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Los estadios del futuro serán seres vivos

Rentabilidad, sostenibilidad y digitalización son las claves de los nuevos recintos

Maqueta del nuevo Santiago Bernabéu. REAL MADRID

El arquitecto hispano-británico Mark Fenwick, cuyo estudio ganó el concurso de tres de los campos del próximo Mundial de Qatar, en 2022, asegura que los estadios del futuro serán «seres vivos», lugares en permanente actividad, no espacios estancos que únicamente abran los días de partido. En el estadio se presencian encuentros y se celebran conciertos, algo que ya sucede en la actualidad, pero además se alquilan espacios para actividades empresariales, se imparten clases, se compra y se vende, y se establecen relaciones, no únicamente profesionales. No debe ser sólo la casa del club y sus aficionados, sino también una división más de la sociedad propietaria para generar ingresos, con su propia estrategia de explotación y su cuenta de resultados. Son varios los clubes españoles que han empezado a optimizar los espacios disponibles, pero la reconversión exige transformaciones profundas con tres objetivos claros: rentabilidad, digitalización y sostenibilidad.

El estadio del Espanyol, en Cornellà, fue el primero que realizó el estudio Fenwick Iribarren y en el que se preveían nuevos espacios para un área de negocios. La empresa Windoor arrendó 1.500 metros cuadrados, en uno de los goles, para instalar el primer túnel del viento de Barcelona. El club ingresa 300.000 euros anuales durante 15 años, a la vez que atrae a un gran número de visitantes ajenos al fútbol a los que puede fidelizar o convertir en consumidores de su tienda. La instalación habría sido impensable en el viejo estadio de Sarrià, recinto de su propiedad antes de trasladarse temporalmente a jugar en Montjuïc.

Los arquitectos españoles han previsto numerosos espacios para el aprovechamiento de los estadios qataríes durante el Mundial, pero, sobre todo, para cuando el torneo concluya. La gestión del legado es una de las mayores preocupaciones de la FIFA o el Comité Olímpico Internacional, aunque los intereses de Qatar, sin clubes de fútbol de la dimensión y la masa social de los europeos o americanos, son diferentes. La rentabilidad no es su problema. Sin embargo, el estudio Fenwick Iribarren sí ha realizado un proyecto revolucionario para el Mundial con la sostenibilidad como objetivo.

Un recinto desmontable

Se trata de un recinto montable y desmontable hecho con containers de transporte marítimo, que se instalará en la bahía de Doha. Una gran idea para los organizadores de Mundiales o Juegos Olímpicos, pero no para los clubes estables, aunque los recintos construidos por éstos van a tener que cumplir cada vez normas más exigentes en materia de sostenibilidad, en tanto que grandes consumidores de energía en un mundo que lucha contra el cambio climático. El nuevo San Mamés, realizado por el estudio de César Azkárate, fue el primero en recibir la calificación de edificación sostenible LEED por parte de la UEFA. En el futuro será una exigencia.

La organización de un gran campeonato, sin embargo, es una magnífica oportunidad para que los clubes reciban ayudas de los comités organizadores con las que acometer reformas, como sucedió con el Mundial de España, en 1982. De haber ganado las candidaturas a la Eurocopa de 2004, que se celebró en Portugal, o al Mundial 2018, en Rusia, habrían encontrado oportunidades de minorar los costes acometidos posteriormente.

El naming es otra de las vías utilizadas para lograr la financiación necesaria. Fly Emirates pagó el nuevo estadio del Arsenal, que lleva su nombre, y el Madrid cerró un acuerdo con el fondo soberano Ipic, propietario de Cepsa, para sufragar las obras del nuevo Bernabéu a cambio del naming y la explotación de otros espacios que finalmente rompió, lo que ha obligado a los blancos a buscar financiación a largo plazo para acometer las obras, ya iniciadas, que finalizarán en 2022. Para su explotación, el club se dirigió a la empresa estadounidense Legends, especializada en la explotación de recintos como el Yankee Stadium o White Hart Lane, en Londres.

Por último, la nueva explotación no será posible sin una profunda digitalización. Al margen de las exigencias de conectividad de los aficionados para transmitir su experiencia en el estadio, las cámaras de reconocimiento facial o las opciones de comprobar el estacionamiento disponible, el tráfico adyacente o hasta la comida que poder comprar exigirán un ancho de banda mayor. Sin datos no hay seguridad, ni negocio.

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