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Colombia

“The economy, stupid”

“The economy, stupid”

Por: Víctor Julián Ramírez Betancur

La frase que titula el presente artículo: “La economía, estúpido”, que según los anales de la historia, fue acuñada anteponiéndole el verbo “es”, por el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton como artilugio -sin desconocer la teoría económica que subyace a ella- en la campaña presidencial de ese país en 1992 cuando enfrentó a George H. W. Bush (padre), cae como anillo al dedo de los críticos del expresidente Juan Manuel Santos y de su ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por el manejo que le dieron a la economía en el segundo cuatrienio de su mandato, y que según el actual ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, ha dejado un déficit de 25 billones de pesos al Presupueto General de la Nación para la vigencia 2019.

Colombia no fue ajeno a la crísis que afectó la economía mundial en el cuatrienio 2014 – 2017 y que, según la contraloría general de la República en el informe sobre la “Situación de las Finanzas del Estado 2017”, obedeció a cuatro principales factores externos, a saber: (i) El menor crecimiento económico mundial debido a la demora en la reactivación económica de los países desarrollados; (ii) el desplome de los precios internacionales del petróleo desde 2014 debido a la sobre-producción del crudo de los países productores y al menor consumo del fósil por parte de la China e India que han optado por el incremento del uso de energías renovables; (iii) a la alta inflación de la economía interna, debido al fenómeno de El Niño presentado en el país entre 2015 y 2016 que redujo la producción de alimentos, lo que contribuyó al incremento de los precios de los mismos; y (iv) a la devaluación del peso frente al dólar a partir de 2014.

El menor crecimiento económico mundial, se debido a la crisis financiera entre 2007 y 2009, que generó una disminución en el comercio que produjo una reducción en los precios de las materias primas de los países, especialmente de petróleo, lo que llevó a las grandes potencias a incentivar el crecimiento económico, para lo cual buscaron activar el consumo no sólo privado, sino también en el sector público, pero dicha política económica no dio los resultados esperados, pues ante una crisis financiera lo primero que se genera es una contracción en el consumo de los hogares.

Aunado a lo anterior, el desplome de los precios internacionales del petróleo, debido a las causas expuestas, generó un déficit en las finanzas de nuestro país, generado por el menor flujo de divisas por la exportación de petróleo, que hasta junio de 2014 había alcanzado precios de hasta USD $115 por barril con una cotización del dólar de $1.846.oo y que después de julio de 2014, alcanzó un precio de USD $27 por barril con una cotización de la divisa extranjera de $3.434.oo. Esa diferencia del precio del barril de petróleo frente a la cotización del dólar, hizo que en junio de 2014 el barril de petróleo valiera $212.290.oo, mientras que a partir de julio del mismo año el barril de petróleo producido en Colombia valiera $92.718.oo, una diferencia abismal que afecta cualquier economía por boyante que sea.

Esa dependencia económica del petróleo por parte de los países, incluido Colombia, que en 2017 reportó en este producto el 52.8% de las exportaciones, llevó al país a un desequilibrio en las finanzas públicas que no puede ser imputada al expresidente Santos y a su ministro de Hacienda, pues fue este factor externo el generador de la crisis y en el cual poco podían influir por ser un país tercermundista o en vía de desarrollo para los más optimistas. De ahí que a futuro se haga necesario revaluar la dependencia económica del país en el petróleo y sus derivados, como lo advirtió el candidato Gustavo Petro en la pasada campaña presidencial.

El fenómeno de El Niño presentado en el país entre 2015 y 2016, causó una alta inflación (elevación del nivel general de precios) en la economía interna, debido a la reducción en la producción de los alimentos, que produjo un alza considerable en los mismos. Este fenómeno climático en el que se calienta el pacífico oriental ecuatorial debido al calentamiento global, es el causante de olas infernales de calor que no permiten una abundante producción de alimentos y que según los versados en el tema, se produce como consecuencia de la emisión de gases efecto invernadero como el dióxido y monóxido de carbono y el gas metano, entre otros. Con los altos niveles de inflación en la economía, el Estado no cumplió con la meta de inflación establecida por la Junta Directiva del Banco de la República, que había sido proyectada en 3%. Ante la crisis, el Banco Central tomó las medidas necesarias para contrarrestar la crisis a través de su política monetaria.

La devaluación del peso frente al dólar a partir del año 2014, se produjo como consecuencia de la fluctuación del precio del barril de petróleo, ya que si sube el precio del petróleo, baja la TRM del dólar (Devaluación) y si baja el precio del barril de petróleo, sube la TRM del dólar (Revaluación). Este fenómeno explica la importancia, para bien o para mal, de la dependencia de nuestra economía en la producción de petróleo.

El cuatrienio 2014 – 2017 fue pues, una etapa de ajuste en la economía colombiana ante la crisis presentada por la caída de los precios internacionales del petróleo, que nos lleva a concluir: (i) Que la crisis en la economía colombiana en ese periodo obedeció a causas externas de índole internacional las cuales escapaban de la órbita del Gobierno y, (ii) que el manejo de la economía por parte del Gobierno Santos y en especial de su ministro de Hacienda, así como la política monetaria de la Junta Directiva del Banco de la República fue responsable y ortodoxo a excepción de la reforma tributaria que aumentó el IVA del 16% al 19% que produjo desaceleración de la economía.

Por eso, a los críticos del expresidente Santos y de su ministro de Hacienda por el manejo de la economía, habrá que responderles como dijo el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton: “¡Es la economía, estúpidos!”.

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