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Convivencia

Zapatero, yacimiento de revelaciones políticas, ya le ha dicho a las víctimas de ETA que pasen de «la coexistencia pacífica a la convivencia» con sus asesinos. A convivir, en resumen, que ya es hora.

Esto recuerda a una película de Imanol Uribe, ‘Lejos del mar’ (2015), en la que una chica (Elena Anaya) busca vengarse del etarra que asesinó a su padre, pero lo encuentra y acaba con él en la cama (con el etarra, interpretado por Eduard Fernández). Esto podría actualizarse y no sería de extrañar que la ficción o la realidad inducida presupuestariamente nos mostraran a hombres manteniendo relaciones sodomíticas con los asesinos de sus padres, madres o hermanas, porque una vez que te pones a convivir, te

 pones con todas las consecuencias (normalizar la sodomía y normalizar las ideas de ETA son los dos grandes logros culturales y políticos del PSOE, y esto sería como un apogeo).

También sería comprensible que los etarras y sus herederos, que se han jugado el tipo agitando el árbol, quieran sentarse en la mesa corrupta del reparto. ¿O es que en las eléctricas solo van a estar los del PNV?

La ‘convivencia’ de Zapatero (que es mucha conllevancia) es la ‘paz’ oficial vasca y Casado, en Madrid, ya anda proponiendo una Ley de ‘concordia’, reajuste en el tablero del consenso, que debe entenderse no solo como reparto sino también como club, con el derecho de admisión reservado.

Sería la tercera fase de algo que describió bien López Aranguren donde las élites, años ha: «No sé si se ha caído en la cuenta de que el actual régimen de consenso está cumpliendo, después de implantada la predemocracia -a la democracia ¿cuándo llegaremos?- una función semejante a la que el régimen de pacto (de San Sebastián) cumplió antes de implantada la República de 1931; que esa función consiste y consistió en definir cuáles son los partidos con derecho a gobernar, aquellos a quienes se otorgan credenciales, republicanas entonces, democráticas ahora (…) y en definir, asimismo, quiénes son aquellos que, por la izquierda y, sobre todo, por la derecha, quedan excluidos».

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