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Escuchar más para conectar: cualidad escasa entre nuestros políticos

Una característica de nuestros políticos es que salen a recorrer las calles a conversar, pretendiendo de esta forma convencer y conectar. Sin embargo, conversar requiere una característica esencial si se quiere conectar. No es solo hablar por hablar, es más bien entender el verdadero poder del lenguaje que está implícito en las conversaciones cuando se escucha, pero del que no son conscientes y muy poca atención prestan.

Como dije en alguna de mis columnas las conversaciones son una danza entre una, dos o más personas, pero también es una danza interna entre lo que pienso y me digo de lo que pienso, entre lo que hago o quiero hacer y lo que me digo de eso. La gran mayoría del tiempo, incluso antes de hablar a otros o de ejecutar una acción estamos conversando con nosotros mismos”. Es una danza, que en política está teñida por la desconfianza del elector frente al candidato y nublada por la vanidad del político que cree que todo lo hace perfecto.

¿Cómo son las conversaciones internas de un candidato, desde donde surgen, que acciones las generan, desde que emoción nacen?, son aspectos fundamentales que deben tener en cuenta al momento de conversar con los demás, para entender la desconfianza que habita en cada conversación.

Ser conscientes de lo que encuentran al realizar esa interiorización, a mi forma de ver genera un espacio que pudiera generar un cambio en el tipo de conversación que tiene el político al tratar de conectar. Y es el espacio en el que escuchar, debe ir primero. Escuchar lo que dicen, lo que sienten, lo que viven los ciudadanos. Escuchar sus miradas y anhelos, para entender que deben construir conversaciones, desde un lugar alejado del ego y más cercano a la humildad, es determinante.

La escucha es la gran cualidad a fortalecer en una conversación, si quieren conectar. Se debe partir de una autoevaluación, entendiendo la importancia de la comunicación interna, externa y aún más la corporal, porque todas deben activarse al momento de la escucha. Una escucha que debe ser genuina, sincera, desinteresada y sobre todo empática, si se quiere superar la barrera de la desconfianza, surgida por tantos errores del pasado, por tantas mentiras y traiciones al elector.

El problema es que nuestros políticos pretenden seguir conversando sin escuchar y el elector se aleja porque nunca es escuchado. Una realidad que muchos no quieren ver.