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Entrevista a Javier Treviño sobre la aprobación de AMLO reconocida en el mundo entero

Mi amigo Javier Treviño, quien fuera uno de los asesores más importantes de Luis Donaldo Colosio, estudió relaciones internacionales en El Colegio de México y políticas públicas en la Universidad de Harvard. Además de su experiencia académica e internacional, profesionalmente Javier Treviño ha estado en los cuatro lados de la mesa… y en la ya ni tan desconocida quinta dimensión:

Decidí entrevistarlo acerca de la aprobación —una de las mayores en el contexto de los líderes globales— del presidente López Obrador.

En popularidad o aprobación de líderes globales AMLO es el segundo, lo que no está nada mal ni para él ni para México. El Financial Times publicó, en su primera plana, una encuesta de Morning Consult. Esta es la tabla de la aprobación neta de líderes mundiales:

1º Narendra Modi (india): 71%

2º Andrés Manuel López Obrador (México): 65%

3º Mario Draghi (Italia): 58%

4º Angela Merkel (Alemania): 53%

5º Joe Biden (EU): 46%

6º Scott Morrison (Australia): 46%

7º Justin Trudeau (Canadá): 44%

8º Fumio Kishida (Japón): 40%

9º Boris Johnson (Reino Unido): 38%

10º Pedro Sánchez (España): 38%

11º Jae-In Moon (Corea del Sur): 36%

12º Jair Bolsonaro (Brasil): 35%

13º Emmanuel Macron (Francia): 35%

En alguna de nuestras conversaciones —y creo que hasta lo publicaste hace unos cuatro años—, tú me dijiste que los verdaderos pilares del poder presidencial son dos: su reputación profesional y su prestigio público. Entonces, por los resultados de la encuesta que publicó el Financial Times, y a pesar de todas las críticas de sus adversarios, AMLO sin duda va muy bien: es lo que pienso. ¿Estás de acuerdo, Javier?

Federico, En 1997, cuando el PRI perdió por vez primera la mayoría en la Cámara de Diputados, comenzó en México una nueva relación entre los poderes ejecutivo y legislativo, a la cual pronto se sumarían el judicial y otros actores políticos con una creciente capacidad de influencia, como los gobernadores de los estados.

Esta etapa recibiría un nuevo impulso en el 2000, con la llegada del PAN a la presidencia. Desde entonces, el sistema político mexicano estaba en proceso de encontrar nuevos equilibrios. Cuando llega el gobierno de la 4T, en 2018, se inicia una desarticulación total del modelo general de equilibrio político mexicano. Las nuevas relaciones entre los tres poderes, así como con los demás actores políticos, están determinadas por un juego que parecería ser de “suma cero”, en donde lo que gana uno lo pierde el otro.

Quizás esto era inevitable, ante el gran poder que acumuló la presidencia mexicana durante los años en que no existían verdaderos frenos ni contrapesos. En el escenario ideal, las facultades recuperadas por el Congreso y el poder judicial permitirían un verdadero equilibrio, en donde los tres poderes, junto con los gobiernos estatales, estuvieran dedicados a encontrar los mecanismos para compartir el poder y alcanzar los acuerdos que se necesitaban para avanzar.

Respuesta: Sí lo es, Federico. Lamentablemente, la presidencia, de nuevo, ha acumulado excesivamente poder y la nueva relación no ha sido aprovechada por los demás actores. Todos están enfrascados en una lógica de poder por el poder mismo, que no ha derivado en beneficios para el país.

Mientras el cinismo crece entre muchos jugadores, en el exterior existe una percepción cada vez más arraigada de la “disfuncionalidad” que afecta al sistema político mexicano.

Lo que parece no entenderse es que, con cada fracaso en la operación política, lo que se pone en riesgo no es el “legado” de AMLO, sino a la propia institución presidencial.

Ante el aparente fortalecimiento de la aprobación popular del presidente, pero frente a su real debilitamiento por la deficiente gestión y desempeño de su equipo, quizás sería provechoso que los asesores presidenciales se tomaran la molestia de leer a Richard Neustadt, quien publicó, en 1960, una de las obras más influyentes de la ciencia política moderna, El poder presidencial.

Respuesta: Es un destacado politólogo de la Universidad de Harvard, Federico, quien en su libro contradijo la idea generalizada de que la institución presidencial conlleva un gran poder en sí misma. De hecho, Neustadt consideraba que, en una democracia, la presidencia es estructuralmente débil, ya que no tiene la capacidad de impulsar “unilateralmente” cambios en el aparato burocrático. El presidente no es el director de una empresa, ni un general del ejército, cuyas órdenes deben ser obedecidas ciegamente por sus subordinados.

El presidente es un actor más, con un gran poder, pero cuya efectividad depende de la capacidad personal para darle sentido y ejercerlo. Lo que cuenta no es el poder de imponer decisiones, sino el poder de persuadir a los demás actores de que hagan lo que tienen que hacer, no sólo porque es mejor para el país, sino porque así conviene a sus propios intereses.

Respuesta: De eso estoy hablando, sin duda. Para Neustadt, esta capacidad de persuasión del presidente es determinante en un sistema en donde, más que una separación de poderes, hay una separación de instituciones que comparten poder, y se sostiene en tres pilares:

En el caso de México, si bien la presidencia ha perdido algunas facultades a expensas de los otros poderes y actores políticos, su peso sigue siendo enorme. Pero la capacidad de utilizar eficientemente los recursos a su disposición se ha visto afectada gravemente por la falta de un modelo de toma de decisiones, la escasa planeación política y la ausencia de resultados concretos en la formulación e instrumentación de las políticas públicas.

Esto ha hecho que la reputación profesional del titular del ejecutivo haya ido perdiendo terreno entre sus interlocutores internos y externos.

Respuesta: No hay duda de ello. En el caso de AMLO, le queda sólo el tercer factor, el prestigio público, del cual todavía goza, y es lo que se refleja en la encuesta que publica el Financial Times, dado que la mayoría de los mexicanos aún lo consideran como un hombre honrado y bien intencionado.

El fortalecimiento de la institución presidencial no sólo tendría que considerarse como un asunto de Estado, sino de seguridad nacional. Pero el poder presidencial necesita los tres pilares. No basta con uno de ellos.

Respuesta: Estar en contra, Federico, guste o no que así actúe. Tristemente México experimenta un ambiente de confrontación. La división entre los ciudadanos conduce a una división en el gobierno. Entonces, la tarea de gobernar será más difícil. El presidente tendrá que negociar y llegar a compromisos en un ambiente de incertidumbre y miedo. AMLO no va a recibir cooperación ni apoyo del bloque opositor. Al contrario, se va a reconstruir y golpearán al desempeño del gobierno para recuperar espacios.

Respuesta: Te voy a contar dos historias, Federico:

  • Primera. En 1908, Woodrow Wilson, entonces presidente de la Universidad de Princeton, escribió: “El presidente de los Estados Unidos está en libertad, tanto de derecho como de conciencia, para ser tan grande como pueda. Puesto que es también el líder político de la nación, o está en su decisión serlo, la del presidente es la única voz nacional ante un problema. Dejémoslo que gane la admiración y la confianza del país y ninguna otra fuerza podrá superarlo. Ocupa el lugar vital de la acción en el sistema”.
  • Segunda. Cuarenta y cinco años después, Harry Truman comentaba, al dejar la presidencia, que le daba pena pensar en el momento cuando el general Eisenhower llegara a la Oficina Oval y ordenara a sus subordinados, acostumbrado a la disciplina militar: “Haz esto, haz esto otro”. Y nada pasaría. Porque el poder del presidente es el poder de persuadir y convencer a sus colaboradores, no de ordenar.

Con esto quiero ilustrar que el poder de un presidente se ve influido, positiva o negativamente, por diferentes factores; entre ellos se encuentran:

Respuesta: Así es. Un presidente no puede ser tan grande como quisiera a menos que logre sobreponerse a estas restricciones. En esta tarea, debe tener el carácter y la personalidad que se necesiten, el sentido de poder que exige el momento político, una gran confianza en sí mismo, la capacidad para tomar las mejores decisiones y el conocimiento de los detalles de las opciones de política.

El presidente tiene que servir a cinco tipos de clientelas:

Respuesta: Ello forma parte de la compleja tarea de gobernar, Federico. Si bien es cierto que el presidente puede llegar a definir la agenda formal, no puede controlar la generación de opciones de política que se consideran para resolver los problemas y, aunque tome la decisión recomendada, no puede tampoco determinar ni controlar el resultado final durante la instrumentación de la política. Es precisamente aquí cuando el presidente se ve limitado por los procesos y actores.

Si bien es cierto que el presidente López Obrador no será la figura omnipotente que algunos desearían, seguirá contando con una gran capacidad para proponer que ciertos temas y legislación sean considerados. El presidente es uno de los actores que ejerce la mayor influencia en la definición de la agenda gubernamental.