Uruguay
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Aprender de los errores

La historia de las especies invasoras a los ecosistemas locales es de vieja data.

Los seres humanos a lo largo de la historia han transportado una gran variedad de plantas y animales de un territorio a otro, a veces con el fin de aprovechar algunos beneficios alimentarios u ornamentales, otras para combatir plagas.

Este trasiego deliberado, aparentemente beneficioso, siempre ocasionó impactos ecosistémicos, los cuales según cada caso podríamos definir como de muy bajo impacto hasta con “efectos catastróficos”.

Una especie se define “invasora” cuando es capaz de prosperar en su nuevo hábitat provocando daños, desplazando a otros organismos locales y alterando el equilibrio previo.

Las especies locales que han evolucionado para defenderse de depredadores y de las competencias locales, exhiben una excelente adaptación al entorno; pero esta puede cambiar con la llegada de nuevos organismos, si están mal equipadas para enfrentarlos.

En nuestro país son muchas las plantas y animales invasores que ocasionan serios perjuicios ambientales, económicos y sanitarios. Algunas muy conocidas como la rata, la liebre y el jabalí, otras no tanto como el mejillón dorado, la mosca de los cuernos, la acacia, el ligustro, la zarzamora o la gramilla.

Pero también hay que decir que alguna de las especies nativas uruguayas es en la actualidad un serio proble- ma mundial. Es el caso del camalote (Eichhornia crassipes y Eichhornia azurea). Estas populares plantas acuáticas flotantes, tan comunes en nuestros espejos y cursos de agua, constituyen en la actualidad un problema ambiental en todos los continentes.

Es originaria de América del Sur, formando parte de la flora autóctona de las cuencas del Amazonas, del Orinoco, del Paraná y del Río de la Plata. Su condición de planta flotante le permite una gran dispersión acompañando las corrientes de agua. Recordemos los grandes camalotales que llegan a nuestras costas cuando se producen grandes crecientes en la cuenca del Paraná.

En la actualidad esta planta probablemente sea la especie terrestre invasora exótica más extendida en el planeta.

Su éxito radica en que tiene una asombrosa capacidad de absorber sustancias tóxicas del agua (incluido los excesos de fertilizantes) y de filtrar su contenido, a través de sus abundantes raíces flotantes. Al mismo tiempo resulta una planta de alto valor ornamental (por su color verde intenso y sus hermosas flores violetas) utilizadas para decorar fuentes y lagunas, con una veloz capacidad reproductiva.

En muchos casos se la introdujo buscando muy bien intencionados y notorios beneficios, como lo fue para aprovecharla como “depurador natural” gracias a su eficiente capacidad de purificar aguas eutroficadas -con elevados niveles de materia orgánica, químicos y otros contaminantes.

Lo que no se tuvo en cuenta fue que estas características también le proporcionan una desbordante capacidad invasiva, muy versátil considerando las diferentes condiciones ambientales y climáticas que se dan en buena parte del planeta.

Como suele suceder con las especies invasoras, su eliminación resulta muy difícil y costosa.

Son sabias enseñanzas que no hay que tomar a la ligera.