Aidé perdió a su esposo, su empleo y gran parte de sus posesiones debido la enfermedad de Covid-19.

En entrevista con este diario, relata que su pareja era taxista, por lo que no tenía seguro médico y al presentar los síntomas optaron por llevarlo a un hospital privado, donde estuvo internado por alrededor de 15 días.

Sin embargo, no logró superar el padecimiento y falleció. Pero ahí empezó otro sufrimiento -contó Aidé-, pues para entregarle el cuerpo de su esposo le pedían liquidar la cuenta del nosocomio y en la desesperación por no tener cómo cubrir el monto vendió de todo.

El comedor, la lavadora, el microondas, el estéreo, la sala, su máquina de coser, los anillos de bodas y un poco de dinero que le giró su hermano de Estados Unidos, le permitieron a la mujer saldar su deuda.

A esa pena, se sumó la pérdida de su empleo como trabajadora doméstica, pues las personas con quienes trabajaba decidieron no recibirla más al enterarse que su esposo había fallecido por Covid.

En aras de conservar actividad laboral, incluso les envió fotografías con los resultados de la prueba que ya se realizó en dos ocasiones y salió negativa, pero -cuenta- recibió un no absoluto. Ahora, comenta, sobrevive con la ayuda económica que le dan sus hermanos.

La mujer comentó que además, luego de la muerte de su esposo tuvo que aislarse debido al rechazo de amigos y vecinos, quienes en varias ocasiones han querido sacarla de su departamento; y si coincide con alguno, éstos optan por tomar otro camino y no coincidir con ella.

LEG