujer con botón antipánico en la ciudad de Buenos Aires. (Crédito: Santiago Saferstein)
Dice Urtasun que no hubo ninguna muerte de una mujer con botón antipánico en la ciudad de Buenos Aires. (Crédito: Santiago Saferstein)

-¿Cómo funcionan los botones antipánico?

-Cuando la víctima presiona el dispositivo, el SOS, su llamado entra al Centro de Monitoreo. Automáticamente vemos el geoposicionamiento del botón, dónde está ubicada la persona, y nos ponemos en contacto, porque automáticamente nos aparece todo el paquete de datos. Entonces, mientras el operador toma contacto con la víctima y habla con ella, se elabora lo que nosotros llamamos una Carta 6-911, que es la comunicación que tenemos con el Comando de Operaciones. Si la víctima puede, nos va describiendo la situación en la que está y el operador le describe el caso al 911. Ellos despachan un móvil desde la comisaría más cercana hacia la localización que aparece del botón. Mientras eso sucede, nosotros no cortamos nunca la comunicación con la víctima. En caso de que no pueda hablar, porque el agresor está ahí en el momento, nosotros seguimos en comunicación para poder escuchar el ruido ambiente, y de esa manera poder ampliar los datos que le damos al 911. Si entendemos que la situación es demasiado grave, tenemos la posibilidad de comunicarnos directamante al Comando por medio de la radio, para que la llegada sea mucho más rápida.

-¿Por qué en algunos casos no funciona?

-Funcionar, funciona. El problema es que cuando interactuamos mediante el Comando Radioeléctrico con otras jurisdicciones policiales y jurídicas, dependemos del desplazamiento policial de cada provincia. Otros problemas que existen es que a veces la batería no están bien cargada, o cuando nos llaman desde una zona donde no hay buena señal de la prestadora de la telefonía. El rastreador tiene un margen de precisión de entre 30 y 200 metros, no es exacto. Y el funcionamiento del GPS puede variar de acuerdo a la ubicación de las antenas cercanas -que demora la llegada del móvil por la dificultad de geolocalizar a la persona, el clima (si llueve) o, como dije antes, si el botón antipánico tiene poca batería.

-¿Que hacen si en el medio de la comunicación, el dispositivo se apaga?

-Enviamos un móvil por las dudas, ya que entendemos que paso algo. No conocemos la causa por la que se apagó, pero puede ser accidental, o porque el agresor lo apagó o lo rompió.

El buen funcionamiento de los botones y que la víctima se preocupe por tenerlo cargado son cuestiones fundamentales para su éxito.
El buen funcionamiento de los botones y que la víctima se preocupe por tenerlo cargado son cuestiones fundamentales para su éxito.

-Nosotros entregamos los dispositivos solamente por oficio judicial. O sea, la víctima hace la denuncia en alguna comisaría, se deriva a la Oficina de Violencia de Género y ellos evalúan el riesgo que corre cada víctima. A partir de ahí se sortea el juzgado o la fiscalía que corresponda. Y luego, desde ahí, nos llega el oficio solicitándolo. Entonces citamos a la víctima para que retire el dispositivo, o viene directamente con el oficio en la mano y nosotros hacemos la entrega.

-¿Todas las mujeres en situación de violencia aceptan el botón antipánico?

-Una víctima de violencia de género está dentro de un círculo del que es muy complicado salir. Y a veces da impotencia cuando uno le entrega el dispositivo y a la semana viene, todavía con la cara golpeada, a devolverlo, diciendo que ya no tiene problemas con el agresor. Nosotros tenemos psicólogas, tratamos de que ellas entiendan que es una medida de protección, que la tienen que llevar más allá de que hoy estén bien con el agresor. Y de repente dicen ‘no, no, no, y no’. Es el círculo de violencia, donde el agresor la golpea, le pide disculpas, vuelven a estar juntos, le vuelve a pegar, le vuelve a pedir disculpas, le compra un ramo de flores, la lleva de viaje, le dice que es la mejor, y después regresa el insulto, el “sos la peor”. Muchas veces la víctima no decide, o no puede, no busca ayuda. Es muy complejo.

-¿Ayudaron a reducir los ataques estos dispositivos?

-Durante el 2017, gracias a los botones, hubo 95 detenidos. Pero lo más importante es que las víctimas saben que hay alguien que la está protegiendo. Que desde el Estado, en este caso del Gobierno de la Ciudad, le están dando la posibilidad de que se sienta segura, que alguien la escucha y la está mirando, y que va a acudir ante una necesidad. Después, como todo, hay situaciones difíciles, a las que no pudimos llegar. Son dolorosas porque a veces la víctima no toma conciencia de que tiene que tener el botón encendido, que tiene que estar cargado, que no tiene que esperar a que la situación pase a mayores.

-... Y que lo debe tener encima.

-Exacto, porque nos ha pasado, por ejemplo, que entran llamadas por el 911, y el 911 nos la comparte porque sabe que tiene botón, y el problema es que lo tenía apagado y descargado, entonces cuando se acercó el agresor no podía utilizarlo. Para nosotros es muy importante la educación que damos con el uso del dispositivo. A las 24 horas que la víctima retira el botón nuestro personal se comunica para ver si entendió cómo es el funcionamiento, si tiene alguna duda, si funciona, hacemos pruebas. Todo, para que también sienta que es una herramienta que le va a servir y que tiene que cuidarla para poder usarla en el momento que la necesita.

SOS, víctima en peligro. (Fernando Calzada)
SOS, víctima en peligro. (Fernando Calzada)

-¿Hubo algún caso de mujer con botón antipánico que haya terminado asesinada en la ciudad de Buenos Aires?

-¿Qué debería mejorar el sistema para ser más efectivo?

-En cuanto a la tecnología nada. Si seria importante concientizar a la justicia de que el botón debe entregarse solamente cuando tomen medidas de restricción de acercamiento, y que estas sean mayores a los 300 metros.

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