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Vamos hacia un mundo peligroso e inestable

Con una apocalíptica premonición, el secretario general de la ONU, António Guterres, inauguró la minicumbre climática en las Naciones Unidas, en Nueva York: “La humanidad ha abierto las puertas al infierno”, advirtió, y emplazó a todos los países a instalar sistemas de alertas tempranas para evitar tragedias como la de Libia.

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Para enfatizar los efectos que entraña el cambio climático, Guterres advirtió que tras el verano boreal más cálido jamás registrado y la sucesión de tremendos incendios en Norteamérica, como de poderosas tormentas en Centroamérica y el Mediterráneo, los principales centros de investigación han publicado estudios que vinculan estos acontecimientos con el calentamiento global.

“El irresistible calor que experimentamos está produciendo espantosos efectos”, recordó, en referencia a los denominados (por la FAO) “agricultores angustiados” que ven cómo sus cultivos se los llevan las riadas, las enfermedades vinculadas a altas temperaturas y los “incendios históricos”.

En este sentido, la acción climática se ve menoscabada por la magnitud del desafío. En el proceso de modernización quedan liberadas cada vez más fuerzas destructivas, en una medida tal que ocasiona incertidumbre en la inteligencia humana.

A todo ello es necesario añadir que en las calles —¿fruto de la sobreproducción industrial?— se acumula la basura ordinaria transportada por los vientos, que arrastran además sustancias nocivas y tóxicas que viajan con al aire, el agua y llegan a los alimentos, y las heces humanas y animales se acumulan por doquier. La negligencia administrativa coloca frente a nosotros un infraabastecimiento de tecnología higiénica.

¿Cómo se podrían evitar, minimizar y canalizar los riesgos y peligros producidos sistemáticamente en el proceso avanzado de modernización y distribuirlos allí donde hayan visto la luz del mundo de tal modo que ni obstaculicen ni sobrepasen los límites de lo ‘soportable’ ecológica, médica, psicológica y socialmente?

Aunque los países del mundo (responsables de esta crisis) han prometido planes de recorte de sus emisiones de efecto invernadero, la suma de todos los esfuerzos no es suficiente y llevará a un calentamiento de 2,8 grados este siglo. Es decir, como lo denunció el funcionario superior de la ONU: “Vamos hacia un mundo peligroso e inestable”.

Guterres y Petro no solo han coincidido en advertir la falta de ambición de los gobiernos. También han apuntado hacia las grandes empresas. De igual manera han criticado las “turbias promesas” que realizan algunas compañías que se autodesignan ‘comprometidas’ contra el cambio climático.

El presidente colombiano se encargó de recordar que, de forma vergonzosa, algunos conglomerados “han tratado de bloquear la transición hacia un mundo libre de emisiones”. Esas sociedades han empleado su dinero e influencia “para retrasar, distraer y engañar”. Hemos ingresado en lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck denominó “la sociedad del riesgo”.

Guterres y Petro no solo han coincidido en advertir la falta de ambición de los gobiernos. También han apuntado hacia las grandes empresas.

El maravilloso libro ‘El cisne verde’ señala: “La crisis climática que se avecina está servida. Que ya está enseñando sus afilados colmillos a través de fenómenos climáticos y catástrofes naturales aquí y allá fuera del patrón habitual de ocurrencia de este tipo de sucesos”.

De esta cita en Nueva York no se espera que salga ningún compromiso que suponga un cambio de giro en el itinerario de las emisiones mundiales, que siguen sin caer de la forma drástica requerida para dejar el calentamiento en los 1,5 grados, sin duda, el límite más seguro fijado por la ciencia.

Sin embargo, para corregir la trayectoria, es básico desenganchar la economía mundial de los combustibles fósiles como lo ha planteado el presidente Petro: “La transición de los combustibles fósiles a las energías limpias y renovables está sucediendo, pero llevamos décadas de retraso”. Debemos recuperar el tiempo perdido.

Una y otra vez el mandatario colombiano les ha pedido a los principales países emisores, que se han beneficiado más de los combustibles fósiles, que hagan esfuerzos adicionales para reducir sus gases de efecto invernadero.

“Y a los países ricos que apoyen a las economías emergentes para que lo hagan ahora sin dilaciones”. Guterres —sin mencionarlo— ha respaldado las tesis centrales de Petro y destacado que es necesario que los países miembros de la Ocde dejen de usar el carbón (“el peor de los combustibles fósiles”) en 2030 y el resto de naciones, en 2040.

ALPHER ROJAS C. 

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