Yemen es un país árabe, y de los más pobres del mundo, donde se han perpetrado atrocidades contra la población civil, escenario del peor desastre humanitario causado por el hombre, según el diagnóstico del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Como culpables se ha señalado al propio Gobierno, a los hutíes (un grupo revolucionarios con poder militar), al partido Consejo de Transición del Sur y a los miembros de una coalición liderada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Durante seis años se ha ignorado el derecho internacional, a la vida, la dignidad y a las garantías fundamentales de las personas, sin que haya enjuiciamientos de los culpables. Expertos sostienen que dentro de estos atropellos se incluyen asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, violencia de género, violencia sexual, tratos crueles, reclutamiento y uso de niños en las hostilidades, negación del derecho a un juicio justo y violación de los derechos económicos, sociales y culturales.

A raíz de la Primavera Árabe de 2011, un levantamiento forzó al presidente autoritario del país, Ali Abdullah Saleh a dejar el poder en manos de su vicepresidente, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi. A principios de 2015 los rebeldes tomaron Saná, la capital, forzando a Hadi al exilio.

En marzo de este año, Arabia Saudita y otros ocho países árabes, mayoritariamente sunitas apoyados por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, lanzaron ataques aéreos contra los hutíes con el objetivo de restaurar el Gobierno de Hadi.

Si el caos político no era suficiente, en 2017, un brote de cólera afectó a un millón de personas, de las cuales más de 2 mil murieron, muchos de ellos niños. Fue la epidemia más grande y rápida jamás registrada, su extensión se debió a la destrucción durante la guerra de los sistemas de alcantarillado y saneamiento.

En aras de su sobrevivencia está la ganadería, y hallazgos de petróleo lo convirtieron en Estado productor.

LEG