Spain

Ábalos y Filemón

Cuando un ministro va a una cita como va un casado a una mancebía es que va a pecar. Cuando, además, abronca a los periodistas que le preguntan por sus vicios nocherniegos y les indica cuáles son las cuestiones que tienen que formularle, entonces es que el pecado que ha cometido no tiene perdón. Porque en política, lo que no se puede saber es lo único que interesa. Y el señor Ábalos ha conseguido que su cita nocturna con lo prohibido le haya dejado una cicatriz mal cosida en la cara. A partir de ahora, cada vez que lo miremos, le veremos el costurón que le hizo la dictadura de Maduro con el mordisco de la clandestinidad. La reunión furtiva