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Lo que el viento a Juárez

La popularidad de AMLO se mantiene alrededor del 60%. Esto representa en sí mismo un fenómeno político poco visto en México y en el mundo. Luego de un periodo medio de tiempo, la aceptación general de los mandatarios disminuye como resultado natural del desgaste de las acciones de gobierno. Promesas de campaña que por motivos atribuibles o no al presidente no fueron cumplidas, desilusión en torno a las expectativas iniciales o, simplemente, una pérdida de credibilidad del jefe de Estado o de gobierno son las principales causas de la caída de los índices de popularidad de los funcionarios electos alrededor del planeta.

Sin embargo, AMLO es la excepción. No obstante sus fracasos en materia económica, de seguridad, de combate contra la pobreza y el manejo de la pandemia, el presidente mexicano goza de la aprobación de una amplia mayoría de los mexicanos. De acuerdo con Morning Consult, AMLO es el segundo mandatario con mayor nivel de aceptación en el mundo, por detrás únicamente de Modi, el primer ministro indio. Ello sitúa al macuspano por encima de líderes globales como Angela Merkel, Boris Johnson o Emmanuel Macron. ¡Logro extraordinario en medio de una crisis sanitaria! Si bien el coronavirus ha sido causante del descrédito de presidentes y primeros ministros alrededor del mundo, AMLO se mantiene firme en su envidiable 60%.

Otra prueba de esta popularidad inexpugnable fue el evento masivo que tuvo lugar hace unos días en el Zócalo de la Ciudad de México con motivo del tercer año de gobierno. Si bien no faltaron los asistentes “convencidos” de asistir mediante la entrega de despensas y otros enseres, no cabe duda que un importante número acudió por convicción propia y en el ánimo de vitorear al presidente y de expresarle su apoyo incondicional.

La popularidad de AMLO resultaría envidiable para cualquier mandatorio en el mundo. ¿Cómo lo ha logrado? Esta interrogante pone de cabeza a politólogos y analistas. Algunos estiman que, al momento del sondeo, los encuestados consideran su afecto y simpatía hacia el presidente, por encima de cualquier razonamiento en materia de resultados derivados de una exitosa política pública. Otros estiman –me incluyo- que la popularidad del presidente responde a una extraordinaria narrativa, a su presencia constante en los medios, a un gran carisma y a una admirable capacidad de transmitir mensajes bien dirigidos a un electorado que se siente genuinamente representado por AMLO. En otras palabras, su talento político le hace inmune a los fracasos, a las promesas incumplidas o a las crisis sanitarias y de seguridad.

AMLO es un fenómeno político jamás visto antes en nuestro país, o al menos, desde que se realizan ejercicios de medición de popularidad. Como bien reza el refrán mexicano, y que viene bien a AMLO por sus simpatías con el oaxaqueño, los fracasos le hacen “lo que el viento a Juárez”.