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Muñoz Ledo como explicativo (o por qué son como son Ebrard, Monreal y Sheinbaum)

Dependiendo del contexto histórico Porfirio es sinónimo de dictador o de oportunista. Es la verdad.

Voy a repetir, como la recuerdo, cierta anécdota contada por Porfirio Muñoz Ledo en 2007; lo hizo afuera de la oficina del entonces presidente legítimo Andrés Manuel López Obrador.

Varias personas escuchamos a Muñoz Ledo narrar con bastante gracia el encuentro que había sostenido con el, en ese tiempo, gobernante de Perú, Alan García.

Se habían encontrado en alguna importante reunión en París o en algún lugar así de sofisticado. Porfirio se presentó: “Mucho gusto, soy Porfirio Muñoz Ledo”. El otro respondió al saludo con amabilidad y demostrando conocimiento de la historia de México: “Encantado… es usted tocayo de un conocido dictador mexicano, Porfirio Díaz”. Muñoz Ledo no se dejó: “Y usted es tocayo de un conocido dictador peruano… Alán García”.

Ha sido tan importante la trayectoria de Muñoz Ledo que ha agregado otro sinónimo a Porfirio, palabra que en política ya no solo significa dictador, sino ahora también oportunista.

El oportunismo es un feo vicio de la política en todo el mundo. El Diccionario panhispánico de dudas elimina, precisamente, cualquier duda al respecto:

Oportunismo. ‘Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones’. Se usa sobre todo en el ámbito político y tiene connotaciones negativas.

Debe quedar claro que en otras actividades, como el deporte o los negocios, tal expresión tiene connotaciones positivas. El sentido de la oportunidad es fundamental para un goleador —goleadora en el futbol femenil— o para cualquier hombre o mujer del sector empresarial.

Hay quienes, en la política, no ven nada indebido en ser oportunistas. Son las personas que han entendido el servicio público como una categoría especial del comercio. Es decir, su modus vivendi es la grilla. Si no grillan, no comen —ni mantienen su nivel de vida, cualquiera hayan alcanzado— porque no saben hacer otra cosa.

Entonces, si un partido con una ideología no cumple sus expectativas, con facilidad y sin remordimientos se cambian a otro con distintos principios. Una frase que NO ES de Groucho Marx define a los oportunistas en la política: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.

No es criticable que Muñoz Ledo ahora sea enemigo de la 4T, de Morena y de AMLO: así es Porfirio, así lo aceptó Andrés Manuel cuando lo invitó a su movimiento y así morirá. ¿PML ha traicionado al presidente López Obrador al irse a fortalecer al partido de Dante Delgado, Movimiento Ciudadano? Nada de eso. ¿Qué no ha sido leal? En realidad, Muñoz Ledo ha respetado la única lealtad a la que se debe: la misma del alacrán, siempre fiel a sus propia naturaleza.

Andrés Manuel conoce a quienes le rodea. Sabe hasta dónde llegarán en el movimiento político que dio origen a Morena y que aspira a transformar a México basado en unos determinados principios ideológicos.

Por eso el presidente procura retratarse más con Claudia Sheinbaum que con Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal. Lo realizado por Porfirio refuerza sus opiniones sobre las personas que tiene cerca.

La jefa de gobierno es más confiable porque su modus vivendi no ha sido la política, sino la academia. Si ella no logra ir más adelante en su carrera en el sector público, volverá a la UNAM a su trabajo de siempre. Aceptó colaborar con AMLO por compartir principios, y no los cambiará.

Conste, no todas las personas que llegan a la política después de haberse desarrollado en otras actividades lo hacen por convicciones ideológicas. Lilly Tellez, por ejemplo, aceptó ser senadora postulada por un partido, Morena, en el que no creía, solo para abandonarlo en cuanto se presentó la oportunidad.

En fin, lo que me interesaba destacar es que los casos de Ebrard y Monreal son distintos al de Sheinbaum: si López Obrador y Morena se convierten en obstáculos que les impiden dar el siguiente paso en sus trayectorias —la candidatura presidencial—, irán a buscarla a otro partido, el que sea, les da igual.

No digo que una persona con principios sólidos como Sheinbaum necesariamente garantice una mejor presidencia que oportunistas como Ebrard y Monreal. Esto no lo sé. Pero me atrevo a pensar que AMLO está hasta la madre de los oportunistas y, por tal motivo, se deja ver más con Claudia que con Marcelo y Ricardo. Ya lo que pase con la candidatura presidencial de Morena, pues, ni modo, será una decisión de un partido, tristemente, dominado por el oportunismo.

Federico Arreola en Twitter: @FedericoArreola