Uruguay
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La historia de Mesita, de tocar Pappo en un ómnibus a ser uno de los uruguayos más escuchados

Santiago Messano se sienta en un sillón, toma un trago de refresco y se acomoda la ropa. Viste un conjunto de short y campera color mostaza, un reloj dorado, dos brillantes en las orejas y unas botas Nike Jordan negras y relucientes. Charla informal y se ríe, está tranquilo. Tres cámaras lo apuntan, también una luz potente. Pide una toma de prueba para chequear cómo sale. Chequea, se ve bien. Todo parece normal en la rutina previa a una entrevista, pero hace una última solicitud: que no le avisen cuando empiecen a grabar porque le da nervios.

—¿Cómo te vas a poner nervioso si cantas todos los fines de semana ante miles de personas?

—Sí, pero me decís “grabando” y me pongo nervioso. Para hablar, no para cantar. Al show estoy acostumbrado, tocamos todos los fines de semana, uno lo hace por instinto.

Santiago David Messano es Mesita: es artista, tiene 24 años y es de Canelones. Mesita es el segundo artista uruguayo más escuchado en Spotify con más de 3.6 millones de oyentes mensuales y el primero a nivel solista; y es uno de los pocos uruguayos que grabó una session con Bizarrap, un Turreo Session con DJ Tao y una mission con Alan Gómez. Son nombres que pueden sonar desconocidos para quien no esté familiarizado con la música urbana, pero hoy son tres de los productores más relevantes en Argentina.

Mesita tiene dos canciones en el Top 50 de las más escuchadas en Uruguay. Dice que tiene nervios, pero no parece. Dice que tiene instinto, y se nota.

Empezó haciendo trap junto a Peke 77, su “dos” en sus primeras incursiones en la música. También hace RKT, reggaeton, música más comercial y temas más personales. Al principio, realmente no pensaba que iba a ser cantante: tocaba la guitarra y hacía, arriba de un ómnibus, una versión de un tema de Pappo que lo iba a marcar para siempre.

Mesita
Santiago Messano, o sea Mesita.

Foto: Mateo Vázquez

A Santiago Messano le gustaba la música pero tocaba de oído. Aprendió algunos acordes de la guitarra y fue sacando canciones. Un día, un amigo que tocaba en los ómnibus lo invitó a hacer unos temas. Santiago agarró la guitarra y se subió.

“Nunca había hecho nada en público. Íbamos de Solymar a la Intendencia y ahí pegábamos la vuelta”, cuenta. “Un día me acuerdo que había un tipo que iba en el fondo, a veces en el ómnibus no todos te dan bola, ¿no? Veníamos tocando un blues, rocanrol, y venía uno en el fondo de campera de cuero, tomando cerveza, se notaba que le gustaba la onda. Se veía que estaba disfrutando lo que tocábamos y fue la primera vez que vi a alguien pasando bien por la música que estaba haciendo”, recuerda entusiasmado.

Santiago, que aún no era Mesita, vio que en Argentina había una movida de hacer música con computadoras y sintetizadores. “Vimos el movimiento con Duki y otros pibes como yo que por ahí ninguno estudió música pero hacían algo experimental. No era tan diferente a lo que yo hacía con mis amigos”. Compró un controlador MiDi y con internet como aliado empezó a ver tutoriales, leer instrucciones y probar. Junto a Peke 77 grabaron temas, decidieron publicar uno, se bautizó Mesita y empezó su carrera.

Algunas canciones tuvieron repercusión, Peke cobró relevancia y él debió armar un equipo para continuar su propio proyecto. “Yo siempre hacía un poco de todo. No quería ser mánager, productor, no me encontraba con las posiciones que había para ocupar ahí y dije: ‘capaz yo puedo hacer mis propios temas’”, dice Mesita. “Siempre fui de dejarme fluir en la vida, para donde la vida me lleve”.

Así, la vida lo llevó a Buenos Aires y la espera larga en una sala del Puerto lo llevó a Instagram. Y en Instagram estaba Bizarrap.

Bizarrap todavía no era la superestrella de la música que es hoy, pero tenía cierta relevancia en la escena urbana. Ya tenía varias sessions grabadas, un nombre conocido y, justo ese día, la insignia de cuenta verificada en su cuenta de Instagram. Mesita le contestó una historia, el productor le respondió y deslizó la posibilidad de que grabaran juntos. Mesita le mandó una foto del puerto y de ahí nació la session número 12, que hoy tiene más de 50 millones de reproducciones en YouTube.

“Me invitaron a su show en el hipódromo de Palermo y le dije que es una inspiración para todos nosotros. Él es uno de los que marca a esta generación de músicos, artistas, no se qué somos”, afirma.

—¿Por qué dudas en llamarte “músico” o “ artista”?

—Yo no dudo, no sé si la gente más grande que ve esto va a decir “eso no es música”. Siempre está eso, hay un sector de la gente que dice “¿Estos que hacen?, ¿por computadora?’”. Para ellos, del 90 para adelante dejó de existir la música.

—¿Te molesta el estigma que tiene el trap?

—Antes me molestaba, hoy no me molesta porque lo que nosotros hacemos está dirigido a los pibes de nuestra generación. Mientras ellos me entiendan y me apoyen, ya tengo lo que quiero. No me voy a enojar porque una persona más grande, que por ahí no lo entiende, no lo entienda.

—¿Entendés las críticas que dicen que hablan de cosas muy sexuales o hacen apología a las drogas, por ejemplo?

—Me encantaría preguntarle a la persona que dice eso qué música escucha y analizar un par de canciones. El arte es una expresión de lo que pasa en la realidad; siempre hubo muerte, droga, sexo. Capaz antes lo decían con metáforas, la gracia era decirlo en sentido figurado. Hoy, si queremos decir “marihuana” decimos “marihuana” y si queremos decir “culo” decimos “culo”.

Aunque en un momento Mesita duda en llamarse “músico”, no hay dudas de que lo es. Para esta entrevista decidió grabar “Cicatrices”, una canción creada junto a su productor Rodri Molina que tenía guardada en alguna computadora. Invitó a un percusionista y un guitarrista. Les explicó lo que quería. Hicieron un par de pruebas, intercambiaron, grabaron. “No somos de hablar, mami, yo ejecuto”, canta. Le habla a una mujer, pero el verso aplica a su vida.

“¿Hacia dónde voy? Hoy es una música más comercial, para bailarla. Hacia donde voy es a seguir haciendo música toda mi vida”, cuenta. “Me gustaría sacar discos, hacer un Teatro de Verano, un Antel Arena. Me gustaría darle más bola a Uruguay, colaborar con artistas grandes que no sean de mi género y mostrarles lo que puedo hacer. Romper ese estigma. Me gustaría poder hacer un par de jugadas grandes en Uruguay y hacer cosas que queden para la historia”.

Ahora, Mesita sí habla. Habrá que esperar qué sucede cuando ejecute.