Argentina

Marcelo Grosman: la mirada en constante mutación

Una batería de estrategias y recursos más o menos evidentes, de técnicas y modos de expresión, construyen la trayectoria del artista Marcelo Grosman, ahora recopilada en La invariante temporal (Arta ediciones), un libro que recorre en capítulos coincidentes con sus series de trabajos, su obra de inspiración conceptual, tan prolífica como en constante mutación. El volumen de más de 300 páginas, generoso en fotografías, ofrece un recorrido cronológico que pronto se bifurca en función de su complejidad –terreno fértil para los investigadores y teóricos culturales. Los textos de Ariel Schettini, Virginia Castro, Santiago García Navarro y Amanda de la Garza Mata incluidos en el libro establecen focos, trazan puentes entre ideas y crean narrativas inéditas a partir de los rastros que el artista pone en exposición, con títulos que articulan aun más significados. Si Micropolítica (1989-1997) evoca a Foucault, la serie inaugural en la que se ven hombres empuñando armas, esvásticas hechas con birome y un parque de diversiones como decorado de tevé, entre otras, también entiende a la política hecha de gestos que calan hondo en los sujetos; y si las parejas de Biopolítica (2000-2005), en pose ficticia (“personas que la publicidad descarta”), deja ver su apuesta por la grandeza de lo micro y lo plebeyo, también lo sitúa en esta parte del mundo.

Una doble página del libro, con dos imágenes del capítulo “Actividades panfletarias”.

Una doble página del libro, con dos imágenes del capítulo “Actividades panfletarias”.

Aunque había dejado de hacer fotos para crear, en cambio, apropiándose del repositorio virtual y real de imágenes ya existentes, con su serie Guilty! (exhibida por primera vez en 2010 en la galería Foster Catena), Grosman se vuelve un artista del archivo. Convierte las imágenes de la cultura de masas en insumo estético y las exhibe en instalaciones, por lo general con imponentes dispositivos de montaje. En esta primera serie recurre a las fotos clásicas de frente y perfil del aparato judicial-policial para, a través de una superposición de lecturas y de imágenes, volver irreconocibles a los sospechosos, a la vez que deja en evidencia cuán vigentes están aquellas ideas lambrosianas (a partir de Césare Lombroso) en los aeropuertos y cruces fronterizos hoy. La serie fue recreada más tarde en Chicago, Estados Unidos, con un archivo local.

Femenino 26-30, de la serie “Guilty!”

Femenino 26-30, de la serie “Guilty!”

Su primera exposición en la galería Nora Fisch en 2016, La humana máquina expresa de manera precisa el procedimiento del uso del archivo y la intención de fomentar una decodificación confusa de imágenes originadas en distintas etapas de la técnica –mimeografiadas, impresiones offset, digitales láser y fotocopias–, donde los recortes ambiguos del cuerpo tienen protagonismo. Pero el trabajo de archivo ya estaba presente, de manera germinal, en El Combatiente (1996-1998), la serie de retratos de miembros de las fuerzas armadas –aunque hay un sacerdote también– que, desafiantes, ignoran la cámara. La serie contiene alguna de las imágenes más reconocibles de la fotografía contemporánea argentina, pero además se inscribe en el momento en que los debates sobre el pasado fueron silenciados con asombrosa eficacia, indultos mediante. Así, con mayúsculas, El Combatiente incluye del archivo la referencia al órgano de expresión del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), según arriesga Virginia Castro, doctora en Letras de Universidad de La Plata en su texto “Las deliciosas reuniones de MALENA”. En la emblemática mesa-vitrina con lupas disponibles para ver en detalle la colección visual seleccionada con dedicación por Grosman, conviven las rémoras de la prensa político-revolucionaria de los setenta con los fanzines contemporáneos y también los de los ochenta y los fotologs, precursores del ubicuo Instagram. Todas imágenes de baja calidad, aspecto que empeora bajo la lupa, abundan los recortes ambiguos del cuerpo que plantean críticas en diferentes direcciones. Qué quedó –pregunta Castro– de la iconografía político revolucionaria en un mundo vaciado de política.

“Diseño #1 (Confusión)”, de la serie “La humana máquina”.

“Diseño #1 (Confusión)”, de la serie “La humana máquina”.

En la serie Investigaciones sobre el baile y la violencia se desarrolla otro de los ejes de su trabajo, el encuentro entre violencia y deseo, mientras que en su obra tardía, en la Serie negra y la OP./Fin (Operación fina l), está marcada por la opacidad y la ausencia del cuerpo, del que solo quedan vestigios.

La invariante temporal quizás alude a la condición anacrónica de las imágenes, como instrumentos de poder y seducción. O tal vez a la marca de los años 90, una atención concentrada en descubrir el artificio perfeccionado por la época de la pose, cuando el conocimiento de los códigos resultaba vital para no caer en la estafa de lo auténtico.

Pero si algo se repite, si hay una invariante en la obra de Grosman no es solo el tiempo o el cuerpo sino una cualidad que construye un estilo, una mirada que se desarrolla en ideas y que atraviesa de principio a fin este libro, que es en sí mismo una obra.

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