El Triduo Pascual es el periodo de tiempo en el que la liturgia cristiana católica conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y constituye el momento central de la Semana Santa y del año litúrgico.

El primer día del Triduo, el de la Pasión, empieza el Jueves Santo e incluye todo el viernes hasta el momento de la sepultura del Señor. El segundo día, el de la Sepultura, continúa el viernes por la noche y se prolonga hasta la vigilia pascual, el sábado por la noche. Por último, el tercer día, de la Resurrección, empieza la noche del sábado al domingo e incluye todo ese día.

Durante los tres días de la importante fecha religiosa, decenas de católicos suelen congregarse en las parroquias para la celebración. Sin embargo, esta Semana Santa debido a la cuarentena por el COVID-19, el panorama luce distinto.

Milciades Florentino, sacerdote de la parroquia Cristo Salvador del ensanche Honduras, en el Distrito Nacional, expresa que lo que se está viviendo a nivel mundial por la pandemia es nuevo para todos. Precisa que nunca se había visto una Semana Santa sin gente.

“Esta es una fecha en la que más personas se congregan, comenzando con el Domingo de Ramos, las procesiones son multitudinarias e infinitas, sin embargo, en esta oportunidad debido a la situación actual ha habido mucha limitación y ahora celebraremos el Triduo Pascual de manera virtual. Tanto obispos, como los sacerdotes acompañados de sus ministros, oficiarán las misas mediante las redes sociales para que los fieles puedan unirse. En medio de las circunstancias difíciles desde la iglesia tratamos de mantener el vínculo”, indica.

Florentino cuenta que a pesar de la turbulencia, la fe se mantiene, porque Dios está vivo, no se sitúa en un lugar específico y su espíritu se esparce por doquier. No obstante, comenta que ha habido un sentimiento de dolor en los fieles por no poder acudir a la iglesia.

“El asunto de la separación del templo, de recibir los sacramentos y de celebrar el culto a distancia es algo que duele bastante. Sin embargo, en vez de enfocarnos en lo malo desde la iglesia pretendemos hacer un llamado a la población de mantener la calma, la paz, instando a fortalecer la fe, ya que en tiempo de crisis es cuando más debemos ponerla en práctica. De igual forma, hay que mantenerse en oración constante, rogándole al Señor que esta pandemia desaparezca pronto y volvamos a ser los cristianos alegres, hospitalarios y lleno de esperanza que somos”, manifiesta Florentino.

El aprendizaje en medio de la pandemia

En la parte espiritual esta pandemia ha mostrado lo limitada que son las personas, en todo el sentido de la palabra. Así como ha enseñado lo indispensable que es Dios y la providencia divina en los seres humanos, argumenta el párroco.

“Esta situación nos ha enseñado también a vivir la vida en ese tiempo de recogimiento, a reconocer que la fe y la unión espiritual está por encima del conglomerado social, a ser más humildes, a ver el mundo más despacio, a identificar que lo más importante está dentro del corazón y en las relaciones humanas, en el amor compartido, en la fraternidad. Pero sin duda la lección más valiosa que nos deja esta situación es que debemos dejar atrás el egoísmo”, declara.

El sacerdote dijo que por primera vez se le dará el verdadero sentido a la Semana Santa, un tiempo que es de reflexión y que por mucho tiempo algunas personas habían desvirtuado. “Era el momento de que la gente asumiera el recogimiento y aprendiera a vivir no del ruido de afuera, sino de la grandeza que el ser humano lleva por dentro”, concluye.