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Spain

La victoria de Sánchez le deja en manos del PP

7 min

Un fiasco. Una victoria, sí, pero con tres diputados menos, 120 escaños, aunque con un porcentaje de voto casi igual al alcanzado en las elecciones de abril: unas décimas por encima del 28%. Pedro Sánchez ha ganado las elecciones, pero quedará en manos del PP, el gran beneficiado, junto a Vox, de la repetición de los comicios. Sánchez sólo podrá ser presidente del Gobierno con el voto afirmativo –no sería suficiente la abstención —del partido que lidera Pablo Casado. Y eso siempre que el PP no pida que dé un paso lado y el PSOE apueste por otro candidato.

Resultados de las elecciones con el 94,18% de voto escrutado / EUROPA PRESS

Esa es la realidad que han marcado las nuevas elecciones del 10 de noviembre. La estrategia del máximo asesor de Pedro Sánchez, Iván Redondo, ha fracasado. ¿Tenía otras opciones Sánchez tras los comicios del 28 de abril? Ni Ciudadanos, el más castigado ahora, hasta el punto de que Albert Rivera tendrá casi imposible seguir al frente del partido, ni el PP se prestaron a una abstención. Y tampoco Podemos quiso intentar un pacto a la portuguesa, con un apoyo parlamentario, pero sin entrar en el Gobierno. No pasó nada de todo eso. Y ahora Sánchez tiene 120 escaños, por los 123 de abril, pero con el PP encaramado a los 87 escaños, y con Vox eufórico con 52 diputados.

¿Mirar hacia Pablo Iglesias?

Sánchez tendrá en las próximas horas que tomar muchas decisiones. El PP no puede prestarse a un acuerdo sencillo con los socialistas con Vox en el cogote. Pablo Casado ha repetido en la campaña electoral que un país no se puede quedar sin una alternativa de gobierno. Y un acuerdo con el PSOE, que no pasara, por lo menos, por la dimisión de Sánchez, se hace muy cuesta arriba. Fuentes del PP dibujaban el escenario que se ha producido, y se referían a la figura de la ministra de Economía, Nadia Calviño, --de carácter técnico, y bandera de la ortodoxia económica de la Unión Europea —como posible candidata de consenso.

Eso ahora queda lejos, pero Sánchez deberá tomar nota de ello rápidamente. Las otras alternativas son todavía más complicadas. Podemos, el partido de Pablo Iglesias, obtuvo 35 diputados, un número que podría ser suficiente, para alcanzar una base de 155 diputados, siempre que los partidos independentistas se abstuvieran o votaran a favor, en el caso de ERC, o del PNV, respecto al nacionalismo vasco, que logró siete escaños. La incógnita es que Iglesias, en la misma noche de este domingo, volvió a reclamar la participación en el Ejecutivo, una posibilidad a la que se ha negado de forma reitera Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez y Pablo Casado antes del debate / EFE

Pedro Sánchez y Pablo Casado antes del debate / EFE

El PP, marcado por Vox

Eso supondría volver sobre sus pasos y aceptar algo que le ha señalado una y otra vez el bloque del centro-derecha español. Que Sánchez una su destino a los socios con los que protagonizó la moción de censura contra Mariano Rajoy. Que negocie con Esquerra Republicana, que acepte la entrada de ministros de Podemos, y que resista la presión de la derecha, que quedará marcada por completo por el marcaje férreo de Vox, crecido, y dispuesto a marcar la agenda política en España de la misma forma que lo ha hecho la CUP en Cataluña, que también irrumpe en el Congreso, con dos escaños.

No queda otra. El intento de Sánchez de buscar una más amplia mayoría, para encaramarse a los 140 diputados, y, desde esa posición, obligar al resto de partidos a dejarle gobernar en solitario, se ha esfumado. Sánchez, dispuesto siempre a arriesgar, se ha encontrado con un muro. España es un país hoy pluripartidista, con opciones a izquierda y derecha, con la aparición de una ultraderecha que ha crecido como contrapoder al independentismo catalán. Y el PSOE le ha dado la vuelta al mapa político, tras la moción de censura y es el primer partido, pero con el 28% de los votos. No más. Un porcentaje que no permite gobernar España sin grandes esfuerzos para establecer alianzas y acuerdos.

Rivera, fuera de juego

Para el PP es un excelente resultado para preparar una alternativa sólida al PSOE, pero con el gran problema que supone una ultraderecha que ha crecido hasta los 52 diputados. El fracaso rotundo, que deja al partido en una situación de extrema precariedad, es el de Ciudadanos. Pudo tocar el cielo con los dedos. Sus 57 diputados alcanzados el 28 de abril le hubieran permitido sumar una mayoría con el PSOE de 180 escaños: eso hubiera abierto las puertas para reformas de calado y medidas importantes respecto a la política que seguir en Cataluña.

Pero Rivera no quiso. Se ató al PP y al bloque de derechas, con la ultraderecha de Vox. ¿El resultado? Ciudadanos se queda con 10 escaños, con apenas el 6% de los votos, y sin ningún papel a partir de ahora en la política española. El mismo Rivera apareció ante los medios para anunciar un congreso extraordinario de su partido, en el que pondrá su cargo a disposición. 

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