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David Fincher: "Cuando a la gente le das un cuento sin moraleja se confunde y culpa al director"

El director de obras míticas como 'Seven', 'El club de la lucha' o 'Zodiac' regresa al escenario del primer con 'El asesino', un 'thriller' sobre un ejecutor profesional químicamente perfecto

David Fincher: "Cuando a la gente le das un cuento sin moraleja se confunde y culpa al director"
AP/ CHRISTOPHE ENA

El asesino, el último trabajo de David Fincher (Denver, Colorado, 1962), es, ante todo, una película tremendamente moral. Sí, trata de la historia de un muy inmoral asesino a sueldo, pero, sobre todo, reflexiona sobre las consecuencias de los actos, sobre la ética del trabajo, sobre el arrepentimiento por los errores cometidos y, apurando, sobre la precisión con la que el mal, así en general, hace de las suyas. De paso, la película supone el regreso de su autor a la irrenunciable fascinación por el crimen en su más brutal y evidente crudeza.

De la mano de Michael Fassbender, se cuenta la historia de un asesino a sueldo que se ve obligado a intentar paliar los efectos siempre tremendos de una equivocación fatal. Nos recibe en Venecia poco después de la presentación de la película en la Mostra. En el Lido, precisamente, estrenó hace casi 25 años El club de la lucha.

La crítica recibió de manera algo dividida la película de 1999. ¿Cuánto le afecta como autor esa primera reacción?
Le tengo que corregir. No fue un recibimiento dividido. No. Todos odiaron mi película. Y lo entiendo. Primero me acusaron de exhibir la masculinidad tóxica, aunque, la verdad, sigo sin saber muy bien qué es eso. Pero creo que lo relevante es que cuando le pides a la gente que se identifique y empatice con un personaje que va sin guía, que no plantea soluciones articuladas a su frustración y malestar, entonces, se lía. El público, de algún modo, quiere estar siempre orientado, saber que las cosas pasan de un estado a otro, del estado líquido al gaseoso, de manera regulada. Lo que vemos en algunas de mis películas y en El club de la lucha especialmente es a personajes frustrados que solo encuentran alivio en las ideas terribles de otro personaje aún en peor estado. Y ocurre que cuando a la gente le das un cuento sin moraleja se confunde y culpa al director. Ahora bien, si me preguntas si el error fue mío por no dar suficientes pistas, diré que no. Sí di las pistas necesarias. No me molesta que la gente no me escuche, y tampoco me molesta que la gente se ofenda, pero no es justo acusarme de algo que no hice.¿Le duele que se hable de ello todavía?
No, no quiero discutir sobre el pasado. Realmente no me importa. Creo sinceramente que si le dedicas el tiempo suficiente, la película funciona. Pero no soy yo al que le toca juzgarlo.No deja de ser casi un clásico contemporáneo. En lo que respecta a El asesino, el recibimiento parece otro. Me preguntaba si el mantra que se repite el asesino («Mantén el plan. Anticípate, no improvises») es un consejo que se repite David Fincher cuando rueda a sí mismo. De otro modo, ¿tiene algo que ver la profesión de asesino a sueldo con la de director de cine?
Algo hay. En los dos casos se trata de un trabajo meticuloso y que precisa una técnica depurada. Y es cierto que cuando acabas una jornada de trabajo, tienes la sensación de que ya no hay vuelta atrás. Lo hecho hecho está. En el caso de un asesino, si se equivoca va a la cárcel de por vida. Hay una diferencia de grado, pero algo hay ahí y puedes llevar la comparación tan lejos como quieras. De todas formas, mi impresión es que rodar se parece más a una escaramuza militar que a cometer un asesinato. Lo que yo hago tiene menos que ver con Lee Harvey Oswald y más con George Patton.El asesino de su película es un tipo completamente inmoral por razones obvias, pero a la vez defiende una ética del trabajo muy estricta.
Sí y, de alguna manera, es muy aburrido, quién lo diría de un asesino a sueldo. Pero creo que lo relevante tanto para él como para todos nosotros es cuánto de lo que nos decimos a nosotros mismos y en lo que queremos creer es verdad. Él se dice constantemente que no hay que improvisar y que hay que atenerse a un plan, pero a la hora de la verdad no le queda otro remedio que improvisar constantemente. Y un poco eso es lo que nos pasa a todos en la vida. Nos dictamos reglas que somos incapaces de cumplir porque la realidad se encarga de hacerlo todo mucho más complejo e imprevisible. Eso que decía Mike Tyson de que los planes de su adversario duran lo que tarda uno de sus puñetazos en tumbarle, eso es lo que nos pasa a todos constantemente.No es la primera vez que habla de un asesino...
De un asesino a sueldo, sí.Digamos que no es la primera vez que un asesinato preside una película de su filmografía. Se ha dicho que con esta película vuelve a sus esencias. Pero quería preguntarle sobre el hecho mismo de matar. ¿No le parece curioso que el mandamiento cristiano de No matarás ocupe en la lista de 10 una muy discreta posición entre honrar a los padres y no cometer actos impuros?
¡Guau! No lo había pensado. Quiero creer que para una religión organizada es una decisión táctica. De todas formas, no quiero ser original. No sé cuáles son los motivos por los que los crímenes, la violencia o la muerte nos interesan tanto. Habría que preguntárselo a Hitchcock. Imagino que hay algo en nuestra mente. Si te acostumbras a pasar por delante de una casa a una hora determinada del día o de la noche y siempre ves una cosa determinada, en el momento que algo extraño suceda que no se corresponde con lo habitual, siempre es interpretado como algo morboso. Estamos muy alerta a la posibilidad del drama. El ser humano es un vampiro del drama, del morbo, del espectáculo del asesinato... Si alguien vive al fondo de un callejón y las luces de su casa están siempre apagadas, no pensamos que se trata de un ávido lector de libros de ciencia. No, lo primero que se nos viene a la mente es que algo raro está pasando. Como diría la canción de Tom Waits What's He Building in There? (¿Qué se está tramando ahí?). Creo que hay una tendencia en los humanos a atribuir implicaciones siniestras a las cosas porque hace la vida más agradable.
Michael Fassbender en un momento de 'El asesino'.
Michael Fassbender en un momento de 'El asesino'.
Mank, su cinta anterior basada en un guion de su propio padre, era quizá su película más personal, más desesperanzada con su propia profesión...
Todas mis películas son desesperadamente personales y a la vez desesperadamente impersonales. Si pienso en Seven, por ejemplo, claro que era personal. Recuerdo el momento que estaba entonces en mi vida y en las cosas a las que estaba dispuesto a renunciar para hacer que el final de la película funcionara y para el estudio lo aceptara, y todo era una cuestión personal. Y eso es independiente de que nunca haya sido ni investigador ni jamás haya estado es una escuela para policías...Mi idea era preguntarle por la visión tan agria de Hollywood que se desprendía de Mank.
Creo que si hubiera hecho la película con 30 años habría sido incapaz de mirar a Hollywood de una manera tan ácida. Y tampoco habría sido tan honesto como creo que fui. Pero tampoco tengo animadversión a cómo Hollywood canibaliza a los suyos. Tengo amigos que son hijos de actores, directores o productores famosos e increíblemente famosos y su relación con la industria es distinta. Los críticos y los escritores de cine juzgaron que había sacado el hacha contra Hollywood, pero lo único que hice fue contar las implicaciones morales y éticas de tratar con gente como Louis B. Mayer. Si se mira de cerca, no es muy distinto a lo que ocurre con el personaje que contrata al asesino a sueldo en la última película. No es un villano que se mesa el bigote; es simplemente una pieza más de la maquinaria y no es peor que la mujer a la que acude para que le envíen sus 8 millones de dólares a las Islas Caimán.Seven, ya que la ha mencionado antes, pasa por ser la película que cambió las reglas de thriller y House of cards es una propuesta nueva para la televisión. ¿Se siente cómodo con la etiqueta de innovador?
Soy una persona inquieta y curiosa. Todos nosotros somos cuerpos cuyas células cambian completamente cada siete años. No soy de esas personas que ven una montaña y sienten la necesidad de escalarla. Me limito a mirar a mi alrededor y a intentar localizar las historias que merecen ser contadas. Cuando hice La red social, mi intención no fue inaugurar una era de historias basadas en startups, pero ocurrió que después de ella hubo tres o cuatro historias al año sobre lo mismo. Bueno, hay cierto orgullo en ser el precursor de un género, pero nunca pensé cuando hice la película que era pionero de nada, simplemente conté una historia que creía interesante. Para mí era simplemente una historia de amistad que me recordaba a mí mismo cuando era joven intentado hacer las cosas sin el permiso de nadie.Una opinión muy extendida entre cineastas veteranos es verlo todo como una amenaza: las nuevas tecnologías, las plataformas, la Inteligencia Artificial... Me da la impresión que no es su caso que, básicamente, ha probado todo.
Nunca me cuestiono lo que me interesa porque es una puta pérdida de tiempo. ¿Cuál es el proceso de pensamiento que te lleva a hacer o probar algo? No lo sé. Si pensara así, probablemente no saldría de la cama. Mi trabajo consiste en transformar la palabra escrita en imágenes. Y cuando trabajo, mi única pregunta es: «¿Cómo lo hago comprensible y cómo hago para que unos desconocidos lo vean de una manera que quizá no hayan visto antes?». Y ésa es mi responsabilidad. Empieza y acaba ahí...