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El tranquilo retiro de Julio Sánchez Vanegas, el rey de la T.V al que Caracol y RCN sacaron del camino

Una de las últimas veces que se vio en público a Julio Sánchez Vanegas fue en la celebración de los cuarenta años del contrato que su hijo, Julio Sánchez Cristo, firmó con Caracol. Fue el 9 de diciembre del 2017. Allí compartió con el último de sus viejos amigos, Armando Plata, el cuarto mosquetero de una banda que conformaron Enrique “El Turco” París y Otto Greiffenstein, quienes esa noche no pudieron acompañarlo.

A Plata le decían “El Chupo” porque, al lado de ellos, era un bebé. Uno de los más legendarios DJ de la historia de este país fue una creación de Julio E Sanchez Vanegas. En 1969, cuando tenía apenas 20 años, le dio la oportunidad de reemplazar la portentosa voz de Geiffenstein en una transmisión de Miss Universo celebrada en Miami. Desde ahí fue una especie de hijo de Sánchez Vanegas. Comprobó su influencia, su cercanía como Emilio Azcárraga, creador de Televisa, el hombre más fuerte de la televisión de México o su amistad entrañable con Julio Iglesias cuando era, de lejos, el artista más influyente de la música en español.

Ese 9 de diciembre Julio Enrique tenía 87 años y vivía un momento de placer sublime. El encargado de llevar las riendas de la fiesta era el maestro Burt Bacharach. En Radio Monserrate, a mediados de los sesenta, este hombre de gusto impecable, ponía temas como The look of love, cuando Bogotá todavía era una ciudad de hombre enruana y vestidos de negro, que recibía la lluvia perpetua del páramo y donde no habían mujeres. Bacharach, al borde de los noventa años, tenía la vitalidad suficiente para venirse a dar un concierto a 2.600 metros al nivel del mar.

Sí, el homenajeado era Julio, pero su papá era demasiado grande como para ignorar que con él había empezado todo.

Y literalmente fue así. El 13 de junio de 1954 Julio E Sánchez Vanegas, nacido en Guaduas Cundinamarca en 1930, fue el escogido por el general Rojas Pinilla para ser la primera persona en aparecer en nuestros aparatos de televisión. De él fueron las primeras palabras. El dictador encontró en su porte, en su voz metálica, original, el maestro de ceremonias para presentarnos uno de los inventos más mágicos de los sabios de occidente. Fue por Rojas Pinilla que JES conoció a su esposa, Lilly Cristo, con quien tuvo a sus cuatro hijos: Julio, Jaime, Alberto con quien disfruta de ocho nietos y un bisnieto.

Julio E. Sánchez Vanegas con su hijo, Julio Sánchez Cristo

Es una leyenda. Julio E, el hombre que quiso ser actor y protagonizó, junto a David Manzur, una de las mejores películas de los agitados años cincuenta, el Milagro de la Sal, dirigida por el maestro Luis Moya, el hombre que voló con uno de los creadores de la aviación en un país que se recorría a lomo de mula, Camilo Daza. Convenció a comienzos de los años sesenta al director de Miss Universo que le cediera los derechos para transmitirlo en Colombia.

Luego pagó 50 mil dólares, luego 100 mil pero, cuando aparecieron los canales privados, como Caracol y RCN, Julio Mario Santo Domingo puso el listón muy alto y subió a 200 mil dólares. Así que tuvo que ceder, e 1998, la tradición que teníamos de ver cómo escogían a la mujer más linda del mundo transmitida por JES: Programas como Concéntrese, que duró treinta y cinco años o Especulares JES, peleas de boxeo y una frase que empezó en un Miss Universo cuya sede fue Grecia: “Hoy desde Atenas, mañana desde cualquier lugar del mundo” fueron parte de la vida de millones de colombianos.

Gracias a JES –sus iniciales, su productora- dejamos de ser tan provincianos y nos abrimos a una música y a unos lugares recónditos. Julio E era encantador. Plata Camacho recuerda, por ejemplo, que los almuerzos en un restaurante español desaparecido hace años, la Taberna Vasca, se convertían en conversaciones de horas bañadas por el vino y las risas. Eso si, cada vez que sentía el calor del alcohol le bajaba a la intensidad y quedaba entonado, encantador y abierto a la bonhomía.

La aventura de su canal terminó en 1998, cuando nacieron los canales privados. Entonces no pudo competir más. Se le acabó la cuerda y lo aceptó tranquilo. La licitación de los canales privados significó el final de las programadoras.

Vive un tranquilo retiro, adorado por sus hijos, por sus nietos, a los 93 años y esperando tranquilo la hora final jugando parqués, paseando por la vieja Bogotá. Pero, eso sí su último recuerdo social en Bogotá, la celebración de los 40 años de su hijo Julio en la radio, se le vio contento, algo más lento, no tan hiperkinético como en sus mejores años, y mientras el entonces presidente Juan Manuel Santos y el aspirante a presidente Iván Duque, le hacían la venia, él prefería estar con sus antiguos operadores de radio, los que lo acompañaron en su aventura de 70 años en los medios. Nadie tuvo nada que decir mal de él.

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