Ecuador
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Así fue como Hugo Serrano trajo la Cacería del Zorro a Ibarra

Hugo Serrano Tamayo fue el precursor de uno de los eventos hípicos más importantes del Ecuador, en la provincia de Imbabura. 

IBARRA. – El reconocido jinete Hugo Serrano Tamayo, fallecido el 3 de septiembre de 2023, recordó en varias entrevistas con LA HORA la forma en la que la Cacería del Zorro nació en Ibarra. 

El evento de destreza hípica, en el que el personaje principal emula al héroe de ficción vestido de negro, con antifaz y la ‘Z’ en su capa, tuvo en ‘Don Hugo’ a su primer ganador, en Quito, quien decidió organizar la actividad pocos meses después en Imbabura, sin pensar que se convertiría en una de las convocatorias ecuestres más grandes del Ecuador, con alcance internacional y más de 50 ediciones realizadas consecutivamente. 

Hoy, tras su fallecimiento reciente, traemos una recopilación de sus memorias recogidas en este medio de comunicación:

“Indudablemente, la anécdota más significativa fue la primera Cacería del Zorro, porque eso de meterse a nadar con un caballo a la laguna, avanzar 150 metros y con gente persiguiéndote, es algo que solo la locura y la juventud le permite a uno. Desvariar en ese sentido.

Siempre fui un gran aficionado a los caballos y vivía en Quito. Por cosas de la vida conseguí un trabajo en Ibarra y me vine para acá.

En ese tiempo me avisaron de un potro que estaba de venta, que no lo podían montar, porque estaba muy pícaro, muy mañoso. Un caballo tordillo melado: alto, grande. Me fui a ver el caballo, lo compré en 1.700 sucres y comencé a entrenar con la meta de hacer un club hípico en Ibarra.

Comenzaron a llegar los interesados en el club, a observar y a probar. Joaquín Lalama, que estaba en la universidad en Quito, vino y me dijo que la Policía, en el Rancho San Vicente de la capital, estaba organizando una Cacería del Zorro. 

– ¿Qué le parece si nos inscribimos? -, me preguntó. Yo le dije que averigüe cuáles son las bases y que no hay problema. Entonces él fue y nos inscribió.

Hay que decir que ese rancho estaba dirigido por maestros de equitación viajados a Chile o España.

Cuando fue a la inscripción le habían dicho que bueno, pero que nos diga que la intención no es enlazar al zorro, ni pegarle un tiro, ni nada de eso. Nos dieron una explicación. Embarcamos los cuatro caballos en un camión que nos prestó la Policía. En una curva de Otavalo se nos salió un caballo del carro, se lisió y ahí quedó.

Llegamos a Quito y dejamos los equinos en la Policía. Nos prestaron caballos para reemplazar el herido y dimos un recorrido de reconocimiento. Eso fue en junio de 1972. 

Hicimos el reconocimiento y en adelante no nos tomaron en cuenta para nada.

Creo que dijeron: – Estos chagritas… Aquí no pasa nada. Nos hacen un relleno y nada más –

El día de la cacería hicimos la caminata previa a caballo, con saltos, obstáculos y todo. Al último, en el sector del Inca, que en ese tiempo eran bosques y lagunas, soltaron la cacería.

El zorro era un gran amigo mío, que se llamaba Andre Obiol, un francés. Él estaba disfrazado de zorro ‘hippie’. Tenía un cuero de chivo de vestimenta, un short, botas cortas, una peluca y en la parte de atrás del cinturón se había amarrado una cola larga de león.

Todos arrancamos, pero ellos tenían unos caballos mucho más rápidos, por lo que se adelantaron.

El zorro se fue a dar una vuelta larga y yo vi por donde estaba, entonces salí a un barranco y ahí me lancé con el caballo. Ventajosamente caí parado y justo en ese momento llegaba el zorro. Corté su camino.

Estaba ya cerca del zorro cuando nos alcanzaron otros. Llegó Víctor Hugo Londoño, un famoso jinete, los de la Policía y todos se amontonaban junto al zorro: le sacaban la peluca, el cuero del cuerpo y yo me agarré de la cola.

En ese momento llegó un jinete y con su caballo golpeó al mío por atrás y mi caballo casi cayéndose se fue para un lado.

Retomamos el ritmo y regresé cerca del zorro y me agarré de la cola. Le pegué unos cuantos tirones y no salía. En eso vi a uno de mis compañeros, Marcelo Herrera. Le dije que me de la mano y así lo hizo. Jalé con toda mi fuerza y salió la cola con todo y cinturón. Salí feliz y gritando: ¡Ibarra, Imbabura, Imbabura!

Nadie creía. Hugo Londoño, un caballero indudablemente, preguntó a los jueces si pasé todo y si cumplí con lo reglamentario. Y dijeron que sí. Me consideraron ganador. 

Recuerdo que lo más complicado fue la parte del barranco, la competencia con los otros jinetes. Era un bosque lleno de huecos y había que jugarse todo y prácticamente sin seguridades. 

Fuimos a la premiación. Me entregaron el premio: 1.000 sucres, un trofeo y las palabras de felicitación. Agradecí y se me ‘prendió la chispa’ e invité a todos para septiembre a una Cacería del Zorro en Ibarra.

Me tomó alrededor de dos meses encontrar esa ruta (peñaroles), la ruta que permanece hasta ahora. Fueron dos meses de haber estado todos los días buscando por todo lado.

En ese recorrido me rodé dos veces con dos caballos en quebradas y fallecieron los dos animales en los que me accidenté. Escogí esa ruta porque es un sitio en donde hay mucha visibilidad y porque es un espectáculo: la bajada de la loma, los peñaroles de 15 metros de largo, pendientes en la loma salto de acequia y, sobre todo, por que el público puede ver y disfrutar”. 

La misa y posterior sepelio de Hugo Serrano Tamayo estaba planificada para la tarde del 5 de septiembre de 2023, en Ibarra.

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Vestido con el traje de zorro, Hugo Serrano en una de las primeras ediciones de la competencia.