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Spain

“La crisis política aparece en el peor momento: el BCE pide a los gobiernos de la Unión que actúen para hacer frente a la recesión que se está viendo venir”

Como lo he escrito en estas páginas en el mes de julio, ahora lo diré de otra forma: en el carajal de la formación de gobierno, el político que demostró más sentido común es Alberto Núñez Feijóo. Distante de la ortodoxia dominante en Génova, Feijóo habló esta semana en dos emisoras, Radio Galega y Onda Cero, y lanzó esta reflexión: Pedro Sánchez tendría que haber propuesto al Partido Popular una gran coalición, como se hace en otros países europeos, singularmente Alemania. Cuando es tan difícil una alianza de izquierdas y cuando es imposible la coalición de PSOE y Ciudadanos, que daría una cómoda mayoría absoluta, sorprende que la gran coalición de los dos partidos mayoritarios no haya sido ni contemplada por sus líderes. Quizá no sería factible por la distancia que los separa en la cuestión catalana, pero ni siquiera se intentó. Está claro que no somos Alemania.

Y así nos encontramos con que la única salida del marasmo era el acuerdo Sánchez-Iglesias. La única. Fue sugerido por el propio Sánchez el último día de campaña. Se convirtió en el único objetivo de Iglesias durante estos meses. Fue objeto de ofertas, contraofertas, vaivenes, simulaciones, engaños, desengaños y bastantes mentiras y escenas de pura farsa. Las propuestas de Sánchez o no eran sinceras o chocaron con las ambiciones de Podemos. Las propuestas de Podemos chocaron contra el muro de un Sánchez que no quiere un podemita en el Consejo de Ministros ni disfrazado de hermana de la caridad.

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez (Emilia Gutiérrez)

Y así nos encontramos ahora con que se agotan los plazos, el Rey abre ronda de consultas para encargar la formación de gobierno y puede ocurrir que no haya candidato a quien hacer ese encargo. Salvo milagro, la crisis política se prolonga y se puede decir que es la crisis más inoportuna, la que aparece en el peor momento por dos importantes motivos, al margen de la insurrección que propone Torra contra la sentencia del procés.

El primero es económico, pero asusta, o asusta porque es económico. El Banco Central Europeo pide a los gobiernos de la Unión que actúen para hacer frente a la recesión que se está viendo venir. Salvo que esa recesión retrase su llegada a España, un gobierno débil, en funciones o poco estable no está en condiciones de cumplir el encargo de Draghi ni de acometer ningún tipo de reformas. La recesión del 2008 no se atajó porque el gobierno no la supo ver. La del 2020, que está anunciada, puede no atajarse por falta de gobierno. Sería tremendo.

El segundo es político y también asusta: el vodevil de la formación de gobierno y el miedo a una repetición de resultados está dañando la solidez del sistema. Perjudica a las instituciones. Se mezcla con un clima de crítica a los partidos, visible en Catalunya por los mensajes de la ANC. Y el último barómetro del CIS mostró con crudeza un clima que, si se prolonga, puede afectar a los cimientos de la democracia. Fíjense: la política inspira a un 80% de los españoles desconfianza, tedio, indiferencia o irritación. Sólo a un 20% le sugiere interés o compromiso. Inquietante estado de opinión. Nunca hubo un aprecio social menor.

Retales

Suma. La idea de crear la coalición electoral España Suma tiene riesgos muy serios. Entre otros, que una alianza previa con Vox ahuyente a demasiados votantes. Pero hay una proyección de las pasadas elecciones que apasiona en el PP: si las “tres derechas” hubiesen concurrido en coalición, con los mismos votos tendrían cuarenta escaños más.

Errejón. En el PSOE y Unidas Podemos hacen rogativas para que Íñigo Errejón no consiga estructura para presentarse en toda España. Sólo con que se presente en la Comunidad de Madrid ya les hace mucho daño. Más Madrid tiene un gran tirón electoral. La alianza Carmena-Errejón es una eficacísima fábrica de votos. Y no hicieron más que empezar.

Símbolos. Los que aplaudieron que el himno nacional boicoteara el canto de Els ­segadors no podrán quejarse después si se pita el himno nacional en la Copa del Rey. Y al revés: quienes muestran fruición por los pitidos en la Copa del Rey no pueden quejarse ahora de que se haya intentado boicotear Els segadors.

Una frase. En estos tiempos donde un presidente llama hipócrita a un diputado, donde la lucha por el poder es casi obscena y donde la agresividad es la norma, reconforta escuchar a un político: “me gustaría ser justo con mis adversarios” o “en algún momento habrá que parar la máquina de la carne picada”. Ese político se llama Javier Maroto. Y créanlo: es del Partido Popular

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