Mexico

Política y pandemia

• El contacto físico, sin duda, es un problema, aunque haya soluciones relativamente efectivas y sencillas para compensarlo, pero empecemos por otro punto. ¿Cómo ha afectado la crisis del covid las estrategias de campaña? • La cercanía con el poder hace aumentar muy fuertemente la seducción y la capacidad de reclutamiento de los partidos.

13 de Julio de 2020

Por Luis Costa Bonino

El problema que todo el mundo evoca al analizar las campañas electorales en tiempos de pandemia es el de las campañas de tierra, el contacto directo, los puerta a puerta, los mítines, los abrazos. El contacto físico, tan vital para transmitir cercanía, vínculo personal, amistad, afecto, se ha limitado brutalmente y casi nadie sabe cómo hacer campañas en estos tiempos. El contacto físico, sin duda, es un problema, aunque haya soluciones relativamente efectivas y sencillas para compensarlo, pero empecemos por otro punto. ¿Cómo ha afectado la crisis del covid las estrategias de campaña?

La pandemia cambió esa demanda social tan particular que refiere a la vida política, a sus dirigencias, a sus partidos, al gobierno. Napoleón Bonaparte decía que la gente se mueve por el interés personal o por el miedo. En las situaciones electorales más comunes predomina el interés personal. Especialmente en América Latina, la cercanía de una elección es tiempo de búsqueda del interés personal. La gente de menores recursos ve en las campañas una posibilidad de acceder a pequeñas ventajas económicas, de corto plazo, con esperanzas de que, con resultados favorables, haya alguna proyección más duradera.

Los dirigentes políticos conocen muy bien estas expectativas sociales y utilizan los partidos para ofrecer un espacio favorable a la realización de esos intereses. La cercanía con el poder hace aumentar muy fuertemente la seducción y la capacidad de reclutamiento de los partidos. Asumir una identificación partidaria es usualmente una acción bastante segura para maximizar el interés personal de cada uno. Por eso los partidos en el poder, o que transmitan la inminencia de llegar al poder, tienen un «arrastre» positivo de decisión de voto mucho mayor que los que se muestran o se perciben como más débiles.

Esta verdad eterna de la vida política, del acercamiento al calor del poder, cambia abruptamente cuando llega una situación excepcional: la inseguridad, una guerra, una epidemia, que comienza a mover el eje de la sociedad desde el interés personal al miedo.

Cuando se instala el miedo, lo que se busca de la política es protección. El modelo tradicional del político demagogo, que divide y enfrenta a la sociedad, que le dice a la gente solamente lo que la gente quiere oír, que sólo puede dar buenas noticias, que juega con los sentimientos, las esperanzas y la buena fe de la gente, empieza a devaluarse. Cuando la muerte golpea a la puerta, las personas buscan desesperadamente quién las proteja, buscan liderazgos diferentes, liderazgos protectores, responsables, que unan a la sociedad, que digan la verdad, aunque sea la más dura de las verdades, que actúen con eficacia, que manejen con perfección esa crisis que llegó sin aviso, que sean pilotos de tormentas, que pidan acciones y disciplinen a la población, que enfrenten con decisión y firmeza el grave peligro que amenaza a todos.

La pandemia cambia la política y cambia los resultados de las elecciones. Las recientes elecciones municipales francesas cambiaron el paisaje político del país. Perdió el Presidente, hizo una buena elección la izquierda, hubo una marea verde ecologista. Fue la hora de los militantes. No cambió la mentalidad de los electores, los resultados fueron el retrato fiel de la pandemia y la abstención.

En México, en las decisivas elecciones de junio de 2021, el actor político central es la pandemia. La sociedad mexicana sigue dividida y enfrentada. El Presidente, que tenía el monopolio de la popularidad, ve cómo cada día se devalúa su imagen política. No haber alertado a la sociedad del peligro que corría, y no haber manejado responsablemente la crisis, son sus principales pasivos. Aun hoy, el secretario de Salud sostiene que el covid-19 es una enfermedad menos grave que la gripe. Morena, el partido hegemónico de los últimos años, y de irresistible arrastre político en elecciones locales, se mueve en un mar de dudas y de incertidumbres. Ya nadie sabe si este partido será en 2021 clave de éxito o de ruina. Los candidatos locales temen jugar su suerte a un posible desplome de popularidad del Presidente.

2021 será un año de personalización en las campañas. En la oposición, los partidos, hoy bastante desdibujados, y en el oficialismo la creciente incertidumbre, harán que sea una «estrategia refugio», relativamente segura, la personalización de las campañas. Centrar la oferta política de la campaña en el candidato y no en sus respaldos partidarios.

Las dudas, sin embargo, es probable que sean dilucidadas en un plazo más corto del que podría pensarse. La confrontación entre el Presidente y un grupo de gobernadores es portadora de apuestas a todo o nada. La parte ganadora ganará doblemente, quien pierda, perderá casi todo. La distancia que nos separa de las elecciones del 6 de junio de 2021 no se mide en meses, se mide en miedo, en muertes, en indignación, en sentimientos de cercanía o de rechazo. La elección de 2021 se gana o se pierde en lo que queda de este duro año 2020.

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