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Uruguay

Un horror sin fin

Por Pablo Carrasco, especial para El Observador

Para muchos aspectos de la vida existe una  frase que resume una guía para enfrentar los problemas: “Más vale un final horroroso que un horror sin fin”. Esa no ha sido la máxima seguida por Mauricio Macri en su pasaje por la presidencia de Argentina.

Los mejores presidentes de este continente populista son aquellos que nunca alcanzarán la reelección, debido a que la imprescindible tarea de  “normalizar” la economía es cruel y desgasta y el gobierno, que hace el trabajo sucio que sus antecesores no hicieron,  nunca resultará popular.

Macri quedó a mitad de camino cuando su sensibilidad lo traicionó y terminó pagando en cuotas lo que debía haber pagado contado. Igual que a un hijo sobreprotegido se le hace daño, la gestión económica del presidente ni resolvió los problemas ni dejó a su pueblo conforme.

Dos escenarios se abren de aquí a octubre. El primero es que aquellos que quisieron asustar al gobierno terminen asustados frente a la inminencia de revivir la pesadilla K. La segundo es que los pronósticos de alternancia en el mando se cumplan y compartamos habitación en el sanatorio con un paciente epiléptico.

El segundo es bastante más probable que el primero debido a que, cual profecía autocumplida, los efectos devastadores de un gobierno K comenzaron al otro día de la elección y no esperará al 11 de diciembre cuando Alberto Fernández se coloque la banda presidencial.

Para algunos, el medio vaso lleno consiste en la estampida de empresas agropecuarias hacia nuestro país provocado por un nuevo experimento populista en Argentina. Sin embargo aunque quisiera estar equivocado, esta vez no ocurrirá. 

Este Uruguay no se parece al que teníamos en el primer período de gobierno kichnerista, todos sus motores están apagados. El consumo, la inversión y la exportación se encuentran en modo avión y el contexto regional y global no se parece en nada a aquel mundo en que China crecía a dos dígitos y nuestros vecinos gozaban de la borrachera de los precios de los commodities. Los precios actuales y el costo país hacen difícil encontrar un lugar para instalarse con un negocio rentable.

El torniquete impositivo, burocrático y sindical se ha apretado durante los últimos años al punto que Uruguay ha salido del radar de los inversores, al menos hasta que no se sepa sobre la continuidad de la izquierda en el poder.

Sin este factor funcionando, las consecuencias de la salida de Macri solo reviste aspectos poco auspiciosos para Uruguay. Un turismo que repetirá la temporada del año pasado, una industria dependiente de Argentina y ya exhausta que recibirá el golpe de gracia  y una competencia en los mercados de terceros que será imposible compensar con eficiencia y productividad de nuestra parte.

La izquierda y la economía nunca se llevaron bien, sin embargo hoy con una larguísima experiencia de la humanidad en materia económica se vuelve incomprensible que una nación culta y sufrida dé rienda suelta a su nostalgia de populismos en sus fases de despilfarro y pueda imaginar como repetible el período que se avecina. Los populismos tienen fecha de vencimiento y en particular el socialismo se termina cuando se acaba el dinero de los demás al decir de Margaret Thatcher. Un nuevo período de gobierno de berretines convertidos en derechos no tendrán respaldo económico, financiero o crediticio. Lo del principio, un horror sin fin.

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