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De cómo el huracán Katrina llegó hasta el 'tesoro' de la UGR en Cartuja

A finales de agosto de 2005 el huracán Katrina asoló Nueva Orleans. Aquello fue un infierno que dejó tras de sí toneladas de escombros. Toneladas de madera, material constructivo muy empleado en Estados Unidos. Entre los edificios que sucumbieron por la fuerza de los vientos hubo una fábrica de coches. Las vigas que en su momento sostuvieron aquella factoría hoy forman parte del armazón que mantiene una de las joyas patrimoniales de la Universidad de Granada, lo que equivale a decir de la ciudad. Lo explica el arquitecto que llevó a cabo la rehabilitación y restauración de la sala Neomudéjar del Colegio Máximo, sede de las facultades de Odontología y Documentación y Comunicación de la Universidad de Granada, Antonio García Bueno. “Para restaurar es obligatorio utilizar maderas de más de cien años”. Cuando se analizó el estado de las cubiertas de la sala se determinó la necesidad de sustituir algunas de las piezas que daban sustento al tejado, en muy mal estado. Tan malo que la sala llegó a estar cerrada por el riesgo de derrumbe.

La actuación se fija dentro del programa que quiere acercar la ciudad a la Cartuja

La madera que se requería para la delicada operación de reparación de la cubierta debía ser centenaria. El espíritu emprendedor y la vocación comercial de los estadounidenses propiciaron que los restos de madera que quedaron tras el Katrina se vendieran tras certificarse que, efectivamente, están en buen estado y tienen más de cien años. El proyecto de rehabilitación de la sala contó con estas maderas, de mobila, que ahora conviven con el pino rojo gallego de la estructura original.

La rehabilitación de estas cubiertas –amenazadas seriamente– vidrieras y demás elementos de la sala Neomudéjar del Colegio Máximo ha sido una de las actuaciones llevadas a cabo por la Universidad de Granada para mantener su ingente patrimonio. Esta intervención –con un coste de algo más de 614.000 euros, que se han llevado a cabo de enero a septiembre de este año y que ha contado con la cofinanciación del Ministerio de Fomento gracias al programa del 1,5% cultural– se une a las reformas de las cubiertas de Derecho y la obra acometida en el palacete que acoge a la Facultad de Traducción e Interpretación.

La sala constituye uno de los elementos más singulares del campus de Cartuja, elemento clave para la Universidad granadina. El edificio del Colegio Máximo, construido en 1894, perteneció a la orden de los jesuitas. Sirvió de seminario hasta la expulsión de la orden con la llegada de la Segunda República. Tras la guerra civil se retomó el uso del inmueble, aunque el descenso de las vocaciones y la necesidad de intervenir propiciaron que en los años 70, con Federico Mayor Zaragoza en el Rectorado, la orden decidiera su venta a la institución académica, que planteó un gran campus de Humanidades en Cartuja como complemento a los edificios universitarios de Fuentenueva. La historia la explica Ricardo Hernández Soriano, responsable del Secretariado de Patrimonio Inmueble del Vicerrectorado de Extensión Universitaria y Patrimonio.

La sala llegó a clausurarse por el riesgo de derrumbe y por las filtraciones

La venta del edificio cuajó y pasó a formar parte de la dotación de inmuebles de la Universidad, que llegó a sopesar la posibilidad de derruirlo. “La sensibilidad era otra”, indica Hernández Soriano. No de derruyó. De hecho, a los diez años se catalogó como Bien de Interés Cultural (BIC). Sí se acometió una reforma que daría a luz aulas y departamentos. Ahora está sobre la mesa un nuevo cambio. El vicerrector de Extensión Universitaria y Patrimonio, Víctor Medina, indica que sobre la mesa está el traslado de las dos facultades –Odontología al PTS y Documentación y Comunicación posiblemente a Aydanamar– y destinar el Colegio Máximo a gran biblioteca del campus de Cartuja. “Esta sala se quería incorporar dentro del programa de actividades” de la Universidad, indica Medina, que también reconoce que la situación de la sala “no era la más adecuada” para ese uso institucional y cultural que ahora se retoma. Medina también suma este proyecto de recuperación al desarrollo de un programa para acercar Cartuja a la ciudad. En este campus se localizan elementos protegidos como la propia capilla, el Alfar Romano y el Monasterio de la Cartuja. En el Albercón del Moro se han hallado restos de un palacete nazarí

La sala Neomudéjar fue capilla mientras la orden de los jesuitas gestionó el centro. Se utilizó para el ritual católico y ahora su destino está vinculado a las necesidades de la Universidad, que estrenó su remodelación con un la presentación de la colección Fieras, de la diseñadora granadina Pilar Dalbat. Se trata de un espacio desacralizado, donde sin embargo permanece la huella de una gran cruz en la pared del altar, sólo perceptible si el observador se fija en la distinta tonalidad del paño: más clara donde estaban el madero vertical y el horizontal. El zócalo aparece decorado con azulejería de inspiración nazarí y también piezas decoradas con el símbolo de la orden, la corona de espinas y los clavos y Ave Marías. Capiteles adornados con conchas y epigrafía mariana escondida en la profusa decoración que imita la yesería de los palacios de la Alhambra. “Se hizo así porque estaba de moda” el movimiento historicista que recuperó elementos nazaríes y mudéjares, explica Hernández Soriano.

La UGR también prevé actuar en el Alfar Romano, Hospital Real y Albercón del Moro

Se ha recuperado el suelo y los cinco escalones daban al altar, que se había igualadado con una tarima, con la que prácticamente también se habían cegado las dos puertas laterales. Se han restaurado las vidrieras, fabricadas en su momento en Barcelona y que ahora han sido reparadas por la empresa Cristalería Puente Verde. “Fue un auténtico puzle”, explica el arquitecto sobre el proceso, Hubo que desmontar cada pieza y volver a montar. “Algunas estaban al revés”, recuerda sobre cómo estaban. Tras montarlas se ha dispuesto un cristal por fuera para protegerlas. en esta intervención también ha impermeabilizado la cubierta, reforzado las vigas que sostienen el techo, cambiado las tejas, limpiado y acondicionado la cámara bajocubierta, resume el arquitecto, que añade la necesidad de intervenir en el resto de cubiertas del edificio.

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