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El huracán Larkin también arrasa el Palacio

Real Madrid 75 Anadolu Efes 80

El genial base del Efes, con su enésima exhibición (32 puntos), desbarata a un Madrid impotente, que suma su cuarta derrota consecutiva, tercera en Euroliga

Campazzo y Larkin pugnan por el balón. EUROLEAGUE

Hubo una vez un jugador sin antídoto, tan letal que ni enfrentarse a él sobre aviso resulta suficiente. No se recuerda en Europa un dominio individual como el de Shane Larkin, imparable también en el Palacio. Su enésima exhibición propinó la cuarta derrota de carrerilla para un Real Madrid al que enero le ha hecho perder el paso. [75-80: Narración y estadísticas]

Acudía el pequeño diablo tras tres jornadas de maravilla -tres MVP consecutivos, algo inédito- y nadie fue capaz de contenerle, recursos para cada planteamiento defensivo, letal desde el triple y bravísimo en las penetraciones. Acabó con 32 puntos (19 en la segunda parte), casi la mitad que todo su equipo, un Efes que a lomos de Larkin se intuye todopoderoso. Ni todo el ardor blanco ni toda la fuerza de las tribunas fueron suficientes. El líder escapa más fuerte y el grupo de Pablo Laso se hunde un poco más en su propio bache después de perder en casa por primera vez en Euroliga desde mayo, sólo días después de que el Baskonia también tomara el WiZink en ACB.

Parecía que no había nada mejor para romper con la mala inercia que un partido de altos vuelos, de esos que vuelven a disparar las pulsaciones como si un repecho del Mortirolo se tratara. Porque el pregonado Efes ya no es sólo una conjunción de estrellas. Al golpe de talonario y a los destellos de sus indiscutibles talentos, con Larkin a la cabeza, han añadido una entidad de equipo serio -obra de Ergin Ataman- del que nadie se extrañaría que allá por mayo levantara la primera Euroliga de su historia.

Decisivo Pleiss

Como queriendo saltar de la mini crisis a base de corazón, el Madrid puso el ritmo por encima de todo, la hoja de ruta para no caer en los malos recuerdos recientes de este comienzo de año extraño. Amaneció rotundo (14-5) con ese guerrero tan silencioso como efectivo que es Deck de ala-pívot y Carroll, tan de capa caída últimamente, titular. Y ahí vino la primera respuesta del Efes, sin medias tintas pese a lo corto de su rotación sin Micic ni Dunston.

Larkin, como no podía ser de otra forma, como principio y fin de todo lo que sucede en el colectivo de Ataman, aunque sin el punto de egoísmo que suele ser el mal extendido en los de sus especie. El segundo cuarto repitió el guion: apretón blanco, con el ímpetu tradicional de Llull y Rudy y la efectividad de Mickey; y respuesta otomana, sin temblar un ápice, la solidez del líder.

Evidentemente, le hacía falta algo más. Tan simple como reencontrarse con su baloncesto, porque ante un rival así no valen sólo las buenas intenciones. En ese intento, se elevó la intensidad hasta el punto de que la batalla alcanzó niveles desesperados bien pronto. Y, con semejante talento e igualdad sobre el parquet, resultó una delicia, con el Madrid dejándose todo -gran tercer cuarto de Thompkins- para desbaratar el efecto Larkin, un permanente dolor de cabeza que mata al más mínimo despiste y que se plantó en el acto definitivo ya con 21 puntos y cuatro asistencias.

Ahora era el local el que pugnaba por volver y para ello necesitaba sin duda el acierto. Con tres triples, dos consecutivos de Llull, revivió de la máxima otomana (55-64), agarrándose al duelo como sólo sabe el Madrid. Parecía que se venía un desenlace de esos épicos en los que vibra el Palacio, en el que hasta los imposibles suceden.

Pero a un palmo se quedó el Madrid, al que no le basto esta vez la revolución. Cuando más cerca estaba, Pleiss, el otro protagonista del duelo por parte visitante, asestó una dolorosa puñalada, un triple casi al final de la posesión que heló el ambiente, cuando los blancos cabalgaban con el viento a favor de la remontada. Después llegó la puntilla de Larkin, que dejó el WiZink con la sensación de que había pasado un huracán.

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