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Bioética: ¿Dignidad menguante?

Hace 150 años Charles Darwin planteaba que sus conclusiones, sobre la evolución biológica y el origen del hombre, revelaban una falta de propósito en la naturaleza. Con razón temía que su trabajo fuera cuestionado, por negar que la ética y la moral pudieran tener su fundamento en la propia naturaleza. Sin embargo, la reflexión filosófica anterior establecía el comportamiento ético como inherente al propio ser humano, y había fundamentado principios como que el ser humano es un fin y no puede ser tomado exclusivamente como medio (Kant). Pero, en efecto, poco después de la muerte de Darwin su primo Francis Galton formuló la eugenesia como un objetivo fundamental para gestionar la genética de los humanos, por decisión del poder, en función de criterios que supuestamente podía proporcionar el conocimiento biológico.

Tras muchas décadas surgió (1970) la bioética, como conjunto de principios orientadores de la conducta humana en relación con todos los seres vivos, especialmente el hombre mismo. Era además una reacción frente a abusos muy conocidos. La dignidad humana impregna todos los textos bioéticos declarativos y normativos, desde los formulados por la Asociación Médica Mundial hasta el Convenio de Oviedo (sobre derechos humanos y la biomedicina).

Pero, la dignidad humana como valor viene siendo cuestionada, por ejemplo al limitar su aplicación en los inicios y en el final de la vida, o en circunstancias limitantes de las capacidades da cada cual. Como señala la profesora británica Sarah Franklin la bioética ha dejado de ser un baluarte para transitar desde los principios a la acción. Por el contrario, la aportación de bioeticistas y filósofos se traslada a un debate pragmático basado en multiplicidad de conocimientos y visiones. Se pretende que las propias leyes sean las que consagran la moralidad. Confrontamos muchos dilemas en la actualidad, desde el aprendizaje de las máquinas como gestión, hasta la eutanasia. La propuesta de la dignidad humana como valor sigue siendo fundamental para el futuro del hombre, aunque la sociedad actual admita sólo una postura neutral.

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