El disparador fue Frida Kahlo. Toda ella en general, pero una frase particular: “La tinta y la sangre huelen / No sé qué tinta usar que quisiera dejar sus huellas”. Así despega Silvia Iriondo cuando PáginaI12 le pide un input sobre su nuevo disco: Pasionarias. “La idea de hacer este trabajo surgió hace unos quince años, cuando me encontré con diversos escritos de Frida… poemas y reflexiones sobre su vida y el arte, básicamente”, introduce la fina y portentosa cantora, acerca del trabajo que por supuesto no se quedó en la pintora mexicana, sino que se posó sobre ella para ir más allá. Y encontró, tras sus huellas, a Violeta Parra, Leda Valladares y Chabuca Granda. “Empecé a encontrar la maravillosa sincronía que existe entre éstas cuatro mujeres, sus vidas, sus obras y sus miradas acerca del mundo. El disco se fue haciendo así, libre”, detalla

Para tornar posible y material la sincronía, Iriondo convocó una banda de lujo: Mono Hurtado al contrabajo; Tiki Cantero en batería y percusión, y el entrerriano Carlos Aguirre en piano. No puede salir otra cosa que exquisitez y pasión de la conjunción de estos tres músicos, con la voz de la experimentada cantora entremedio. Así lo denotan las diez piezas que pueblan el trabajo: tres de Leda (“He sembrado una pasión”, “La canastita”, “Quien ama y sufre”); tres de Violeta (“La lavandera”, “La jardinera”, “Arriba quemando el sol”); y tres de Chabuca (“Canterurías”, “Ese arar en el mar”, “Me he de guardar”), más el “Pala-Pala”, bajo el fin de completar la decena, manteniendo el equilibrio cuantitativo entre las tres --aunque Leda lleve una ventajita, claro--. “Me inspiré en la versión que ofrece Valladares del “Pala Pala” que, como se sabe, es una danza y canción que forma parte del cancionero anónimo popular argentino. Lo elegí porque muestra la variedad rítmica, el sabor y la picardía de nuestro folclore”, amplía Iriondo.

El nexo que buscó y encontró Silvia para resumir a las cuatro mujeres en una consiste principalmente en el habla hispana, pero también en el carácter inmanente y trascendente que configuraron sus obras para el rumbo que transita hoy –parte-- del arte en América Latina. “Se trata de mujeres indo afro americanas, inmersas en las culturas que les son propias”, asegura ella. “Además, son artistas que supieron valorar el origen histórico cultural de sus pueblos. Un poco lo de Pasionarias tiene que ver con eso ¿no?, con el hecho de que fueron rupturistas, apasionadas por el ser y hacer del arte una construcción libre, original, inclusiva y desafiante al estilo y creencias de la época. Fueron pioneras de la canción popular, de la palabra, del trazo y el compromiso, porque las une un mismo modo de mirar, de entender el mundo, el arte y lo femenino”.

La idea de Pasionarias cobija en su seno también la figura de Dolores Ibárruri, la diputada vasca a quien llamaron así por su incansable lucha en defensa de los derechos de la mujer durante las bravas épocas de la guerra civil. “Además, hay una flor llamada así, o pasiflora… es una flor perenne, rústica y sola, oriunda de América Latina y apta para todo tipo de climas”, cuenta la cantora.

--Se intuye, dadas tus inquietudes hurgadoras, que varias artistas habrán quedado fuera de la elección. ¿Quiénes y por qué, en tal caso?

--Muchas otras hay que conozco como Rigoberta Menchú, Luzmila Carpio, Marlui Miranda, Isabel Aretz, Aimé Painé o Gerónima Sequeira, y otras tantas que desconozco, claro. Como fuere, se trata de un tejido milenario de voces cercanas que trascendieron en su labor y son anónimas, semilla viva de gestación del arte popular americano, y que dejaron su impronta, por supuesto. Pasionarias solo contempla cuatro de ellas… cuatro que son fuente de inspiración, que han dejado una obra contundente y son referente actual de la vida cultural del continente.

--¿Tenés pensado un volumen 2 o algo así? Por lo que decís, cabría…

--Por el momento no, pero bien podría contemplarse no uno, sino dos o tres volúmenes, porque la obra de todas ellas es infinita, de una belleza inconmensurable, profunda, llena de poesía y vigencia.

Además de dar el puntapié inicial con una frase, Kahlo se ha colado en el trabajo con otros textos, ilustraciones y pinturas suyas, tal el caso de “La venadita”, puntualmente acompañada por una copla mexicana anónima que reza así: “Soy un pobre venadito que habita la serrana / Como no soy tan maldito, no bajo al agua de día / De noche, poco a poquito, a tu brazos, vida mía”. “Retomo lo dicho al principio”, vuelve Iriondo. “Fue desde los poemas y escritos de Frida que fui encontrando la íntima relación entre las cuatro mujeres. Conocía su obra, sus pinturas, pero fue a partir de libros sobre su vida, diarios y escritos que se me despertó la necesidad de mostrar el universo afín que las une. Un mapa tejido por cuatro mujeres americanas, al cabo”.