Bolivia

Dramas de libros y filmes que se parecen a la pandemia de la Covid-19

Probablemente una de las frases más repetidas en las charlas de hogar o a través del Zoom al comentar la cuarentena ha sido: “Esto parece una película, ¿no?”. También se parece a partes, en algún caso muchas partes, de ciertos libros. La humanidad ha vuelto a mirarse en esos momentos donde la realidad se confunde con la ficción. Incluso hay quienes ya proyectan los libros y filmes que se parecerán a la realidad dentro de unos años, décadas y más.

De principio, por su efecto masivo y cercano, los nuevos escenarios de la cotidianidad han recordado el menú hollywoodense de las pandemias. En varios casos, versiones que se catapultaron en direcciones extremas que muestran ejércitos de zombis. La lista allí se inicia con obras como World War Z” yPandemic” yThe Omega Man”, donde destaca la primera.

En ellas, pese a todo, no queda demás lo que el crítico James Rocchi ha recordado respecto a que toda exageración encierra un mensaje subliminal que luego se traduce en la realidad: “¿Es el miedo sembrado durante la cuarentena lo que deforma las relaciones sociales al extremo de ver a los otros como un monstruoso peligro de contagio fatal?”.   

Sin embargo, otras historias más “realistas” y reflexivas se inspiraron en la noción de que la humanidad fuese amenazada por un asesino microscópico. La lista empieza con “La amenaza de Andrómeda” (“The Andromeda Strain”), que a fines de los 60 ya había sido un éxito editorial del libro de Michael Crichton. Un agente biológico llega a la superficie terrestre en un satélite que es forzado a reingresar. Se desata entonces un mortal contagio en un poblado y una frenética carrera para detener su creciente expansión.

En 1995 llegó “Estallido” o “Epidemia” (Outbreak”). En ella un virus en el aire se introduce accidentalmente en EEUU proveniente de África. Un equipo de médicos batalla para salvar una ciudad donde la infección se expande. Ese mismo año, se estrenó Doce monos, la trama sobre el uso del viaje en el tiempo para tratar de frustrar una plaga que aniquilará a la mayoría de la humanidad.

El filme predictivo

Sin embargo, el filme que más ha sido recordado en estos meses de pandemia es “Contagio”, liderado por un director bastante afecto a Bolivia, Steven Soderbergh, y escrita por Scott Z. Burns.  Se estrenó en 2011. Relata la rápida expansión de un virus del que no se tenía conocimiento y desataba una emergencia generalizada. Un reparto de celebridades protagoniza la película: Gwyneth Paltrow, como la paciente cero, Matt Damon, Lawrence Fishburne, Kate Winslet, Jude Law y Marion Cotillard.

La cinta tomó características notablemente predictivas. Se anticipó a términos y situaciones que hoy se viven. Ciudadanos con barbijos, hospitales en China, ruedas de prensa donde las autoridades explican términos que hasta hoy no habían sido escuchados. Hay coincidencias llamativas. Por ejemplo, el virus se origina en China (Hong Kong) y también en un mercado de animales. Es más, quien desata la crisis es un murciélago, que deja caer un trozo de plátano infectado de su boca. Lo come un cerdo que acaba en un restaurante chino. Allí el cocinero estrecha la mano de Gwyneth Paltrow, convirtiéndola en la primera infectada del filme y de la pandemia.

El filme de Soderbergh también coincide con la forma de contagio. Es decir, el virus se transmite a través de las secreciones de personas infectadas, principalmente por contacto directo con gotas respiratorias. La paciente cero, Paltrow, regresa a Minnesota con una extraña enfermedad después de su viaje a Hong Kong. En cuestión de días, ella está muerta y deja a su esposo (Matt Damon) en estado de shock. Luego, otros comienzan a mostrar los mismos síntomas y el brote se extiende por todo el mundo. Entonces, se ven escenas marcadamente actuales: aeropuertos, calles y carreteras vacías; ciudadanos en pánico y colapsos médicos u hospitalarios.

Libros “pandémicos”

Pero los libros y la libertad que le permiten a la imaginación también han sumado lo suyo sea en la memoria o en la sorpresa “profética”. En estas semanas se reposicionaron clásicos como "La máscara de la muerte roja", de Edgard Allan Poe, de 1848; "La montaña mágica", de Thomas Mann; "El amor en los tiempos del cólera", de Gabriel García Márquez; "Ensayo sobre la ceguera", de José Saramago, y "La peste", de Albert Camus.

Este último fue escrito en 1947. Ha sido interpretado como una alegoría literaria donde hay varias visiones de, por ejemplo, "cómo en un mundo sin Dios y cuando azota una catástrofe colectiva el único valor es la solidaridad; cómo el Estado se convierte en un órgano represor que con la intención de salvar al individuo reduce las libertades".

Y entre los autores internacionalmente recordados en estos días se halla el boliviano Edmundo Paz Soldán con "Los días de la peste", de 2017. La obra está centrada en una prisión llamada La Casona, en un país latinoamericano. Cuenta las aventuras y percepciones de 30 personajes de todas las capas sociales. Curiosamente, el momento "presente" se basa en la epidemia que se declara junto a una crisis política.

Y entre las obras más vivenciales han sumado "La peste escarlata", de Jack London, de 1912. El libro relata cómo por la Tierra se propaga una pandemia de peste, rápida e indiscriminadamente. No discrimina clase social, género ni edad. Nadie puede escapar de su destino, el caos, decisiones dictatoriales, saqueos, injusticias... Para mayor crudeza suma "La danza de la muerte", del temido y seguido Stephen King, de 1978. Un arma biológica diezma a la sociedad, se basa en un virus desconocido, una supergripe llamada "Proyecto Azul". La mortandad supera el 99 por ciento.

Pero, así como en el caso de “Contagio” para los filmes, el "libro profético" de la Covid-19 ha sido la novela de terror escrita por el estadounidense Dean Koontz (1945). Fue publicada hace 40 años. Sorprendentemente trata sobre una virulenta epidemia que surge en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, es decir, la zona cero del coronavirus de China. La novela titula “Los ojos de la oscuridad” (“The Eyes of the Darkness”).

Novela “profética”

La obra describe una misteriosa enfermedad que sólo afecta a seres humanos y constituye una “poderosa arma biológica” desarrollada en unos laboratorios ubicados en las afueras de la mentada ciudad china. En la novela de Koontz un científico chino llamado Li Chen lleva a los Estados Unidos una cepa del virus, desarrollado en los “laboratorios RDNA” teniendo como base una cepa de más de 400 microorganismos artificiales, el virus es denominado como “Wuhan-400”.

“Al igual que la sífilis, Wuhan-400 no puede sobrevivir fuera de un cuerpo humano vivo por más de un minuto, lo que significa que no puede contaminar permanentemente objetos o lugares enteros como el ántrax y otros virulentos microorganismos”, puede leerse en la novela. Y hasta ahí va la parte más “amable”, pero también profética del texto.

Al señalar la propagación del virus como un arma biológica la novela alienta a quienes apoyan las teorías de la conspiración. Precisamente, en estos grupos y sus respectivos cíber foros, durante la cuarentena también se han citado obras clásicas del cine y la literatura como predictivas ya no de la pandemia en sí, sino de sus consecuencias. Allí se cita, por ejemplo, que el fin último de un coronavirus diseminado por el planeta apunta al sometimiento cibernético de la humanidad. Aluden a una dictadura global basada en un vasto poder tecnológico que confina a las gentes hasta dejarlas en un estado prerrobótico.

Y entonces, en la lista de las obras recicladas se añaden desde “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, pasando por “Matrix” de los hermanos Wachowsky, hasta “1984”, de George Orwell.    

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