Argentina
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Mamá top. Milagros Schmoll, modelo y musa de Jean-Paul Gautier, nos presenta a sus hijos Benoit y Amber

“Me tomé un tiempo que era muy necesario para mí. Fui amable conmigo en ese sentido. Me di la posibilidad de vivir mi primer embarazo y mi primer puerperio en privado, quería entender la maternidad y desarrollar un lindo vínculo con mi hijo”, nos confía Milagros Schmoll (32). Después de construir una carrera como modelo en el exterior (a los 16 años se instaló en París para desfilar para las mejores casas de alta costura), la musa de Jean-Paul Gaultier puso en pausa su trabajo de mannequin para nutrir aspectos de su vida que habían quedado relegados.

“Fue un paréntesis importante que me centró. Sé que soy una afortunada por haberme podido tomar un tiempo y, a su vez, me lo merecía porque empecé a trabajar a los 13. Ahora me siento más equilibrada”, continúa Mili, quien desde un principio contó con el apoyo de su pareja, Agustín Trosman (46, empresario textil), que la conquistó a fines de 2017 y con quien se convirtió en madre de Benoit (3) y de Amber (1).

–¿Cómo describirías tu experiencia con la maternidad?

–De transformación total. La maternidad me hizo más humana: aprendí a valorar las cosas simples, la salud y el milagro que es poder crear vida. También hubo una búsqueda personal: decidí empezar a ocuparme de mí, hacer terapia, practicar yoga, meditar. Estoy más sensible y más conectada a mis emociones que antes.

–Tu gran sueño era formar una familia…

–Todo llegó cuando tenía que llegar. El destino se encargó de mostrarme que las cosas se dan a su debido tiempo, que la persona correcta aparece y que no hay que apurar los procesos. Vamos a cumplir cuatro años con Agustín. Es un gran hombre y el mejor compañero. Como papá es un dulce, tiene mucha paciencia y es muy dedicado.

–Es de perfil muy bajo y, sin embargo, accedió a posar con vos y con los chicos en Mendoza.

–Sabe que estoy con ganas de volver a trabajar y me acompañó. No lo hice posar, fue más bien un “Ponete ahí” y sacamos las fotos rápido. [Se ríe].

–¿Qué los llevó a Mendoza?

–Estamos con ganas de conocer un poco más de Argentina y cuando se empezó a abrir todo, empezamos a hacer miniescapadas con los chicos. Antes nos habíamos ido a Ushuaia y quedamos impactados con la belleza de nuestro país.

–¿Tienen planes de casamiento?

–El plan quedó stand-by por la pandemia. Lo vamos a hacer, pero a nuestra manera: soñamos con algo íntimo, en la playa. No tenemos apuro tampoco, estamos tratando de desoír mandatos ajenos. Nuestro compromiso es desde el alma, los dos sabemos el amor que nos une.

–Viviste tu segundo embarazo en cuarentena. ¿Cuán distinta fue esta experiencia a la anterior?

–Quedé a principios de 2020. Estábamos de vacaciones en Miami y cuando volvimos a Buenos Aires, ya había colapsado todo. Al principio, tuve un poco de miedo, más por lo que escuchaba… Fue un embarazo solitario: Agustín no pudo acompañarme en ningún estudio y no pude ver a mis amigas, ni a mis hermanas. Si bien tenía a Agus y a Benoit, me faltaron los otros vínculos. Fue raro que nadie viniera a conocer a la beba al sanatorio.

–¿Cuán distinta es esta maternidad a la primera?

–Con Benoit no sabía nada, aprendí sobre la marcha. Con él fui muy sobreprotectora y con Amber, nada que ver. No estar mirándola todo el tiempo hace que nuestro vínculo sea más relajado.

–¿Qué cosas te encargaste de no repetir con Amber?

–Con su hermano tenía disponibilidad full-time y eso hace que Benoit hoy me demande más. Con él tengo que trabajar los límites y con Amber, no. Amber es observadora, aprende al toque y puede quedarse sola jugando más. Benoit se aburre rápido, es más físico, necesita moverse. Ama los perros y los caballos y es más pegado a mí.

–¿Cómo son tus noches?

–Un caos. [Se ríe]. Llora uno, se despiertan los dos y yo corro de un cuarto al otro. Hay veces que me quedo dormida en la cama de Benoit, otras que me traigo a Amber a mi cuarto y algunas que amanezco con los dos encima. Las noches son un submundo y uno hace magia, dormido.

–¿Cómo hiciste para volver a tu peso?

–Hago mucha actividad física y tengo una muy buena nutricionista: Luciana, mi hermana. Hubo un momento en que me estanqué y no podía bajar los kilos que me quedaban y ella me organizó. Básicamente, me enseñó a comer bien de nuevo.

–En las últimas semanas, volviste a compartir fotos en tu cuenta de Instagram. ¿Se viene Mili influencer?

–No quiero ponerle un título a esta nueva etapa. Como modelo, hice campañas, alta costura, editoriales, comerciales y, en Francia, incluso cine. El mercado nunca me limitó. Si bien me tomé un recreo, sigo siendo la modelo internacional que siempre fui y quiero seguir relacionada con la moda, el diseño y el arte, que son mis tres pasiones. Estoy poniéndoles foco a mis redes sociales.

–Trabajar para vos misma, además, te da una mayor flexibilidad.

–Ahora que soy mamá, mi trabajo tiene que ser una experiencia positiva para todos. Benoit y Amber son chiquitos todavía y cualquier cosa que haga tiene que complementarse bien con esta nueva realidad. Ya no tengo disponibilidad para hacer fotos durante doce horas seguidas.

–¿Volverías a subirte a una pasarela?

–Podría hacerlo, hace años que no desfilo y me encanta, pero lo cierto es que tengo otro objetivo en mente. Con Agustín estamos con un proyecto que tiene que ver con los aromas y los sabores.

Agradecimientos: Damián Soloducha (fotos), Santiago Sibila (estilisimo), Luis Fernando García (maquillaje y peinado), Cavas Wine Lodge, Entreandes Paraíso Infinito y Tramando