logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo
o
q
y
Nothing found
ICO
star Bookmark: Tag Tag Tag Tag Tag
Chile

“¡Antes de la alcaldía ciudadana, el Frente Amplio no existía!”

En su oficina, Jorge Sharp mantiene una interesante colección de objetos. Un cuadro de Allende —“y no de Piñera”, dice sonriendo—, un aparatoso mueble donado por la Corona inglesa a Valparaíso, varios libros de José Martí repartidos y una radio de emergencia junto a su escritorio.

En un pequeño armario, guarda una botella de ron y habanos regalados por el cónsul cubano, junto a una corbata amarilla y azul que el propio Piñera le regaló durante una visita al Congreso.

—Como me vio sin corbata y para huevear al diputado Urrutia, le pidió a su edecán que me trajera una. Como tenía los colores de la UDI, le dije: “oiga, presidente, así no po’, mire estos colores tan feos”. Desde la esquina de la mesa, Hernán Larraín me miró con cara de “pendejo conchetumare” —, recuerda el alcalde.

A un costado de la oficina, un ventanal que termina en un ventanal se alza sobre la avenida Condell. Parece un balcón presidencial.

– Dices que estos dos años se han sentido como 20. ¿Por qué?

Ni la política o político más experto está preparado para enfrentarse y cometer errores. Por eso creo que el carácter colectivo del proyecto es fundamental. No tiene que ver solamente con que si el alcalde toma o no decisiones acertadas, sino que más bien con la construcción de un equipo que tenga claro para dónde va el proyecto.

– Partiste mencionando los “errores”. ¿Crees que los has cometido?

Sí, claro. Podríamos hacer un libro con todas las cosas que no han resultado.

– Han hecho dos.

Claro, han hecho dos. Personalmente creo que esos libros no le hacen justicia al proceso, sino más bien responden a otra lógica. Pero sí, hemos cometido errores y los vamos a seguir cometiendo, ese no es el problema. El problema es no perder el rumbo. Se nos dice que hoy hemos dejado de ser participativos, que hemos dejado de ser “ciudadanos”. Pero creo que hoy somos muchos más de los que éramos el 23 de octubre, el día que ganamos.

***

Jorge Esteban Sharp Gajardo nació hace 33 años en la fría Punta Arenas, ciudad donde el apellido “Sharp” está inevitablemente ligado a la música. El abuelo del alcalde, Jorge Sharp Corona, es conocido como “el hombre del violín”. Con sólo 11 años, formó el Conjunto de los Hermanos Sharp, el cual perduró —con algunas variaciones— por más de 50 años. Los hijos de Sharp Corona siguieron su camino, y así lo hicieron también los nietos. Hace poco, Jorge cumplió el sueño de cantar “El Pueblo Unido” con los Quilapayún en el Teatro Municipal de Valparaíso.

“Nos debemos con Gabriel una conversación, particularmente sobre su carta”.

Sobre su formación política, el alcalde reconoce venir de una familia sin afiliación particular.

“En mi casa siempre hubo discusión sobre lo que pasaba en el país, pero muy por arriba. Ya en el colegio me tocó conocer a profesores que nos permitieron acceder a ciertos debates sobre política”, dice. En ese contexto, en segundo o tercero medio, apareció la figura política más importante para el joven Sharp: Salvador Allende.

—Su figura, lo que significaba, la vía chilena al socialismo con empanadas y vino tinto. Llegó Allende a mi vida y lo abarcó todo—, describe.

Por esos años, Sharp se convirtió en dirigente estudiantil del Liceo Salesiano San José, tiempo en que conoció a otro joven dirigente magallánico: Gabriel Boric Font.

Al cumplir la mayoría de edad, Sharp se instaló en Valparaíso para estudiar Derecho. Allí, en 2008, participó de la fundación de Izquierda Autónoma (IA), organización que en 2016 se quebró, dando vida al Movimiento Autonomista. Uno de los motivos de la división fue, precisamente, la inscripción de Jorge Sharp para competir en las primarias ciudadanas de Valparaíso.

“Fueron diferencias de método”, resume Sharp. Hoy, el MA cuenta con tres diputados y es el segundo movimiento más influyente de todo el Frente Amplio.

“Creo que el tiempo nos dio la razón. Y el proceso de Valparaíso jugó un rol muy importante en la dinamización posterior del Frente Amplio. No es pecar de orgullo. Para muchos frenteamplistas, la Alcaldía ciudadana es una referencia. Contribuyó decisivamente a la irrupción del FA como un actor en la política nacional ¡Antes de la Alcaldía ciudadana, no existía el FA!”, afirma Sharp.

– Siendo magallánico, ¿no hubiese sido más lógico postular a un cargo allá, como Boric?

No. He hecho toda mi vida política en Valparaíso. Hubiese sido de “trasplantado” haber sido candidato en Punta Arenas cuando nosotros no teníamos ningún trabajo político allá.

– ¿Te sientes más porteño que puntarenense?

Me siento más porteño, sí. Esta ciudad tiene características excepcionales no solamente en Chile, sino que en el mundo. Para mí Punta Arenas es mi familia, es nostalgia, pero el presente y futuro son porteños.

***

Da la sensación de que bastaron algunos meses en el parlamento para que el Frente expresara sus primeras grietas.

¿Qué grietas?

De partidos y movimientos que no son compatibles con otros…

Sí, mira, hay varias polémicas instaladas al interior del FA. De todas formas, creo que no somos un todo monolítico, hay muchos debates internos.

“Le falta muchísimo al FA para ser una fuerza que maduramente le proponga al país un proyecto de transformación democrática. Para poder gobernar aún todavía falta mucho trabajo”.

¿Debates?

Existen discusiones profundas en el FA, pero hay que reconocer algo importante: la heterogeneidad es una virtud democrática. Aquellos que no entiendan eso están equivocados en domicilio político en el FA. O sea, el FA debe parecerse lo más posible a la sociedad chilena, y la sociedad chilena es heterogénea, hasta contradictoria.

¿Cuáles son esas “discusiones profundas”?

Yo diría que son al menos tres. Una tiene que ver con la discusión de la izquierda en el Siglo XXI, y su tarea de construir un proyecto de sociedad que vaya más allá del neoliberalismo. La segunda se vincula a cómo abordar la crisis institucional que se está larvando con velocidad en Chile. No me refiero simplemente a la crisis que pueda tener algunas instituciones del Estado, sino a la que existe en el circuito extrainstitucional del poder, como la Iglesia, Fuerzas Armadas y el mundo empresarial. Y en tercer lugar, creo que existe una discusión sobre la estrategia, ¿Cuál es la estrategia de superación del neoliberalismo? ¿Es a partir la disputa de las instituciones o bien a partir de la construcción de lo que en su momento se llamó poder popular o territorial?

¿Existe un miedo en el FA a acercarse a las ideas de la izquierda del siglo XX?

Cuando uno revisa los discursos de Salvador Allende, se hace evidente que siempre tuvo vocación de mayorías en lo social y apostó por construir ampliamente desde la base social. No sólo hacía referencia, como dictaba la tradición comunista, al obrero de la fábrica, sino que Allende siempre hizo referencia a “toda aquella humanidad oprimida”; al campesino, al obrero, a la mujer pobre, al estudiante universitario, a los sectores medios, al comercio, a la suboficialidad de las FF.AA. y a la intelectualidad crítica. Es decir, a la amplia gama de actores oprimidos por el capitalismo. También logró combinar la vía de disputa institucional, con la construcción territorial, con el poder popular. ¡Y esa herencia está completamente vigente! La izquierda no tiene por qué no sentirse convocada a traerla y actualizarla al siglo XXI.

¿Pero estas no son cosas sobre las que ya debieran haber debatido? ¿Por qué las diferencias se siguen manifestando tan burdamente en el Congreso?

Esa pregunta interpela a la discusión de fondo, por ejemplo, en las diferencias respecto a los DDHH. Hay un debate en algunos sectores del interior del FA, respecto a que habría una izquierda “vieja y poco seria”, y una izquierda “moderna y nueva y muy seria”. Yo creo que ese es un debate falaz, porque pone el foco justo donde quiere la derecha. ¡La izquierda chilena no tiene que rendirle cuenta a la derecha en DDHH! Ni a ningún otro sector político conservador de este país respecto a su coherencia.

¿Pero qué pasa cuando invitan a alguien como Alberto Mayol a Mesa Central y le preguntan sobre Venezuela o Nicaragua?

Es que son las preguntas de periodistas y de panelistas que buscan ponernos en un lugar incómodo, cuando ese lugar incómodo no existe. ¿No? En Latinoamérica efectivamente se violan los DDHH, obviamente. ¿Quién puede decir lo contrario? Pero cuando te enfrentas a esas preguntas, hay que responderlas no sólo desde la reflexión individual, sino que mirando la historia. Y si uno mira la historia del Siglo XX, ¡el principal promotor de violación de los DDHH en el mundo fue Estados Unidos!

¿No te aproblema decir que en América Latina se violan los DDHH?

Hay situaciones complejísimas en Venezuela, Nicaragua, Argentina, Perú y México. O sea, ¡en México matan a tus colegas! En Colombia hacen desaparecer dirigentes sociales, en Brasil matan a políticos de izquierda. En Chile hay una política migratoria atentatoria con los DDHH y una policía preparada para reprimir al pueblo mapuche. Entonces, es un debate cínico, es un debate abstracto, un debate para quedar bien con el poder. Y el FA no está llamado a quedar bien con el poder, con las élites.

¿Qué debería hacer el FA en ese caso?

Hay que sacar el debate de lo esperable. Y ¿qué es lo esperable en el debate de los DDHH? Que los Bofill te pregunten sobre Cuba, Venezuela, Corea del Norte o Marte para provocar dos cosas: desviar la discusión de la pelotera política del país e intentar reescribir la historia y poner en entredicho la construcción de memoria popular respecto a Allende, las violaciones a los DDHH y al rol de la dictadura. ¡Y el FA ha caído en ese juego! Es un tremendo error. Nosotros tenemos que ser capaces de salir de ese debate.

Ok, entonces, ¿por qué Gabriel escribió esa carta? ¿Por qué en ese momento?

No lo sé, eso habría que preguntárselo a mi compañero Boric. Él debe haberse movido por sus convicciones personales, y él es un hombre de convicciones… firmes.

¿Compartes esas convicciones?

Algunas sí, otras no.

¿Cuáles no?

Nos debemos con Gabriel una conversación, particularmente sobre su carta. Pero las diferencias que tengo con él pueden ser a nivel de cómo construir movimiento político, a nivel de estrategia.

***

En la mitad de esta entrevista, el periodista del municipio deja la habitación. En su lugar entra Rodrigo Ruiz, uno de los “hermanos Ruiz”.

En breve, la historia de los hermanos Ruiz es más o menos así: luego de vivir el exilio en Cuba, ambos integraron la fundación de Izquierda Autónoma, movimiento político estudiantil que impulsó a unos jóvenes Gabriel Boric y Andrés Fielbaum a presidir la Fech, mientras su influencia crecía en facultades universitarias de todo Chile.

Pero Rodrigo, el hermano menor, siempre se sintió a la sombra de Carlos, el “ideólogo”. Cuando la IA sufrió un quiebre, los escindidos —entre ellos Boric y Sharp— formaron el MA, Rodrigo se fue con ellos, dejando en el camino a su hermano Carlos. Hoy por hoy Rodrigo ejerce una notoria influencia en los políticos del MA, mientras dirige las comunicaciones de la Corporación Municipal de Valparaíso.

Hay colegas tuyos que ven con preocupación tu acercamiento con miembros del PS, como Marcelo Díaz (exvocero del segundo gobierno de Michelle Bachelet).

¿Por qué?

Por la eventualidad de un eventual viraje…

A ver. El mapa político de la transición, hoy día no existe. Hoy tenemos una derecha distinta de hace cuatro años atrás, con contradicciones de sus partidos políticos. Además, lo que se llamaba la “centro izquierda” –o el pacto entre el centro y los sectores de la izquierda de la Concertación- tampoco existe. Y por último: está la irrupción del FA. Por eso, creemos que en Chile existe un momento estratégico. Existe una oportunidad para redefinir los márgenes de la política de aquí a 20 años.

“¡La izquierda chilena no tiene que rendirle cuenta a la derecha en DDHH! Ni a ningún otro sector político conservador de este país respecto a su coherencia”.

¿Cómo se redefine?

El FA tiene que jugar un rol de liderazgo en la tarea de construir un proyecto de sociedad alternativo a la derecha. Sin complejo de inferioridad ¿Cómo hacemos eso? No creemos que esa sea tarea simplemente del Frente Amplio. Es también de otros sectores, con los que creo que hay que dialogar.

¿Esa idea no está sacando ronchas en sectores del FA?

No lo creo. Creo que es una forma más transparente y honesta de enfrentar la tarea de construir relación con el campo de la centro izquierda.

¿Es iluso pensar que sin ese sector o el PS se puede llegar a una izquierda del Siglo XXI?

Eso está por verse. Nosotros seguimos con interés el debate al interior del PS, entendiendo que durante los años 90′ dicho partido formó parte de una agenda socialdemócrata que fracasó en Chile. Pero nos parece interesante el debate de aquellas bases que hoy están intentando recuperar el carácter de izquierda del PS. Los entendimientos con esos mundos se van a dar desde las bases. No desde arriba.

Además de Díaz, ¿con qué otros sectores del PS existen diálogos?

Hay un mundo que se llama “Izquierda socialista”, donde se produce un cuestionamiento interesante al rol del PS.

***

Hace poco calificaste de “inmaduros” a algunos parlamentarios y representantes del Frente.

Creo que debemos ser menos dramáticos y menos auto flagelantes. Hoy la gente no espera sólo una buena performance en redes sociales, o quién sube el tweet o la columna más autoflagelante. No basta con ser un buen dirigente estudiantil, tampoco.

¿Crees que el estar en el poder genera egos?

Cuando uno está en la institucionalidad, y te lo digo como alcalde, hay que luchar contra los cultos a la personalidad. Cuando uno es diputado, senador o alcalde, de repente tiene demasiada exposición. Pero hay que cuestionar eso, y poner por delante el proyecto colectivo.

¿A qué atribuyes la votación de Renato Garín y Vlado Mirosevic contra Pamela Jiles?

Eso habría que preguntárselo a Vlado y a Renato. Lo que hizo Pamela fue encarar a un diputado que hace apología de la dictadura. Esa situación, me parece, no requiere mucho más análisis. Aunque ahí se aprecian las diferencias de fondo: concepciones distintas de los DDHH y lecturas distintas de la historia. Vlado tiene una posición sobre los DDHH, que viene de su ideología liberal y Pamela Jiles desde su trayectoria como presa política.

¿Consideras que fue un error?

No hay que quedarse sólo con si fue un error el haber votado contra de Pamela en la Comisión de ética. Hay que poner el foco en el fondo del asunto, y es que en el FA no hay una visión única o uniforme sobre qué tipo de izquierda queremos construir.

Con esas diferencias ¿ves posible que el Frente sea en gobierno en 2022?

Creo que le falta muchísimo al FA para ser una fuerza que maduramente le proponga al país un proyecto de transformación democrática. No nos basta con impugnar aquello que no nos gusta. Hay que producir en el país situaciones sociales, culturales, económicas y productivas distintas y para eso falta mucho. Falta mejorar sentido del cuerpo, mayor creatividad y arrojo. Lo que Allende tuvo en el siglo XX fue eso. Para poder gobernar —y no con ideas prestadas—, todavía falta mucho por trabajar.

¿Crees que el liderazgo de Beatriz Sánchez dentro del FA se mantenga? ¿A ti te gustaría que ella fuera la candidata del Frente?

Creo que el rol que Beatriz ha jugado en la articulación del FA es acertado. Donde ella sea candidata, si es que lo vuelve a ser, lo va a hacer bien. Y va a contar con el respaldo del FA. Ella es un aporte a la política chilena.

***

Respecto a tu futuro, ¿buscarás la reelección en Valparaíso? ¿O existe una opción presidencial?

Un segundo período es la idea, pero igual estamos dispuestos a someternos a cualquier mecanismo de rectificación democrática, no tenemos ningún problema.

Hace algunos días, La Tercera publicó un artículo donde exmiembros del proyecto de La Matriz te tildaban de “traidor”

La Alcaldía ciudadana es un proceso colectivo, que agrupa a actores, trayectorias y voluntades diversas. Es un espacio democrático, y por eso siempre va a estar sometido a la crítica más descarnada. Gobernar una ciudad con un proyecto transformador, que pone por delante el empoderamiento de la gente, marca diferencias. Y quizás hoy día hay algunos que no están. Pero son muchos más los que están, que aquellos que no.

“(La herencia de Allende) está completamente vigente! La izquierda no tiene por qué no sentirse convocada a traerla y actualizarla al siglo XXI”.

Pero te dijeron “traidor”… ¿Por qué esta gente no está? ¿No era capaz?

Porque tuvimos diferencias políticas.

Pero si ese pacto te llevó a la alcaldía

No po’. No me llevó un grupo de personas. Fue una alianza política, social y ciudadana amplia. La más amplia desde 1990 fuera de los partidos tradicionales. Fueron 46 mil personas las que votaron por el proyecto de la Alcaldía ciudadana, y esta no partió con un grupo de personas en específico, ni con Jorge Sharp.

¿Pudo haber sido un error llevar a más personas del MA que del pacto La Matriz a la municipalidad?

No, en ningún caso, los equipos de la Alcaldía ciudadana son un equipo que expresan la diversidad política y social ciudadana de trayectorias, radiografías y saberes del proyecto que triunfó hace dos años atrás. No creemos en la participación mediada por algo que llamamos “experto-cracia”. Creemos que esta tiene que ver con que los habitantes de los barrios y cerros de Valparaíso definan desde lógicas colectivas, el cómo quieren vivir su ciudad. La participación no puede estar mediada por expertos.

¿Una especie de soberanía popular?

Los ciudadanos en Valparaíso hacen política, ¿Por qué? Los porteños tienen una larga tradición de construcción de poder popular y de organización social. La primera cooperativa de Chile se fundó aquí en 1887. Tiene una larga tradición de organización vecinal, de clubes deportivos y una fuerte presencia del movimiento estudiantil y trabajadores. En todos los cerros de la ciudad hay lo que nosotros llamamos “productores de ciudad”, gente que está produciendo iniciativas vinculadas a la recuperación de espacios públicos.

¿En qué se traduce eso?

Valparaíso es mucho más que un grupo, mucho más que un alcalde y que una elección. En Valparaíso tenemos una trayectoria social que los libros no logran percibir y de la que yo me siento parte, no como gran protagonista, pero sí como un eslabón más de un proceso de reconstitución de saberes populares que se resisten al neoliberalismo. Se trata de un Valparaíso que resistió por años la corrupción de Castro y de Pinto. Hoy tenemos más condiciones institucionales; un gobierno local que no les pone la pata encima e intenta invisibilizarlas. Hoy tenemos un gobierno que, por lo menos, las escucha. Y puede haber diferencias, pero lo importante es que debatimos. Ya no hay una municipalidad que está del lado de los que han robado por años a la ciudad.

En tu rol de alcalde, ¿tienes algún miedo?

Que no cumplamos con las expectativas que tiene la gente con respecto a nosotros, que más que un miedo individual es un desafío del proyecto; cumplir con las expectativas de lo que espera la gente, que es para la cual nos debemos. El proyecto sin la gente no tiene ningún sentido.

***

Ya afuera del municipio, Sharp camina en dirección a la Plaza Victoria para almorzar. No tiene problemas en detenerse a saludar a los vecinos que se le acercan por calle Condell. Rodrigo, quien entró durante la entrevista, no se ha apartado de su lado.

En el trayecto, el alcalde se refiere más nuevamente a los excolaboradores del Pacto La Matriz. Habla de Rocío Venegas, la socióloga que dejó Barcelona para trabajar en Valparaíso, y de Patricio Rozas, el sociólogo que duró tres meses a cargo de la Secretaría Comunal de Planificación (Secpla). En definitiva responde a quienes lo tildaron de traidor. Ruiz estima prudente no ahondar en el tema. “Dejémoslo hasta ahí nomás”, sentencia. Sharp asiente y se aleja un par de metros para nuevamente detenerse.

—Pregúntale a cualquiera de estas personas— desafía el alcalde, abriendo los brazos en medio de la vereda, —si Jorge Sharp es un traidor.

Antes de despedirse, el alcalde ciudadano voltea una última vez.

—¡Pregúntales! — insiste antes de perderse en las entrañas de un edificio porteño.

us!