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Los cambios que ya trajo Milei

La campaña electoral en Argentina entró en la recta final. Más allá de que todos los astros se van alineando hacia un muy posible triunfo presidencial del candidato “liberal-libertario” Javier Milei, lo cierto es que, desde ya, su gran protagonismo ha empezado a cambiar muchas cosas en su país y seguramente también termine influenciando la política de toda la región.

Para empezar, estamos asistiendo al fin de una época que ha durado, por lo menos, veinte años. Se trata del fin del peso formidable del kirchnerismo en la política argentina. Porque incluso si el candidato Sergio Massa pasara a un balotaje, por ejemplo, lo cierto es que aquellos resultados hegemónicos en los que tanto a nivel provincial como nacional el kirchnerismo ganaba elecciones son cosas del pasado. Lo más probable es que el peronismo, puesto en franca minoría, se reconvierta para proponer nuevos rostros y sectores ante la opinión pública. Pero el kirchnerismo en sí y su hegemonía, se acabaron.

En segundo lugar, los ejes temáticos de la campaña están siendo impuestos por la candidatura de Milei. Se quebró el universo de sentido que por tantos lustros fijó el kirchnerismo. Hoy hay un candidato que se pasea por la provincia de Buenos Aires agitando un dólar gigante y haciendo sonar una motosierra, y es aplaudido y vitoreado por la gente. Un dólar gigante es el símbolo de que todo el aparato económico protegido, distorsionado y generador de una de las inflaciones más altas del mundo y una de las pobrezas más altas de la historia de la Argentina, es rechazado por el pueblo. Y una motosierra prendida es el símbolo de que todo el aparato de clientelismo político y de acomodos y prebendas, con sus planes sociales y sus correas de transmisión de corrupciones gigantescas, debe ser cortado radicalmente para que nazca una nueva Argentina.

En tercer lugar, lo más novedoso de esta gran influencia de Milei es precisamente la generación de una esperanza que implica una nueva forma de ver a la Argentina. Gran potencia mundial en cuarenta años; tierra de trabajo y esfuerzo que permita el ascenso social en base al mérito personal; horizonte de libertades que permita a los que allí viven soñar con un país mejor para sus hijos: todo esto que Milei está proponiendo, y que en su diagnóstico implica terminar con “la casta” que ha desvirtuado a la Argentina, en realidad es una versión para el siglo XXI de lo que fue uno de los imaginarios colectivos más importantes que fundó el desarrollo argentino de finales del siglo XIX.

De ganar Milei habrá consecuencias para el Mercosur y para el alineamiento de Buenos Aires tras Estados Unidos, alejándose así de la fuerte preeminencia que está queriendo ganar Pekín.

La nueva forma de imaginarse a la Argentina venturosa y próspera retoma así con una identidad que está muy en el fondo del alma del país hermano y que fue, por décadas, el motivo por el cual tantos millones de inmigrantes se instalaron allí: la promesa de un futuro mejor sobre la base del esfuerzo y el progreso hechos del trabajo duro y generoso. Se trata de una identidad muy distinta a la que predominó hasta ahora en este siglo XXI, hecha del enfrentamiento de clases, de las limitación y de la desconfianza hacia la iniciativa privada, del odio y del revanchismo instalado en el poder desde una generación peronista- montonera que tomó por asalto el Estado, y de una cultura apuntalada por el kirchnerismo que, mientras que por un lado reivindicaba un nacionalismo histórico revisionista y anti-anglosajón, por otro lado adhería a toda la moda discursiva “woke” proveniente de la expansión de la globalización estadounidense.

Que todo esto ya esté ocurriendo en Argentina es muy importante para la región. No solamente porque de ganar Milei habrá consecuencias para el Mercosur y para el alineamiento de Buenos Aires tras Estados Unidos en la escena mundial -alejándose así de la fuerte preeminencia que está queriendo ganar Pekín en Sudamérica-. Sino porque culturalmente Argentina sigue siendo un país central en la región y de enorme influencia en el resto del cono sur. ¿Acaso, por ejemplo, el Frente Amplio hubiera ido tan lejos en su actitud y evaluación revanchista con relación al período histórico 1963- 1973 sin la influencia de la sintonía cultural y política del otro lado del Plata sobre esos mismos asuntos?

En este sentido entonces, el protagonismo de las ideas de Milei ya está trayendo vientos de cambio: se habla con más naturalidad de favorecer al trabajo y a la inversión privadas, y se critica más abiertamente los excesos burocráticos del Estado. Seguramente todo esto tendrá consecuencias para el contexto de nuestras propias elecciones de 2024.