Uruguay
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Salió de Cuba por una historia de amor con la música y hoy brilla en varias bandas de Uruguay

Mientras canta, cierra los ojos y sonríe, como si la música la transportara a otro lado. Con el micrófono en una mano se mueve lentamente al ritmo de la canción. La voz que se escucha es dulce, pero potente, y trae la misma elegancia y fuerza que el sonido de la trompeta que lleva en la otra mano y al que da vida con el aire de sus pulmones. Se la puede ver así, disfrutando de la música, casi en un trance, durante un toque de Kumbiaracha, de Cumbia Club, de La Candombera, de La Orquesta de las Mil Melodías, de Cubaguay, de Convergencia Trío o de la banda de Chacho Ramos, los muchos grupos que integra.

Hace cinco años radicada en Uruguay, Gleisis Estrada, joven artista cubana, vive entre ensayos. “Necesito días más largos”, dice y se ríe cuando cuenta a El País que le gustaría tener más tiempo para estudiar canto y escribir sus propias canciones. Sin embargo, no se queja: siente haber tenido suerte desde que llegó a Montevideo. Tocó con músicos que considera referentes como Ruben Raday Hugo Fattoruso, y dentro del escenario local encontró un ambiente colaborativo y personas que reconocieron su talento.

“Me siento grata con Uruguay, he vivido con mucha intensidad estos años y pude seguir formándome musicalmente. El año pasado me sumé a La Candombera y ha sido la experiencia musical que más me ha llevado tiempo de estudio, porque el candombe tiene mucho de jazz y pasajes rápidos”, dice. “Ha sido totalmente una escuela”.

Sus comienzos se remontan a Isla de la Juventud, donde fue criada por su madre y por una abuela amorosa que le transmitió su amor por la música desde temprano. La llevó a talleres de baile y clases de guitarra, y a los nueve años la inscribió en la Escuela Vocacional de Arte. Estrada aprobó los primeros exámenes para trompeta y fagot y eligió el primero aunque, hoy lo tiene claro, el amor por el instrumento no fue inmediato. “Al tiempo fue que empecé a agarrarle cariño, a conocerlo un poco más, porque en realidad lo que me gustaba era cantar, pero en aquel momento no había profesor de canto y tuve que elegir un instrumento para ingresar”, recuerda.

Sus comienzos en la Escuela de Música en su Cuba natal.
Sus comienzos en la Escuela de Música en su Cuba natal.

Foto: Cortesía Gleisis Estrada

A los 14 se mudó a La Habana para seguir estudiando, y ahí pudo ver de cerca el mundo de las orquestas y una movida cultural que desconocía hasta entonces. Ingresó a la universidad, estudió la licenciatura en música y tuvo sus primeras experiencias profesionales. Se unió a la banda femenina Las Chicas del Sol y más tarde tocó en orquestas como la de Pedrito Calvo y la Nueva Justicia. En ese momento, su camino se cruzó con el del uruguayo Joaquín Bergamino, percusionista que, al igual que ella, se encontraba en plena formación musical en la capital de la isla. Así, tras cinco años de noviazgo, un amor que nació a través de la música la trajo hasta aquí, cuando Bergamino terminó su formación y decidió volver a su país.

En octubre de 2018, con 21 años, Estrada dejó Cuba por primera vez, y empezó un nuevo camino lejos de casa. “Era la primera vez que viajaba sola, que salía al exterior y tomaba un vuelo largo. Fue todo un acontecimiento para mi familia y para mí, que siempre fui muy tímida y sobreprotegida por mi abuela”.

De Uruguay dice amar “casi” todo, y ese casi se resume al clima. “Estos días grises me tiran para abajo. Es con lo único que no me he adaptado”, comenta mirando por la ventana de una cafetería en Pocitos. Pero, aun con los días grises, con el frío y todas las dificultades que puede conllevar ser una mujer migrante y vivir de la música, siente que ha atravesado acá, en estos años, “la etapa más linda” de su vida.

Actualmente, además de las seis bandas en las que es fija, da clases, actúa como sesionista para varios artistas y hace parte de la banda de La Voz Uruguay (Canal 10). Aunque de momento no le falta actividad, el gusto amargo que le dejó la pandemia —cuando trabajó lejos de lo suyo— sembró el deseo de mantener un empleo en la música, pero en un formato que le permita proyectar y realizar sueños. El más urgente de todos: que su familia la vea arriba de un escenario. “Yo busco ir una vez al año a Cuba. Pero ellas nunca pudieron venir. Y no es lo mismo que yo les cuente que hice un Antel Arena y les mande fotos, como pasó dos veces ya; no van a lograr dimensionar”.

La cantante y trompetista Gleisis Estrada.
La cantante y trompetista Gleisis Estrada.

Foto: Marcos Mezzottoni

Ahora acaba de tener su primera gira por Argentina y la vivió con una felicidad extra: “Siendo cubana necesito visa para ir a todos lados. Me perdí dos giras por eso y realmente me dejó muy mal, lloré un montón. Esta vez costó, pero lo logré”.

La visa exigida a la comunidad cubana, y también el tiempo de residencia requerido para empezar el trámite de ciudadanía, son procesos que, al igual que muchos inmigrantes en Uruguay, Estrada ha vivido desde la angustia. “He sufrido un poco con eso, me parece que podría ser más fácil todo. Para acceder a un llamado, por ejemplo, tengo que tener la ciudadanía legal, que sólo puedo solicitar después de cinco años de residencia y a dos años de tener la credencial cívica”, dice.

Con Cuba, en tanto, mantiene una relación de gratitud, orgullo, y también de pesar. “La última vez que fui me quedé muy triste por todo lo que vi. La pandemia impactó muchísimo. Fue duro dejar a mi familia de nuevo; sin embargo, estoy orgullosa. Es raro, por un lado está esa relación de sentirte triste porque genera mucha impotencia ver que todas tus amistades están esparcidas por el mundo y que una tenga que dejar a su familia, pero por otro, está el orgullo de haber nacido y haberme formado ahí”.

Fue por estos sentimientos de gratitud, orgullo y desarraigo que el 2 de agosto vivió el concierto de la artista cubana Aymée Nuviolaque rindió homenaje a Celia Cruz en la Nelly Goitiño—, como un torbellino de emociones. El público, formado de muchos isleños, agitaba banderas de Cuba y en el aire había euforia y emoción. Lo sintió la gente que asistía, incluida esta cronista, y lo sintió Estrada desde arriba del escenario: “Tenía unos nervios, no sé por qué, pero sentía algo muy raro, me emocioné muchísimo. Pensé en Cuba, en la situación allá, en mi familia”, dice con la voz entrecortada. “Mi país wa hermoso y su cultura lo más grande que hay, pero infelizmente no queda otra que irse para poder escalar más alto. Agradezco mucho porque me dio toda mi formación y de forma gratuita. Además, la trompeta con la que toco actualmente, me la dieron en la escuela de música”, destaca.

Mientras contesta las preguntas de El País y se emociona, la joven cantante y trompetista se prepara para una seguidilla de shows. Se vienen, dice, los días más agitados del año. Todo parece marchar bien y Estrada asiente con una sonrisa cuando se le pregunta si está contenta, aunque a los segundos, la mirada se aleja hacia la ventana y remata: “Lo único que añoro es estar junto a mi madre y mi abuela y que me vean arriba de un escenario. Sería la persona más feliz del mundo”.