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Las enfermedades olvidadas se suben al escenario

El escenario es hoy el interior de un tobillo. Dentro, una mujer con un vestido ceñido y pomposo de color rojo sangre habla con un fuerte acento cubano. Presume de su inmunidad y presencia en el mundo hasta que aparece un superhéroe sabelotodo con un prospecto médico como capa y un botón gigante pegado al torso. “Básicamente soy un antibiótico de la familia de los macrólidos. Nosotros lo que hacemos es interferir en el proceso de síntesis de las proteínas que son fundamentales para la ayuda de las bacterias. O sea, tú”, le explica. Ella, sin embargo, le llama pastillita.

La sensual y carismática mujer personifica el pián, una enfermedad crónica y desfigurante que carcome piel y cartílagos y que ataca principalmente a niños entre seis y diez años. Él, la cura: una dosis de azitromicina. “Yo pío, tú pías, yo soy el pián” es una de las ocho obras que presenta la ONG Anesvad en las salas del Microteatro de Madrid hasta el 3 de octubre. La temática son las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETDs) y el objetivo es que para la audiencia dejen de ser invisibles.

“Vamos a donde los caminos ya no llegan”, resume Eduardo Uribe, portavoz de la ONG Anesvad. Esta asociación lleva más de 50 años comprometida con el derecho a la salud pública de las personas más empobrecidas del globo y tratando cerca de 24 dolencias de la piel –como la úlcera de Buruli, el pián, la filariasis linfática o la lepra– catalogadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedades tropicales desatendidas, ya que no reciben recursos suficientes para su cura a pesar de que afectan a una de cada seis personas en el mundo. Aunque la OMS y UNICEF se propusieron acabar con el pián hace más de cincuenta años, aún hay 153 millones de personas que la padecen. Su tratamiento es un antibiótico de apenas un euro. Es decir, con poco más de 150 millones de euros se convertiría en la segunda enfermedad erradicada, después de la viruela. “Es lo que se gasta España en unas elecciones y el año pasado tuvimos tres”, zanja Antonio Ponce, autor, director y azitromicina en la obra, minutos antes de empezar.

Las pequeñas salas del Microteatro también se han adaptado al momento: mascarillas obligatorias, aforos reducidos, revisión de temperatura al entrar, un esterilizador ultravioleta para desinfectar las salas tras cada función y sesiones telemáticas. “Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para ofrecer cultura segura”, explica Verónica Larios, directora gerente del centro. En los cuartos, además, una mampara de metacrilato separa al público de los actores, tan solo físicamente. La interacción sigue siendo marca de la casa. Uribe ocupa una de las butacas del público y ríe algo tímido ante el desparpajo de la actriz. “El arte tiene la capacidad de traducir la ciencia y los palabros más aburridos y pesados. Esa es su magia y por eso conmueve y llega más que muchas de las conferencias que damos”, reconoce.

Al otro lado del metacrilato Ponce continúa: “Ahora con todo esto del covid-19, parece que no pero hay países que...”. “Ay mi amol”, interrumpe ella, “Pero esto es África. Eso no le impolta a nadie”. Silencio. El acento y los chistes ya no hacen tanta gracia. Fuera de escena el autor se muestra satisfecho con el impacto que asegura estar teniendo la obra: “Hemos visto incluso a gente que durante la función googlea el nombre de la enfermedad o que luego salen y nos preguntan si es verdad que el pián se cura con una pastilla de un euro. Que no se haya erradicado aún solo tiene sentido cuando te das cuenta de que los afectados no son europeos”.

Que no se haya erradicado el pián aún solo tiene sentido cuando te das cuenta de que los afectados no son europeos

Las ETDs van mucho más allá de los propios síntomas. A veces es mayor el brutal estigma social que generan en las zonas rurales de África y Asia, donde las úlceras y heridas en la piel son asociadas al mal de ojo o fruto de las maldiciones. En muchas comunidades se recurre a la medicina tradicional, a ungüentos y brebajes para intentar aliviar el malestar. Pero estas prácticas pueden llegar a agravar la situación. Para Uribe, la clave está en la detección precoz y el tratamiento temprano. Es por ello que el foco principal del trabajo de Anesvad es fortalecer la sanidad pública en los rincones del mundo donde es inaccesible.

Una escena de la función 'Enfermeras' en Microteatros de Madrid, este miércoles.
Una escena de la función 'Enfermeras' en Microteatros de Madrid, este miércoles.

La obra Enfermeras es un guiño a ese objetivo. Simula la elección de un avatar antes de empezar un videojuego. Enfermera del antiguo Egipto, enfermera de la primera guerra mundial, enfermera española y enfermera sexy son algunas de las opciones. Guiada por una voz robotizada, la actriz cambia de personalidad según la elegida, envuelta en divertidos clichés y escenas llenas de ternura. Cuando llega a la sanitaria africana la respuesta se clava: “Aquí no tengo recursos para ejercer”. Olivia Lara, de 28 años, que ha seguido entre risas su primera función en un microteatro contiene la respiración. “Me ha partido el corazón. Aunque ahora valoremos más la sanidad pública, hay sitios a los que no llega”.

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