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Historias de lunas de octubre

Un 7 de octubre de 1941, en otro lado del mundo, el gobierno de Moscú ordenaba la evacuación de la ciudad de Orell, ante la llegada inminente de las tropas alemanas y ese mismo día Stalin decretó la libertad religiosa para poder elevar el espíritu de ese pueblo que sería invadido por el ejército alemán. El mismo 7 de octubre de 1941, a la una de la tarde, en el poblado de Nadadores, adentro de una casa blanca, mientras un par de mujeres ayudaban a dar a luz a una madre, Agripina María -quien aún no era bautizada con ese nombre-, entraba al mundo entre manos de comadronas.

En Nadadores, ajeno a la segunda guerra mundial, el maíz sembrado estaba siendo recolectado ese día en el que Agripina nacería como la primera hija del matrimonio de Esperanza Guadalupe Montemayor Vázquez y Juan Antonio Fuentes de la Fuente. Fue ella otro fruto del otoño, un fruto humano que con el tiempo sentiría bajo sus pies el suave marrubio bajo sus pies infantes, ese marrubio que servía a las mujeres del pueblo, para dar como infusión digestiva o tratar quemaduras.

Ella nació a la una de la tarde, y llegó, como su padre le contara más adelante, “en el tren pollero”, ese tren que a la una de la tarde en punto, arribaba de Sierra Mojada, Coahuila. Con esa profusa imaginación que posee, la pienso ficcionando su propia entrega: andaría en una cesta envuelta con telas blancas bordadas sobre un asiento, con un letrero que dijese: “Calle Iturbide, número 8. Nadadores, Coahuila”. Subiría el boletero y no habría nada más que esa cesta en todo el vagón; solo silencio y el sonido de metales que se detienen. El boletero la entregaría al personal de la estación y como es un pueblo pequeño, esa cesta se iría en juveniles manos con voz en cuello gritando: “¡es una niña!”, mientras asomasen caras en ventanas, hasta llegar a la amplia casa blanca, en donde, luego de tocar la puerta, la madre recibiera la cesta. O ¿cuál será la historia que ella ha imaginado desde niña sobre este decir de su padre?

Su primer noche sobre la Tierra, luego de abrirse paso en el cuerpo de su madre, fue iluminada por una Luna todavía robusta, pues apenas el cinco de octubre la Luna se había llenado de luz de sol por completo, así que imagino los maizales sembrados por su padre, plenos del frío fulgor lunar al tiempo que ella dormía en el lecho materno.

El mundo la liberó en esas coordenadas en donde andaría descalza para entrar al hilo de agua que pasaba por allí. Era ya una más de la tribu en ese lugar en donde por las noches, las casas de adobe se iluminaban con quinqués de petróleo o veladoras, donde no había pavimento, donde había muchísimos más árboles que personas.

La imagino creciendo entre luminiscentes veranos nocturnos, atisbando el resplandor que emitían las luciérnagas durante su apareamiento. Asombrados ojos en los jardines, sus dedos por entre las flores de esos tantos jardines familiares, su fina nariz en el sabor de los panes; su cuerpo esperando la salida del cuerpo de su padre del agua, con un pez para la cena .

Ella, que concibió también en octubre, soñó durante su gestación, salir a mirar el cielo nocturno abriendo la puerta para llegar al patio de una casa, y arriba, colgada, estaba la Luna llena. Luego narra, que al salir por el frente de aquella casa soñada, se encontró con otra Luna. Al despertar le parecía extraño que en el cielo estuvieran dos lunas iguales al mismo tiempo. Sin saber -dice-, su cuerpo le avisaba que daría a luz a dos niñas adentro de un solo saco.

Han pasado 82 años desde el nacimiento de Agripina María y ahora, en pleno octubre, sus ojos se posarán en un eclipse anular. Será la Luna la que se atraviese entre la Tierra y el Sol y ella verá -porque eso ha pasado antes-, que por minutos, el clima se registrará más fresco, que esa oscuridad hará que vacas y ovejas regresen a dormitar a sus corrales. Ocurrirá un pedacito de noche en plena mañana en este mes en el que ella vuelve a cumplir años. Será la Luna la que se apropie de una brillante corona solar para entregarla ante sus ojos. Y lejos, también hoy, como hace 82 años, hay guerra en el otro lado del mundo.

El vocablo eclipse proviene del griego ekleipsis, que quiere decir, desaparición.