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Dina Bousselham, la alumna de Iglesias cuyas contradicciones lo ponen en apuros

El 1 de noviembre de 2015, Dina Bousselham, marroquí, que tenía entonces 25 años, acudió a hacer unas compras en el Ikea de Alcorcón (Madrid) con su pareja, Ricardo Sa Ferreiera, portugués, politólogo de 33 años, con el que contrajo matrimonio años más tarde. Fue allí donde le robaron el abrigo, en uno de cuyos bolsillos llevaba un móvil de marca Sony Experia.

El sinuoso recorrido de la tarjeta de memoria SD de aquel teléfono, que contenía fotografías íntimas y documentos de Podemos, el partido al que pertenecía Bousselham, y las contradicciones de su dueña en sus declaraciones, en la Audiencia Nacional, ante el juez Manuel García Castellón, colocan ahora en apuros a Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Puede acabar siendo investigado por el Tribunal Supremo por revelación de secretos y daños informáticos.

Aquel robo a las puertas del Ikea cambió la vida de la joven marroquí, hasta entonces una desconocida para el gran público pese a su cercanía con Iglesias. Ese vuelco, hace ya casi cinco años, no fue voluntario, pero Dina Bousselham sí imprimió a su vida otros dos giros deliberados que acabaron involucrándola de lleno en la vida política española.

Dina Bousselham pertenece a esa pequeña elite hispanófona —la gran mayoría es francófona— que anida en el norte Marruecos. Nació en Tánger el 27 de julio de 1990 y se crio en la calle de los Almohades frente a Sidi Hosni, el palacete en el que vivió la excéntrica millonaria estadounidense Barba Hutton, uno de cuyos siete esposos fue el actor Gary Grant.

Como hija de un padre hispanófilo y futbolero, Bousselham acabó el bachillerato en el Instituto Severo Ochoa de Tánger. Con tan solo 18 años se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Complutense donde no tardó en convertirse en la alumna predilecta del profesor Iglesias, que la premió con una matrícula de honor. También conoció allí al entonces amigo inseparable de Iglesias, Iñigo Errejón, enfrascado entonces en su movimiento Juventud Sin Futuro, al que se adhirió.

En Madrid, Dina Bousselham no se conformó con, en paralelo a sus estudios, "respirar a todas horas los aires que emanaban del Bernabéu", según sus propias palabras. Empezó a jugar al fútbol, un deporte mal visto en Marruecos si lo practican las mujeres, aunque el primer campeonato se organizó en 2002. Le dio al balón, primero, en el C.F. Pozuelo y más tarde en el Santa María Caridad. Barajó brevemente dedicarse de lleno al balompié, pero optó finalmente por ser politóloga y zambullirse en la política.

En Madrid o en París, Dina Bousselham no paró de estudiar y de aprender idiomas hasta manejarse en seis lenguas. Se fue de Erasmus a la Universidad Nueva Sorbona y regresó de nuevo a la capital francesa para cursar un máster en el Instituto de Altos Estudios de América Latina. De vuelta a Madrid acumuló diplomaturas en Prevención de Conflictos Internacionales y en Cooperación y Seguridad en el Mediterráneo. Empezó también a preparar un doctorado, sobre la comunidad rifeña en Cataluña, según la prensa marroquí, pero la contrató la consultora Alto Analytics y dejó los libros. Fue también entonces cuando hizo sus primeros pinitos en prensa, escribiendo artículos de opinión en 'Al Qalifa', una revista de estudiantes marroquíes en España, y publicaciones de izquierdas como 'Rebelión' y 'Nueva Tribuna'.

Dina Bousselham no cayó de inmediato bajo la tutela ideológica de Pablo Iglesias. Cuando vivía en París, en 2013, coqueteó aparentemente con la rama en Francia del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado en 2007 por Fouad Ali el Himma, el gran amigo del rey Mohamed VI de Marruecos, para dar un barniz más moderno a la clase política y constituir un dique de contención del islamismo moderado. Con tan solo 22 años fue elegida secretaria general adjunta del PAM, según rezan algunos documentos colgados en Internet.

La joven marroquí llegó a Madrid con 18 años para estudiar políticas y se convirtió en una alumna y colaborada inseparable del líder de Podemos

"No es verdad", insistía en 2015 Dina Bousselham en una conversación con el autor de esta crónica. "Solo los asesoré en la preparación de su primer congreso [en Francia], pero nunca me afilié ni desempeñé cargo alguno", recalcaba. "Ya lo siento, porque sé que hubiese tenido morbo que una joven de izquierdas, vinculada a Podemos, tuviera relación con un partido promonárquico", concluía con ironía. Aunque en la biografía que publiqué quedó extensamente recogido su mentís, a la joven politóloga no le debió gustar que se recordara la existencia de esos documentos del PAM. Reaccionó entonces retirando el saludo al periodista.

Cuando en 2014 fue elegido diputado del Parlamento Europeo, Pablo Iglesias echó mano de la más cosmopolita de sus alumnas de izquierdas. Pese a que carecía de experiencia y tenía solo 24 años, el líder de Podemos la nombró asesora parlamentaria con mando sobre el resto de su pequeño equipo en la Eurocámara. Su tarea consistía en organizarle la agenda, prepararle sus entrevistas y sus intervenciones en comisión o en el pleno.

Bousselham era entonces la más joven de los asistentes parlamentarios de Bruselas y una de las pocas que no poseía la nacionalidad de un país de la Unión Europea. En más de una ocasión se ha quejado de la lentitud con la que se tramitaba su solicitud de obtención de la nacionalidad española. "Venimos a trabajar aquí [en España] y después de una década no se nos da la posibilidad de votar ni de hacer oír nuestra voz en temas que nos afectan de lleno", declaraba al diario digital marroquí 'Yabiladi'.

Si el fútbol femenino no acaba de estar bien visto por buena parte de la sociedad marroquí, un partido como Podemos provoca urticaria a las autoridades de Rabat. Su "pecado" no es ser de izquierdas, sino apoyar al Frente Polisario que reivindica la independencia del Sáhara Occidental controlado por Marruecos. Apenas elegido eurodiputado, Iglesias se fundió de nuevo en un largo abrazo, en noviembre de 2014, con el líder saharaui, Mohamed Abdelaziz, que intervino en la Complutense.

"Pablo no es antimarroquí sino antirrégimen liberticida marroquí", matizaba siempre Bousselham. "¡No es lo mismo!", insistía. Ella tampoco se privó de arremeter en alguna ocasión contra la máxima autoridad de su país. "El problema surge", escribió en un blog en el diario 'Público' comentando un discurso del monarca, "cuando la persona que habla de combatir las desigualdades [Mohamed VI] ocupa el séptimo lugar en la lista de los reyes más ricos del mundo, según 'Forbes'", una revista estadounidense que proporciona estimaciones de las grandes fortunas. La prensa marroquí ha descrito a veces la sorprendente trayectoria de la joven tangerina, pero ha evitado recordar el respaldo de Podemos al Polisario.

De vuelta de Bruselas a Madrid, en el otoño de 2015, Dina Bousselham siguió siempre la estela de su antiguo profesor. Echó una mano en 'La Tuerka', el programa de televisión amateur que nació en la Complutense. Más tarde se hizo cargo del Área de Migraciones del partido en la capital. Aún, hoy en día, es secretaria de comunicación y, como tal, pertenece al Consejo de Coordinación de Podemos que ejecuta las decisiones del Consejo Ciudadano. Su marido es también miembro de Podemos.

Su trabajo más consistente, tras su regreso a España, lo ha conseguido ahora cuando su nombre ha saltado a la palestra a causa de la tarjeta de memoria de su móvil. Iglesias la ha colocado al frente de 'La Última Hora Noticias', el diario digital que fundó en mayo. "Te echaremos mucho de menos en Podemos", escribió Iglesias en las redes sociales despidiéndose de ella. "Dina ha sido siempre un ejemplo de valentía, de compromiso y de trabajo riguroso", añadió. "Estoy convencido de que tú y tu equipo haréis de 'La Última Hora' una referencia informativa", concluyó. Con tan solo un par de meses de existencia, al diario le llueven las querellas, la primera por llamarse como el periódico de mayor difusión en Mallorca.

En sus primeros años de estancia en Madrid, Dina Bousselham era una joven de modales apacibles, voz más bien tenue, risa discreta y que apenas gesticulaba. Hablaba poco, escuchaba mucho, y cuando lo hacía era de forma pausada exponiendo lentamente sus argumentos. ¡Que contraste con el tono vehemente y las soflamas que lanza ahora en los viodeoblogs colgados en 'La Última Hora Noticias'!

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