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Spain

Crimen de Meco: Sergio «odiaba» a Mimi, su excompañera de casa

La vida en el chalé de Villanueva de la Torre, en el límite de Guadalajara con Madrid, no era tan buena como parecía. Míriam Vallejo, de 25 años, y Sergio Sáez Medina, de 29, no llevaban una buena convivencia desde que se mudaron junto a la novia de él, Celia R. S., de 31, unos meses antes del crimen.

Fuentes del caso hablan del «gran odio» que el sospechoso sentía sobre «Mimi», como conocían a la víctima, como el móvil que, presuntamente, le llevó a clavarle 24 veces un cuchillo con tanta saña, que el filo se quedó incrustado en el cráneo de la muchacha. Se descarta, en principio, el móvil sexual o sentimental. No mantenían ni habían mantenido nunca ningún tipo de relación íntima. Todo lo contrario, había anidado en él una animadversión que ya se había manifestado en algunas discusiones. Quizá, indican nuestras fuentes, en forma de celos, por la excelente amistad entre Mimi y Celia.

Está previsto que el sujeto pase hoy a disposición judicial, exprimiendo así el plazo máximo legal de 72 horas, con ánimo de que las pruebas contra él le hagan derrumbarse y confesar la atrocidad de la que le acusan.

Los agentes de Homicidio y Criminalística llegaron el martes pasado, con la orden de la juez de Alcalá de Henares que instruye el caso, a eso de las siete de la mañana a la vivienda de los padres de Sergio, en una urbanización de chalés anejos de Azuqueca de Henares (Guadalajara). Allí había regresado tras acabar su relación con Celia un tiempo después del crimen, cometido a mediados de enero.

Cortaron un tramo de la calle, hasta el punto de que algunos vecinos creían que habían robado en la casa. «Yo le veía de vez en cuando por aquí, pero apenas cruzaba un hola y un adiós», explicaba ayer a ABC uno de los residentes del barrio. Durante cuatro horas, los investigadores registraron la vivienda, y ahora analizan el material informático, el teléfono y un cuchillo que utilizaba cuando salía de pesca para encontrar más pruebas contra él. También utilizaron perros en búsqueda de la ropa que llevó aquel día y que podía contener aún trazas de sangre pese a haber sido lavada.

La carga contra Sergio, insisten los investigadores, está apuntalada, por eso se han tomado tiempo para arrestarle. Ya en una primera declaración, al principio del caso, afirmó que se encontraba jugando en línea con su Play Station en el momento en que Míriam dijo que salía a sacar a los cuatro perros que criaban entre ella y Celia. Siempre se pensó que el criminal era alguien del entorno cercano de la muchacha: porque los canes no ladraron durante el ataque (no en vano, vivían con el supuesto asesino) y por la vesania con la que actuaron contra ella. Despistó en un primer momento que no la agredieran sexualmente.

Como ha venido informando este periódico,se rastrearon las redes sociales y de contactosque, como tantos jóvenes, utilizaba Míriam, en especial Tinder y Lovoo. Se hallaron 300 interacciones (que no charlas ni citas) en su perfil y se dio con medio centenar de estos hombres, a los que se interrogó y tomaron pruebas del ADN hallado en las uñas de Mimi. Había arañado a su asesino en su defensa por evitar que la mataran. Pero no hubo coincidencias.

La hipótesis de Sergio, a quien según lo que arguya su abogado en su defensa pueden practicarle un informe psiquiátrico, siempre estaba ahí. El ADN era suyo y se supo que permaneció en línea entre las 20.40 y 20.50 de la noche de autos, pero no se registró acción alguna en el juego. Utilizó esos diez minutos para matarla y regresar a casa.

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