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Salvaje viaje a la locura del dinero y la avaricia

Una visita arqueológica a Siria que termina años después en un viaje de locura a Las Vegas, la ciudad que nunca duerme, el símbolo del infierno del dinero y la avaricia. Esto es Mammón, una brillante road movie teatral, al más puro estilo tarantino, que navega por las turbias aguas de la corrupción y la ambición, escrita y dirigida por Nao Albet y Marcel Borràs, dos jóvenes artistas catalanes que con este montaje se estrenan en Madrid en los Teatros del Canal. Esta pieza, mezcla de realidad y ficción, que combina el puro teatro con la creación audiovisual y la música rock, está protagonizada por Irene Escolar, Ricardo Gómez, Manel Sans y los propios Albet y Borràs. Mammón, premio de la crítica al mejor texto teatral en 2015, forma parte de la trilogía Todo por el dinero con la que los creadores catalanes retratan, con ironía, imaginación y espectacularidad, la relación de los ciudadanos con el dinero durante la crisis económica. El montaje, que se pudo ver en la sala pequeña del Lliure (Barcelona) hace ya tres años, ha experimentado cambios en el elenco artístico y escénico para su representación en castellano, con el que Albet y Borràs, que con esta función firman su octavo proyecto conjunto, inician gira nacional.

Los personajes de Mammón arrastran tras de sí grandes dosis de desolación y desesperación. Como recién salidos de películas como El gran Lebowski (dirigida por los hermanos Coen) o Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam), chocan ante un mundo de riqueza y de plástico, en un desternillante combate entre el éxito y el fracaso. Todo comienza con una conferencia muy formal, en la que dos actores, Irene Escolar y Ricardo Gomez, explican al auditorio, con ayuda de material fotográfico y audiovisual, su frustración ante la huida y misteriosa desaparición de dos directores, Albet y Borràs, que les habían embarcado en un proyecto teatral. Ahí comienza una remontada hacia atrás, para explicar el porqué de esta función nunca realizada, en la que se van mezclando episodios reales y ficticios y que sumen al espectador en un salvaje viaje de la desolada y destruida Siria al esplendor más artificial de Las Vegas.

Todo comenzó en 2013 cuando, en plena contienda siria, Marcel Borràs (Olot, Gerona, 1989) realizó un viaje profesional con un equipo arqueológico para grabar unos yacimientos en una ciudad cercana a Alepo. La realidad del país explotó delante de sus ojos y le transformó. No solo descubrió el horror, sino que se acercó al mito de Mammón, un dios fenicio del que se cuenta que llegó a un valle lleno de cuevas rebosantes de piedras preciosas, en el que convivían en armonía y felicidad dos familias, ignorantes del valor de tan preciado tesoro. Su descubrimiento acaba con la paz del lugar. “Este relato mitológico nos sirve para abordar la cuestión de la actual Siria, un país inmerso en una de las guerras más crueles de nuestro siglo y reflexionar acerca del poder que tiene el dinero de corromper a la gente”, explica Borrás, que junto a su compañero y amigo de años Nao Albet quieren preservar todos los secretos y sorpresas que aguardan al espectador en esta función, en la que se cuenta la historia alternando flashbacks y filmaciones reales y ficticias en una gran pantalla (de diez metros por seis) con entradas y salidas en directo de los personajes en acción..

Viaje doble entre dos extremos del planeta, Siria y Las Vegas, y también en el tiempo, entre el mito clásico y la actualidad de hoy. “La ciudad de Las Vegas es el lugar en el que el hombre, incluso si ha sido educado en un ambiente de humildad y normalidad, se puede perder más fácilmente en el camino de la corrupción. Ahí el dinero se gasta y se derrocha en tonterías. Los valores a los que apela la ciudad son todos de plástico. Llegamos tocados de los siete días en los que rodamos allí. Tuvimos que hacer una especie de desintoxicación. Es todo muy macabro”, explica Nao Albet, (Barcelona, 1990).

Sin abandonar nunca el juego, que ha marcado la trayectoria profesional de estos dos creadores y en el que se mueven con agilidad, Mammón aporta mayor contenido formal que en anteriores obras y multitud de reflexiones sobre la actualidad, que alcanzan incluso al mundo artístico que ellos tan bien conocen. “Nos miramos a nosotros mismos y nos hacemos la siguiente pregunta: ¿El artista necesita de tantos medios para desarrollarse o quizás estamos corrompidos por esta sociedad del consumo?