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Vocación desde el corazón

La vocación es el propósito o sentido al que hemos sido llamados. Es la fuerza que inspira nuestros sueños y nos lleva a materializarlos. Aunque algunos dicen “no se puede vivir de sueños”, hoy quiero invitarte a que aprendas a vivir de ellos, como cuando éramos niños o niñas.

Para un niño o niña, la imaginación es ilimitada, nace del juego y la creatividad, su sello personal es ser original, no existe ocupación a la que no tenga acceso y su mundo se construye de aventuras, libre de limitaciones, como aquella anécdota en que un padre preguntó a su hijo: ¿Qué quieres ser, de adulto? El niño, de forma espontánea, respondió: “Yo seré…” Sus palabras llenas de fuerza y motivación impactaron al padre, no por la respuesta, sino por la certeza que tenía el niño de ser lo que estaba llamado a ser.

Sin embargo, conforme pasa el tiempo algunos de nosotros perdemos esa certeza y esa chispa. Pareciera que perdemos el rumbo y nuestro sentido de propósito. Para reencontrarlo es necesario volver a conectar con nuestro niño o niña interior. Volver a nuestra esencia, a nuestra vocación.

Por más perdidos que a veces nos sintamos, al vivir desde los ojos de nuestro niño o niña interior podremos recordar que cada día nos ofrece una aventura, que al conectar con los sueños que nacen del corazón podemos explorar nuevas versiones de nosotros mismos y vivir la vocación fuera de nuestra zona de confort. Sé que lo que digo es difícil a veces, pues el mundo laboral nos exige competencias, indicadores, resultados y un trajín en donde la vocación se convierte en rol.

Aunque por momentos es válido ejercer la profesión (que no siempre es lo mismo que la vocación) sin mayor satisfacción, te invito a que conectes con tu corazón para preguntarte, ¿de qué sirve vivir la vocación, si no hay gozo o amor por lo que se hace?

Si bien el mundo de hoy nos empuja, sobre todo a los centuriales, a elegir carreras cortas, fáciles y rentables, estamos llamados a mucho más que eso. Sin amor por lo que hacemos, los frutos del trabajo serán solamente una rutina más en nuestras vidas. Por el contrario, cuando hay amor en lo que hacemos, hay una fuerza inspiradora, un compromiso integrado por esfuerzo y dedicación, que activa la creatividad y nos sostiene más allá de un pago.

Por eso, cuando veo a mi alrededor, noto que, en realidad, no hay “malos profesionales”, sino profesionales que se desconectaron de su vocación, que poseen talento, pero perdieron su pasión. Lo entiendo, porque el camino de la vocación no es un trayecto lineal, sino que presenta diferentes curvas y giros que van marcando el presente y el futuro.

Reconectar con la vocación nos hará aprender para la vida, reconocer que los errores o fracasos también son formas de crecer y de ser personas más sabias. Nos dará la fuerza para vincular nuestro propósito a uno aún más grande, de servicio, con excelencia, con las aptitudes y actitudes para transformar nuestro entorno.

Para aquellos que no se sienten inspirados con lo que hacen, los animo a revivir esa chispa para conectar con su vocación y el propósito de la vida que aspiran vivir. ¿Cuál es ese propósito? Es gozar y vivir con alegría, usando los dones y talentos que tenemos para servir e inspirar.

Si bien no podemos cambiar solos el mundo, sí podemos contribuir a transformarlo y hacer que nuestra huella haga una diferencia. Cada día podemos elegir cómo vivir y cómo impactar. Así que vuelve a ser niño, aprende, experimenta, arriésgate, crea trazos únicos, líneas que nos conecten y recuerdos para compartir. Anímate a vivir hasta reconectar con el propósito por el cual deseas vivir.