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Colombia

La dolorosa historia detrás del éxito de los productos de belleza de 'Fruto Salvaje'

Cuatro años tardó Marcela Aristizábal en recuperar sus hebras capilares, después de que su expareja envió a un “amigo” en común a ponerle un sombrero con pegante en su cabeza.

Desesperada, corrió a su casa y se aplicó gasolina en el cabello creyendo que así se desprendería la sustancia química. Terminó quemándose el folículo piloso y durante trece meses debió vivir con el olor del combustible impregnado en su cuero cabelludo, que le recordaba su dolor físico y espiritual, fruto de la venganza de un exnovio que no toleró que lo dejara, después de una larga relación.

Ella debió huir de su natal Caicedonia (Valle) hacia Manizales, debido a las amenazas del hombre al que una vez amó. Con el amor propio herido de muerte, la madre de Juan Alexander, fruto de su primera relación –no del que le mandó poner el pegante-, se preguntó: “¿qué voy a hacer por mí, por mi hijo, por levantarme nuevamente?”.

Fue el ejemplo de su madre, quien, al ser abandonada por su esposo, las sacó adelante a ella y a sus tres hermanas —una de estas, su melliza—, lo que la llevó a no rendirse. A los dos años de la agresión, Marcela pudo volver a tinturarse el cabello que no se recuperó totalmente hasta después de cuatro años de practicarse tratamientos naturales que ella misma ingenió, a base de combinaciones de frutas. Sus conejillos de indias: su mamá, sus hermanas, sus sobrinas y dos amigas.

Estudió la composición química de las frutas, su reacción frente a las hebras capilares y la poda capilar según las fases lunares. Y no solo creció su cabellera, nació su emprendimiento, Fruto Salvaje, una línea de tratamientos para el cabello que le da empleo a más de 300 mujeres cabeza de familia, quienes distribuyen sus productos en Colombia, Venezuela, Ecuador y EE.UU.

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¿Qué simboliza su cabello?

Una extensión de mi cuerpo. La armonía, la fuerza, pero también las ganas de cambio. Las mujeres buscamos cambios con el cabello.

¿Es el cabello un símbolo de empoderamiento femenino?

Contra enfermedades como el cáncer, frente a las agresiones, frente a diversas campañas, sí. Hace parte de una estrategia publicitaria, aunque el poder de una mujer no está en su cabello, ni en lo que tenga por fuera. Todo está dentro.

¿Quién era usted antes del suceso y en quién se convirtió después?


Era muy soñadora, segura de mí misma pero con miedos e inseguridades, hoy soy más valiente.

¿Cómo la afectó psicológicamente la agresión?


Me volví miedosa, desconfiada.

¿Cuánto tardó en recuperarse física y psicológicamente?


Físicamente, dos años; psicológicamente eso siempre está ahí.

¿Qué les dice a las mujeres que han sido agredidas?


Que la vida no se acaba ahí. Que estar en el mundo es una bendición hermosa. Que pueden recuperar su amor propio con fuerza y valor.
Reconociendo su historia, amando su pasado y aprendiendo de él.

¿Qué les dice a los agresores?


Un hombre que agrede ha sido un hombre agredido. Ellos también deben empezar a sanar.

¿Qué retos tiene en torno al empoderamiento femenino?


Que las mujeres hablen, que no se opriman y conserven su feminidad sin compararnos o querer superar a los hombres. Todos tenemos un lugar y es bonito reconocerlo.

¿Cómo empoderar a las hijas?


Enseñándoles seguridad en ellas mismas. Haciéndolas conscientes de que se van a caer, y que lo bueno de esas caídas es cuando te levantas.

¿Qué pasó con su agresor?


Se murió.

¿Qué le diría si estuviera vivo?

Que no le guardo rencor.

¿Piensa que esto nunca debió pasarle a usted o cree que pasó por algo?

Las cosas, ya sean bonitas o desgarradoras, suceden porque tenemos grandes enseñanzas que tomar de ahí.


Marcela Aristizábal, creadora de la marca Fruto Salvaje

Familia

El pasado sábado, en Unicentro Cali, Marcela —quien tiene en sus cuentas @marcelaristizabal 366.000 seguidores y en @enamorsalvaje 140.000 seguidores— contó su inspiradora historia de vida en la conferencia ‘Empodérate de berraquera’.

Sobre su actual pareja, Jonnathan Calle, dice que “llegó a apaciguar muchos dolores que había, a cumplir sueños personales como el de crear una familia. Me enseñó a respetar el referente masculino, que también es muy maltratado por las mujeres que estamos dolidas”.

Es madre de cuatro hijos, Juan Alexander, de 17 años; Colibrí, que tiene 4 años y llegó después de unos mellizos que perdió; Inti Nawal, de 2 años, y Alondra Manantial, de 1 año. “Inti Nawal vino con un cromosoma de más.

–Síndrome de Down-. Los primeros ocho meses de vida estuvo más en el hospital que en la casa”. Marcela difunde en redes sociales mensajes de inclusión social, sumado a su mensaje de empoderamiento femenino.


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