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Dulce Ángel, la mujer que torturaba a sus víctimas a ritmo de rap

A Dulce Ángel la vida no le iba bien allá por el 2011 cuando vivía en Venezuela. Escribía sin parar al fallecido presidente Hugo Chávez a través de Twitter. "Hola mi Presidente, te amo mucho. Necesito una vivienda. Tengo cuatro hijos"; "Aquí en Maracaibo solo le dan vivienda a los opositores y nosotros que te seguimos, nada": "Te amo Chávez con todo mi corazón, pero dame una vivienda para amarte más". Sus insistentes peticiones no recibieron respuesta: no hubo casa, ni terreno, ni dinero y Dulce Ángel acabó emigrando a España.

En 2019 residía a las afueras de Zaragoza junto a su pareja, pero ni el amor ni el cambio de país le sirvió para enderezar el rumbo de su vida. Al revés, entre los dos idearon un plan para ganar dinero rápido sin tener que madrugar ni cumplir la rutina de un horario. Era simple. Dulce Ángel creó un perfil en una popular red social de citas con un nombre falso, en el que se exhibía en fotos sugerentes y anunciaba que buscaba tener una relación con un hombre. Aunque más viejo que el comer, el cebo funcionó hasta en tres ocasiones con el resultado de dos heridos que escaparon por los pelos y un asesinado. Y porque intervino un equipo mixto de investigadores de la Guardia Civil, formado por agentes de policía judicial de Zaragoza y de la UCO, que de lo contrario el número de víctimas habría aumentado. Sin duda.

"Cuando iba caminando noté como un ruido, una sombra y me giré. Entonces alguien me golpeó en la cabeza con una llave inglesa"

El primero en caer en la trampa se llama Florín. Tras una breve conversación con Dulce Ángel, quedan en verse. Sale del trabajo, se ducha y mientras va conduciendo a la cita recibe el siguiente mensaje: "Ya verás que braguitas sexys me he puesto, te van a encantar". Ella le esperaba en la cuneta de una carretera local a las afueras de la capital maña. "Iba vestida con un pantalón muy corto y ajustado de color rosa. Se le veían un poco las nalgas. En la parte de arriba llevaba puesta una camiseta de tirantes también muy corta que solo le tapaba los pechos. Iba muy sexy vestida". Ella le dirigió a un camino abandonado y le hizo parar el coche. Allí aparecieron dos hombres. "Me sacaron del coche, me arrastraron y me tiraron al suelo. Me ataron de pies y manos con unas bridas y empezaron a golpearme".

"También me dieron varias descargas eléctricas. Recuerdo perfectamente el chisporroteo del aparato. Me pusieron un cuchillo en el cuello para que me quedase quieto y me amenazaron: 'Si no colaboras o nos mientes ya sabes lo que te va a pasar'. Yo empecé a temblar. Me fallaban las fuerzas". Le robaron todo lo que llevaba encima, hasta el coche, y además le sacaron el número de pin de la tarjeta a base de golpes. Cuando lo lograron, sin esperar a comprobar si decía la verdad, lo arrojaron atado en una zona de cañas, cerca de un canal.

Era la primera vez y el 'modus operandi' no lo tenían bien afinado. Con Julián, la segunda víctima, fueron más duros. Contactó con Dulce Ángel por la misma red social y enseguida ella le propuso quedar para conocerse y pasar la noche en un hotel. Julián accedió. Llegó a la cita en tren. Con argucias le condujo a la zona de detrás de la estación. "Cuando iba caminando noté como un ruido, una sombra y me giré. Entonces alguien me golpeó en la cabeza con una llave inglesa. Aturdido comencé a correr. Dulce gritó: 'Mata a ese hijo de puta que se escapa'. Alguien me derribó y comenzamos a luchar en el suelo. Entonces apareció ella con una pistola en la mano, presionó mi cabeza y me dijo: 'Estate quieto o te pego un tiro'. Le creí y me quedé quieto. Luego me ataron de pies y manos".

Desde allí lo trasladaron en coche. La Guardia Civil está convencida que lo introdujeron en una nave industrial que tenían alquilada. Allí pusieron música muy alta para ahogar sus gritos mientras le golpearon con saña y le amenazaban con comenzar a cortarle los dedos si no les daba el pin de las tarjetas de crédito. Al final, tras conseguir su propósito y robarle todo lo que llevaba encima, lo liberaron en mitad de un monte. Como no sería la paliza que cuando los médicos le examinaron encontraron heridas y escoriaciones por medio cuerpo y una pierna partida.

Tras conseguir su propósito y robarle todo lo que llevaba encima, lo liberaron en mitad de un monte

José Antonio Delgado no tuvo tanta suerte. De él no existe testimonio porque lo asesinaron. La autopsia revela que fue torturado con saña durante horas. Probablemente, porque a pesar de la zurra inicial se negó a darles el pin de sus tarjetas de crédito. La multitud de hematomas superficiales, y los tres golpes potentes y muy dolorosos en la cabeza, aunque no mortales, son muestra de ello. También le rompieron las costillas y el bazo a base de patadas. Así, al final, lograron doblegarle y que les revelase los números secretos de las tarjetas. Poco botín para tanta maldad: 1.500 euros y el Mercedes de alta gama en el que llegó a la cita y que vendieron por 10.000 euros a través de internet. Luego, con los bolsillos llenos y el alma vacía, le enterraron en vida.

La Guardia Civil acabó deteniendo a los tres miembros de la banda de Dulce Ángel. Cuando registraron la inhóspita nave en la que torturaron a Julián y a José Antonio, llena de herramientas, repararon en la existencia de un equipo de música y unos potentes altavoces. Le dieron al 'play' y la música comenzó a sonar a todo volumen en el lugar en el que los delincuentes la habían dejado. Tanto que los agentes tenían que chillarse al oído para poderse comunicar: "Cuando crees que tú ganas yo mato a quien sea (…) Abre tus ojos si tú quieres entender. Yo te enseño todo porque tengo el poder. Te llevo a la loma para tirarte en el hueco (…) Caminando por la calle siempre es peligroso, corriendo en el pleito mueren los mocosos". Probablemente esta canción de rap, 'Siempre peligroso' del grupo Cypress Hill, fue la última música que José Antonio escuchó antes de morir.