Argentina
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¿Quién quiere nuevas universidades?

El Congreso se disponía a tratar y aprobar la creación de ocho nuevas universidades nacionales. Sobran las suspicacias, falta planificación.

Si hay un clima en el que debiera debatirse la creación de nuevas universidades nacionales seguramente sea el contrario al que se vivió el jueves pasado en Diputados, cuando a raíz del conflicto de Cristina con la Corte por el Consejos de la Magistratura -que se trasladó a la Cámara Baja-fracasó la sesión y todo terminó en un escándalo.

En lo referido a las universidades, la cuestión ya venía mal barajada desde antes. Es cierto que en Diputados se venían acumulando proyectos para la creación de nuevas casas de estudios superiores. Eran ocho en total (Pilar, Delta, Saladillo, Ezeiza, Madres de Plaza de Mayo, Río Tercero y Paraná). Pero hasta la semana anterior solo tres tenían dictamen de comisión: Pilar, Delta y Saladillo.

Ante la inminencia de fin de año y la posibilidad de que esos tres proyectos perdieran estado parlamentario, la semana pasada el oficialismo pisó el acelerador: el martes aprobó en comisión dictámenes de los cinco proyectos nuevos y se disponía a aprobar los ocho el jueves, dos días después. Está claro que cuando quieren, los diputados pueden trabajar rápido.

Aunque tanta velocidad no sirvió de nada, visto que el envión chocó ese mismo jueves en el recinto y por una cuestión que nada tiene que ver con las universidades ni con la educación.

El episodio, de todos modos, sirve para ilustrar y acaso repensar los mecanismos que tiene el país para diseñar políticas para la educación superior.

A las universidades nacionales hoy las crea el Congreso (quien luego define su financiamiento) con el único requisito de un informe positivo del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), el organismo que agrupa a los rectores de las mismas universidades nacionales.

Este mecanismo, iniciado en con la vuelta de la democracia, tuvo cierto éxito al comienzo. En los noventa se desarrollaron nuevas universidades que, además de acercar los estudios superiores a jóvenes que antes tenían dificultades para acceder, lograron buenos estándares en formación e investigación. En los setenta también hubo un plan que tuvo buenos resultados. 

Pero en los últimos años todo cayó en la suspicacia y la falta de planificación. Sobre todo, durante el último gobierno de Cristina cuando se crearon 17 universidades, casi todas en el Conurbano e impulsadas por los intendentes.

Con algunas de las nuevas que se debatían en el Congreso parecería pasar lo mismo, sobre todo si uno mira quiénes son los diputados que firmaron cada proyecto.

Las universidades nacionales -gratuitas y muchas de alta calidad- son uno de los activos más importantes que tiene el país. Hoy se necesitan mecanismos para la planificación y creación de universidades que potencien lo bueno que existe y que no envuelvan a todo el sistema en un manto de sospechas.