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Spain

El Sevilla conquista el Villamarín

De Jong marcó el gol del triunfo tras completar un notable partido

De Jong, tras anotar el gol del triunfo en el Villamarín. Raúl Caro EFE

El Sevilla se llevó El Gran Derbi con un fútbol fajador, sin demasiado brillo, con el cuestionado De Jong dándole la razón a su entrenador. Suyo fue el gol de la victoria. [Narración y estadísticas (1-2)]

Los de Lopetegui siempre dejan la puerta entornada. Juegan fluido, tienen gol, aparentan fiereza, pero a poco que el rival gire el pomo y dé un empujoncito, se les cuelan hasta el salón. Pasó en la primera mitad, donde todo se hizo bien, donde propusieron un juego más profundo e incisivo que el Betis, pero que acabó con ajena felicidad.

Marcó pronto Ocampos, aprovechando un blando rechazo de la defensa. Su disparo pasó por debajo del cuerpo de Joel, que pudo hacer más. Eran buenos minutos de los nervionenses, con el discutido De Jong vaciándose en la vanguardia de su equipo, porfiando por el gol, con ansia de balón.

El Betis respondía con timidez, desordenado, volcándose en la banda de Álex Moreno, veloz y con criterio. Por su costado llegó el gol del empate. Tras algunos capotazos del Sevilla, que intentaba frenar el caótico entusiasmo de los de Rubi con una posesión intermitente y trabada, llegó el estallido del Villamarín. Centro del lateral zurdo, Emerson templó el balón de un cabezazo y finalmente Loren, el bendecido, que machacó desde el área pequeña.

Enviones anárquicos

Se preveía igualada la segunda mitad, pero Banega no permitió el diálogo. En el 55, el argentino despedazó la retaguardia bética con un pase milimétrico a De Jong, que no desperdició la oportunidad. El holandés es un picapedrero del área, un goleador desaliñado, pero tiene la confianza de Lopetegui y la virtud de la persistencia, pese a la poca fe que le tiene parte de su afición.

Se embarulló el encuentro, con ataques obstinados del Betis sobre la portería de Vaclik. Enviones anárquicos, poblados, con la atinada presencia de Joaquín, que había salido del banquillo para dar algo de sentido a la marabunta.

Dos posibles penaltis, que Hernández Hernández desestimó, fueron la esperanza de los béticos, que lograron arrinconar a los blanquirrojos en los últimos minutos. Una hostilidad sin premio, un orgullo sin arquitectura, una derrota doméstica que corrobora las dudas sobre Rubi.

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